<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665</id><updated>2012-01-31T10:02:41.079-08:00</updated><category term='Misceláneas'/><category term='Absurdas aventuras cotidianas'/><category term='publicaciones'/><category term='De tíos y galanes'/><category term='poema'/><category term='casa de la lectura'/><category term='De tardes abuelos e infancia'/><category term='Treinta y...'/><category term='Destino'/><category term='Encuentros con personajes'/><title type='text'>Cerditos Malcriados</title><subtitle type='html'>TRAS EL DESEO DE SER MENOS CERDITO Y MENOS MALCRIADO CADA DÍA.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>51</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-1303877687863666351</id><published>2012-01-20T04:19:00.001-08:00</published><updated>2012-01-20T04:19:55.191-08:00</updated><title type='text'>Cerditos en la revista ESE</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-H7gWAn2VL9c/TxlbsV4Z7CI/AAAAAAAAAVQ/kZuj99gPSxg/s1600/Picture%2B1.png" imageanchor="1" style="margin-left:1em; margin-right:1em"&gt;&lt;img border="0" height="243" width="400" src="http://2.bp.blogspot.com/-H7gWAn2VL9c/TxlbsV4Z7CI/AAAAAAAAAVQ/kZuj99gPSxg/s400/Picture%2B1.png" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Agradezco la invitación!&lt;a href="http://www.revista-ese.com.ar/conciencia_de_verduleros.html"&gt;http://www.revista-ese.com.ar/conciencia_de_verduleros.html&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-1303877687863666351?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/1303877687863666351/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=1303877687863666351&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/1303877687863666351'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/1303877687863666351'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2012/01/cerditos-en-la-revista-ese.html' title='Cerditos en la revista ESE'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-H7gWAn2VL9c/TxlbsV4Z7CI/AAAAAAAAAVQ/kZuj99gPSxg/s72-c/Picture%2B1.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-5881679379068090466</id><published>2011-07-20T14:49:00.001-07:00</published><updated>2011-07-20T14:49:52.769-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Absurdas aventuras cotidianas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Destino'/><title type='text'>El destino de un B38</title><content type='html'>Sacarse sangre es un verdadero acto surrealista. Verá usted, a veces es necesario bajar doce o quince escalones hacia el fondo de la tierra mientras se lucha a codo limpio con aquellos que desean llegar primero a que les puncen una vena. &lt;br /&gt;Una vez abajo, encantadores y eléctricos azules nos esperan. Pantallas de párpado abierto en las que uno se desquita metiéndoles un dedo. Y ellas nos escupen con un papel. B38. Por veinte o treinta minutos seré: B38. Miro a mi alrededor con obvias sospechas. ¿Qué significado puede tener esto? ¿Por qué el Universo intenta implicarme con esta designación súbita? Los pensamientos me agitan. La música funcional trata de calmarnos. Pretende nuestro olvido. Avanza sobre nosotros como si lamiera la ansiedad que despierta la escena. Al frente hay formaciones de asientos y asientos y asientos. Hay maridos perdidos y recuperados. Hay calvos estupefactos. Hay señoras con sombreros incomprensiblemente preparados para un ardiente mediodía de sol. &lt;br /&gt;Y están también los cubículos. Alineados cubículos de color blanco. Como si el blanco pudiera quitarles algo de perturbador. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pantallas, números, cubículos. Bisbiseo entre las hileras de asientos. Somos esa gente que espera sentada. Y lo más extraño es que nadie entra en crisis. Nadie llora. Nadie. A lo sumo un hombre con su camisa roja despelleja con delicadeza el barniz de una revista. Y la espera se alimenta. Come nuestros tamborileos de calzado, nuestros resoplidos y en el fondo esas voces que confirman nuestros datos. Edad, DNI, teléfono y más que nada la firma. Aquí el pedido de la firma es algo receloso. Es la prueba de nuestra connivencia. Parece que recién cuando hemos firmado conseguimos el verdadero derecho de estar en este lugar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;TITU, TITU. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sonido es inocente parece el guiño de un pájaro con un solo ojo que de pronto sabe poner un huevo. Pero en realidad son una hilera muy larga de pájaros con un solo ojo que al unísono guiñan y ponen un huevo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;TITU, TITU.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces una puerta se abre y alguien entra apurado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde cierto ángulo se puede ver al habitante del cubículo. Alguien que insiste en distraernos con su delantal blanco de la aguja que lleva en su mano izquierda. Así cada uno de los cubículos se va llenando con una persona que extiende su brazo y otra que mientras succiona una cantidad premeditada de sangre pregunta por el clima. Y todos entran pacíficamente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;TITU, TITU.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es mi turno. Una mujer de blanco me hace pasar a un cubículo blanco. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Arremánguese y cierre el puño por favor –me dice y se da vuelta sin temer ataque o mordida. Gira pequeños rebaños de tubitos transparentes y nuevamente me encara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Le va a apretar un poco el torniquete pero el pinchazo va ver que ni lo siente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debo reconocer que tiene razón. El torniquete hace su trabajo de maravilla. Aprieta fuerte mis sensaciones junto a mis pensamientos y ya no distingo unos de los otros. Ya no recuerdo que el pico de una aguja ha penetrado mi torrente sanguíneo y lo está siendo succionado hacia un esterilizado mundo exterior. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo comprendo de pronto. Es algo que en el sentido convencional no tiene lógica. No recauda palabras y no posee etiquetas. Es un espacio que se abre como un destello. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Éste es el destino de un B38.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-5881679379068090466?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/5881679379068090466/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=5881679379068090466&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/5881679379068090466'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/5881679379068090466'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2011/07/el-destino-de-un-b38.html' title='El destino de un B38'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-589418854565124210</id><published>2011-05-17T10:17:00.000-07:00</published><updated>2011-05-17T10:22:30.123-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Misceláneas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='poema'/><title type='text'>Pregunta:</title><content type='html'>Hay algo que soltar. Los mechones llenando el lavatorio. Un enojo, una tristeza. Desconcierta la nitidez de los azulejos, el primitivo moho, la esponja naranja. Quiero romper con la cabeza lo que sólo puede absorber el corazón. Y mis manos esperan. Ésos asombrosos adminículos elásticos que tengo a mi disposición, esperan. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muevo sus misteriosas falanges y las sombras caminan.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-589418854565124210?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/589418854565124210/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=589418854565124210&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/589418854565124210'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/589418854565124210'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2011/05/pregunta.html' title='Pregunta:'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-2008332290701915247</id><published>2011-03-21T09:18:00.001-07:00</published><updated>2011-03-21T09:19:47.983-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='publicaciones'/><title type='text'>Nueva OBLOGO con cuento de Cerditos</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-BtWP8WtFwWw/TYd6kLqPK-I/AAAAAAAAASU/5ow3zid3iS0/s1600/Picture%2B2.png"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 286px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-BtWP8WtFwWw/TYd6kLqPK-I/AAAAAAAAASU/5ow3zid3iS0/s400/Picture%2B2.png" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5586568624800213986" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-2008332290701915247?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/2008332290701915247/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=2008332290701915247&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' 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alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5529793569015164802" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Se leerán cuentos y poema de Cerditos el viernes 19 a las 19hs en la Casa de la Lectura, Lavalleja 924!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-2344546679464932933?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/2344546679464932933/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=2344546679464932933&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/2344546679464932933'/><link rel='self' type='application/atom+xml' 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width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-2473288096721919514</id><published>2010-09-06T15:26:00.000-07:00</published><updated>2010-09-06T16:18:15.082-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Misceláneas'/><title type='text'>Merrie Melodies II</title><content type='html'>¿Por qué hablar del patio&lt;br /&gt;de las mesas de fórmica &lt;br /&gt;y de las hadas? &lt;br /&gt;¿Qué necesidad hay &lt;br /&gt;de contar otra vez&lt;br /&gt;que el abuelo bailaba con su ceguera&lt;br /&gt;que el verano tenía &lt;br /&gt;tal necesidad de colores &lt;br /&gt;que impuso lamparitas baratas &lt;br /&gt;a sus estrellas?&lt;br /&gt;¿Para qué repetir &lt;br /&gt;que el palo borracho &lt;br /&gt;derramaba las flores de su copa&lt;br /&gt;y manchaba el limpio orgullo &lt;br /&gt;de la Beba?&lt;br /&gt;¿Con qué excusa innecesaria&lt;br /&gt;se desliza el frío en el baño&lt;br /&gt;el golpecito en el pecho muerto&lt;br /&gt;las crías de los gatos &lt;br /&gt;la pierna que falta&lt;br /&gt;y el eco?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todas esas cosas &lt;br /&gt;que el cosmos creó una vez&lt;br /&gt;y que sólo pueden ser vistas &lt;br /&gt;a la luz del primer asombro&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-2473288096721919514?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/2473288096721919514/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=2473288096721919514&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/2473288096721919514'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/2473288096721919514'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2010/09/merrie-melodies-ii.html' title='Merrie Melodies II'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-6925623218572537506</id><published>2010-09-01T10:13:00.001-07:00</published><updated>2010-09-01T10:15:19.878-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Misceláneas'/><title type='text'>Un revolucionario cualquiera en Revista Alrededores</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/TH6J2dnlPPI/AAAAAAAAAQw/HWUAQfzOE10/s1600/Picture+1.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 243px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/TH6J2dnlPPI/AAAAAAAAAQw/HWUAQfzOE10/s400/Picture+1.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5511994562704653554" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://alrededoresweb.com.ar/notas/revolucionario.htm"&gt;http://alrededoresweb.com.ar/notas/revolucionario.htm&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-6925623218572537506?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/6925623218572537506/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=6925623218572537506&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/6925623218572537506'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/6925623218572537506'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2010/09/un-revolucionario-cualquiera-en-revista.html' title='Un revolucionario cualquiera en Revista Alrededores'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/TH6J2dnlPPI/AAAAAAAAAQw/HWUAQfzOE10/s72-c/Picture+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-2381849755676072806</id><published>2010-07-19T11:29:00.000-07:00</published><updated>2010-07-20T05:47:45.992-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Misceláneas'/><title type='text'>Podría preguntarle a Google</title><content type='html'>podría preguntarle a Google &lt;br /&gt;por qué el miedo&lt;br /&gt;por qué el deseo&lt;br /&gt;¿por qué nunca puedo &lt;br /&gt;aceptar lo que hay?&lt;br /&gt;acaso no lleva millones de &lt;br /&gt;evoluciones e involuciones&lt;br /&gt;acaso no tiene como eje&lt;br /&gt;al milagro&lt;br /&gt;¿no hace girar &lt;br /&gt;las órbitas&lt;br /&gt;de universos &lt;br /&gt;de hormigas?&lt;br /&gt;¿acaso no hace &lt;br /&gt;crecer y decrecer&lt;br /&gt;soles?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿no planta dioses y &lt;br /&gt;germina humanos?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-2381849755676072806?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/2381849755676072806/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=2381849755676072806&amp;isPopup=true' title='15 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/2381849755676072806'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/2381849755676072806'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2010/07/podria-preguntarle-google.html' title='Podría preguntarle a Google'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-5188249277278528603</id><published>2010-07-14T17:01:00.001-07:00</published><updated>2010-09-09T20:30:59.791-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Misceláneas'/><title type='text'>Heterodontus</title><content type='html'>Ahora se daba cuenta. Su tacto para los sentimientos era muy grueso. &lt;br /&gt;Pretendía sostener diminutas piezas de emoción entre sus dedos de ogro. Pero, ¿qué podía hacer? Lo había dicho con el contradictorio deseo de no decirlo. Demasiado débil. Demasiado tarde. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El llanto ahogado al otro lado de la línea tampoco era buena señal. Lo ponía inevitablemente cerca. Lo paralizaba. Lo hacía recordar todas las veces que había caído en la misma escena y que no podía evitarlo. “No debo volver a decir Heterodontus”, se dictaba como si alguien más estuviera tomando nota. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero era inútil. “Heterodontus” volvía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera vez se dio cuenta de que había pronunciado “Heterodontus”, porque temblaba de risa. Recordaba que su jefe –primero porque no le costaba nada y en definitiva porque el ridículo le concernía a otro– lo había festejado ampulosamente. Con un guiño de más ¾ de perfil. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el segundo “Heterodontus” ya no tuvo el mismo efecto. La segunda vez se encontraba en un bar. Era primavera y él aún andaba convencido de que además corría con la ventaja irrevocable de ser joven. Miraba por la ventana con la arrogancia de quien ignora que ha soltado un “Heterodontus” en voz alta. &lt;br /&gt;El sifonazo se sintió frío en la espalda e hizo que su sonrisa se encogiera de golpe. &lt;br /&gt;Con toda una tropa de indignación giró y apuntó sus pupilas encendidas a los comensales. Pero todos portaban caras de distraído y un sifón o dos sobre las mesas hacían de la pesquisa una tarea peligrosa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces se había visto involucrado en una serie de hechos incómodos con pasajeros, parientes, consorcistas y amigos; hasta llegar al testigo de Jehová que había intentado romperle un dedo. Sin embargo el verdadero escándalo, el escándalo íntimo, llegó de madrugada. Desnudo frente al espejo, se había sorprendido a sí mismo en un repetir monocorde de “Heterodontus” tras “Heterodontus” tras “Heterodontus”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resolvió a ir al psicoanalista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siete años y seis meses de terapia más tarde, apenas había sido clasificado como neurótico. Ni siquiera alcanzaba el grado de bipolar. Había excavado meticulosamente en los recuerdos de su infancia y podía recitar con soltura la mayor parte de sus traumas. En público, sin repetir y sin soplar, conseguía enumerarlos cronológicamente desde 1982. Además para asegurarse de no dejar rastros de “Heterodontus”, ocupó sin tregua hora tras hora de su agenda. Pero a pesar de las sólidas barreras, cronogramas y reuniones dispuestos a lo largo de los días, algo se filtraba. No podía olvidar el temor a la palabra. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la soledad de su cuarto continuaba siendo esclavo. Prisionero de “Heterodontus”. Un mecanismo que se accionaba tan graciosa e implacablemente como el hipo. No había nada que él pudiera hacer al respecto. Nada. Comenzó a temer los ataques de “Heterodontus”. Se preocupó por imaginar catástrofes panorámicas. Profetizó bancarrotas. Destierros, estampidas y plagas. Pero inesperadamente el indicio de que estaba empeorando lo detonó la pequeña violencia con que servía los fideos. Se le escaparon tres grandes “Heterodontus” y una cacerola rodó por el suelo. &lt;br /&gt;Esa misma tarde las embestidas se hicieron más violentas. Necesitó huir a la carrera de los puños del cuñado y del llanto de su ex.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se daba cuenta ahora. Vagando por la ciudad como un arrepentido sin jinete. Desbocado. Desposeído. Sobre todo impotente. Queriendo darle una paliza a cada una de las letras que accionaba a “Heterodontus”. Anhelando clavarles sus dientes en el lomo. Cazarlas, darles muerte. Se daba cuenta ahora que sonaba su celular. Que el nombre de ella aparecía en la pulcra tipografía sin serif del visor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomando aire destapa el aparato. Su voz se desbarranca en la estampida de salivas que va dejando tras de sí el HETERODONTUS.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-5188249277278528603?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/5188249277278528603/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=5188249277278528603&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/5188249277278528603'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/5188249277278528603'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2010/07/heterodontus.html' title='Heterodontus'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-7681502338543040171</id><published>2010-07-06T12:36:00.000-07:00</published><updated>2010-07-06T12:38:09.090-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='publicaciones'/><title type='text'>Una disertación sobre el galán en OBLOGO 38</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/TDOF_u4hBYI/AAAAAAAAAPE/Wz0X6568L6c/s1600/Picture+3.png"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 278px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/TDOF_u4hBYI/AAAAAAAAAPE/Wz0X6568L6c/s400/Picture+3.png" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5490879700658095490" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-7681502338543040171?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/7681502338543040171/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=7681502338543040171&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/7681502338543040171'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/7681502338543040171'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2010/07/una-disertacion-sobre-el-galan-en.html' title='Una disertación sobre el galán en OBLOGO 38'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/TDOF_u4hBYI/AAAAAAAAAPE/Wz0X6568L6c/s72-c/Picture+3.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-5952118052506811821</id><published>2010-07-06T07:37:00.000-07:00</published><updated>2010-07-06T07:42:34.845-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Misceláneas'/><title type='text'>JAJAIKU PARA LA BEBA</title><content type='html'>La Beba baldea su vereda vainilla &lt;br /&gt;a baldazos &lt;br /&gt;de rojoverde inquisidor&lt;br /&gt;y milagroso azul&lt;br /&gt;Sus huecos blancos &lt;br /&gt;libres de cejas&lt;br /&gt;sueltan la mirada &lt;br /&gt;que corremuerde a maleducados &lt;br /&gt; a caminantes&lt;br /&gt;y destierra sus pasos bien &lt;br /&gt;lejos del cordón&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Beba baldea su vereda vainilla,&lt;br /&gt;la baldea eterna&lt;br /&gt;hasta la calle de mis ojos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-5952118052506811821?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/5952118052506811821/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=5952118052506811821&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/5952118052506811821'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/5952118052506811821'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2010/07/jajaiku-para-la-beba.html' title='JAJAIKU PARA LA BEBA'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-9075610113745584453</id><published>2010-07-01T07:51:00.000-07:00</published><updated>2010-07-01T08:04:03.437-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='publicaciones'/><title type='text'>Cuento en Revista Alrededores</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/TCyuVgtK51I/AAAAAAAAAO8/Ut-jHydgE0k/s1600/2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 211px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/TCyuVgtK51I/AAAAAAAAAO8/Ut-jHydgE0k/s400/2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5488953730437670738" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Es Usted de los que prefieren slip? en &lt;a href="http://alrededoresweb.com.ar/"&gt;http://alrededoresweb.com.ar/&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-9075610113745584453?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/9075610113745584453/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=9075610113745584453&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/9075610113745584453'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/9075610113745584453'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2010/07/cuento-en-revista-alrededores.html' title='Cuento en Revista Alrededores'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/TCyuVgtK51I/AAAAAAAAAO8/Ut-jHydgE0k/s72-c/2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-5764140489059451955</id><published>2010-06-25T14:12:00.000-07:00</published><updated>2010-06-25T14:13:21.558-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='De tíos y galanes'/><title type='text'>Una disertación sobre el galán</title><content type='html'>Hace poco volví a ver “Manhattan” de Woody Allen y me encontré con esa sonrisa tonta que suele acompañar a la ternura y el enamoramiento instantáneos. “Qué raro”, me dije. Había visto muchas veces la escena final donde él se da cuenta de que ama a Tracy (Mariel Hemingway adolescente) y corre por cuadras y cuadras de blanco y negro para declararse. Allí, en el momento en que está frente a ella y frente a nosotros, siempre había visto lo mismo. Siempre había visto a un hombre feo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que fue justamente por eso, por haberla mirado tantas veces, que la última vez me enamoré de Woody. Conocía la escena de memoria. Ya no necesitaba correr atrás de los subtítulos o dar con un singular análisis sobre la neurosis y mucho menos ponerme a enumerar con secreta satisfacción mis infructuosos años de diván. Simplemente había caído en la escena en medio de la soledad y el azar que nos depara el cable a la medianoche. Me había encontrado cara a cara con esos pequeños gestos que se abrían de forma nueva. Una boca moviéndose tenuemente hacia un lado; el inqueto empujón de anteojos; un exabrupto de arrugas en la frente. Cada mohín me pareció hermoso, exquisito. Entonces me di cuenta. ¿Acaso el verdadero galán tiene que ser un hombre exacto y perfecto? ¿Perfecto y exacto según quién?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ésta es la era de la imagen, nadie lo duda. Los carilindos ligeros de cabellera lustrosa abruman por doquier. Algunas series de Sony donde todos los hombres y mujeres parecen androides clonados y apolíneos con dramas del tamaño de su shampoo, por momentos me parecen tenebrosas. Nos han construído –por decreto– una autopista unidireccional hacia la belleza. ¿Es que sólo se admite una única y artificial forma de ser bello? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me indigna que todas las miles y millones de posibilidades caigan en el embudo del estereotipo. Me apena la idea de que nos detengamos en una percepción estrecha de algo que podría ser infinito. Acaso cuando encontramos el encanto donde antes sólo había un lunar dudoso, ¿no nos liberamos un poco? Pero tal vez esto sea algo bueno. Porque tropezarnos constantemente con una tosca e ineludible posibilidad de belleza sólo puede llevarnos al aburrimiento. Y cuando uno está aburrido busca otra cosa. Hace otro tipo de esfuerzo. Sé que en algún momento trataremos de ver la belleza en otras formas, en otros detalles, en otras caras. Y esto hará que nuestra mirada sea más profunda. Más amplia. Nos permitirá refinar las percepciones y los significados. Y donde antes veíamos una sola cosa –un monolito de fealdad o de esplendor–, de pronto podremos encontrar un conjunto de asombros y sutilezas. A la hora del ocaso hallaremos pepitas de oro en una barba, sentiremos el irrefrenable deseo de un beso ante el resbalón en la letra “R”, veremos a alguien misteriosamente sexy cuando baila sobre la arena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y lo lindo de esos descubrimientos es que brotan sin permiso y sin palabras. Llevan el atributo de una cosa muda pero de sabor sonoro. Llegan súbitamente como el agua vertida en las grietas de la tierra dura. El asombro nos inunda y nos ablanda. Y si estamos un poco más abiertos, un poco más ejercitados para eludir certezas, puede que nos encuentre más seguido. Tal vez estaremos echados en el sillón de un living y mientras al final de una larga lista de cosas por las que vale la pena vivir, diremos: “¡la cara de Tracy!” y seremos sorprendidos por el descubrimiento de que efectivamente amamos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O quizás a altas horas de un martes frío y nebuloso, justo en el medio de un zapping indiferente, tendremos la suerte de descubrirnos maravillados ante el sonido de la voz propia que exclama: “¡la cara de Woody!”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=rZb8Ne29ygU"&gt;http://www.youtube.com/watch?v=rZb8Ne29ygU&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-5764140489059451955?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/5764140489059451955/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=5764140489059451955&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/5764140489059451955'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/5764140489059451955'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2010/06/una-disertacion-sobre-el-galan.html' title='Una disertación sobre el galán'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-2066242022986827046</id><published>2010-06-09T19:06:00.000-07:00</published><updated>2010-06-10T10:00:48.548-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Misceláneas'/><title type='text'>Merrie Melodies I</title><content type='html'>&lt;span style="font-style:italic;"&gt;a D.D. que me invitó a verlo&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Una vidriera entre otras llama su atención. Un objeto entre otros atrae su pupila. No sabe por qué pero entra al local y pregunta, “¿puedo verlo?” Un coreano en bambula engarza el trompo entre las uñas. “¡Míra!”, dice con la boca carcomida de entusiasmo y mueve una diminutísima palanca. Sobre el mostrador el trompo expande la gravedad de una galaxia. Un universo girando en círculos de felicidad multicolor. &lt;br /&gt;Para muchos pasará inadvertido, el coreano lo sabe. Sus dedos sueltan la órbita de estrellas que más tarde apagarán, como si fuera un trompo hecho en Taiwán.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-2066242022986827046?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/2066242022986827046/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=2066242022986827046&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/2066242022986827046'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/2066242022986827046'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2010/06/merry-melodies-i.html' title='Merrie Melodies I'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-3954684922427796539</id><published>2010-05-28T13:13:00.000-07:00</published><updated>2010-05-29T09:01:08.329-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Absurdas aventuras cotidianas'/><title type='text'>El ferry</title><content type='html'>La cola para subir al ferry era carnavalesca. Había cejas en alto, bocas hablando por lo bajo, niños, juguetes, valijas y protestas a todo color. Cómplices olfateando más cómplices. Buscando con ojo insistente, mientras vociferaban sus indignaciones y reproches, los asentimientos mudos lanzados alrededor como confeti. La espera me rodeaba con todo tipo de vibraciones nocivas. Todo acrecentado por la nefasta combinación de un espacio reducido y la demora. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de que la fila comenzó a moverse la gente no parecía desear la calma. En este punto se podía ver cómo los individuos se transformaban en horda. Cómo sus deseos se convertían en la ansiedad del conjunto. Del otro lado de los cristales todos empujaban como uno y el intrincado laberinto de postes y cintas nos tragaba en las tinieblas. El free shop era el mismísimo caos que gritaba precios, alzaba perfumes, ponía manos y manos sobre los Toblerone. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces que los gritos comenzaron a escucharse. Los rostros giraron. Un hombre rubicundo y demasiado enorme para ser ignorado iba tornándose rojo. Junto a él una mujer menuda –que más tarde todos recordaríamos como Susana– miraba el piso sin emitir sonido, ni respiración. El tejano (llevaba puesto un buzo con las palabras Houston Dynamo) le repetía mitad en inglés, mitad en castellano, que se comportara. Que éste no era su país. Que debía tener paciencia. Pero parecía hablarle a un ser imaginario que en los vapores de su fantasía se elevaba dos cuerpos arriba de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cómplices no demoraron su trabajo. A mis espaldas conjeturaban sobre el grado de ebriedad del hombre, su estatura, ingresos y otros datos pertinentes. Pero pronto volvieron a los asuntos de la masa y comenzaron una vez más a empujar. Una vez dentro del ferry avanzamos sobre alfombras con dibujos de serpientes estrambóticas. El hall principal del barco parecía crear el efecto de una locura mullida bajo los pies. Nadie podía estar a salvo. Mucho menos el tejano. Caminaba apenas ladeado, como si aún no estuviera listo para reconocer que dentro de él algún mecanismo estaba irremediablemente dañado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abollé mis cosas contra el asiento y abrí un libro. Deseaba leer un poco y olvidarlos a todos sobre este ápice flotante del universo. Pero no había alcanzado a completar el primer párrafo cuando escuché que una mujer de pañuelo en cuello reclamaba a un tripulante: debe hacerse ALGO con ESE hombre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Parece estar muy alcoholizado –dijo tocando la seda de su pañuelo. El rostro gesticulando normalmente bajo el efecto del sedante habitual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así comenzaron a llegar nuevas noticias del tejano. Estaba gritando en el pasillo y la gente pedía que lo bajaran del ferry. Que era un peligro y que al parecer la mujer que lo acompañaba había desaparecido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los gritos del tejano se escucharon más cerca. Su voz emanada sobre los estampados de la alfrombra golpeó nuestros pechos como una marabunta grave. Luego apareció su cuerpo más enrojecido. Su respiración más animal. El tejano comenzó a caminar mirando las hileras de asientos como si entre nosotros buscara presas. Muchos se acomodaron con actitud de alumnos buenos que prestan atención al dictado. El murmullo cesó por completo. El tejano observaba a la multitud con celo, tratando de encontrar en ella la carne de Susana. Muy despacio consiguió llegar al centro del ferry. Allí se detuvo. Tenso como un perro se rascó un codo con fuerza. Las uñas fueron dejando surcos en la piel. Entonces, de repente, se irguió, trepó por las escaleras hacia la cubierta y desapareció. Tres tripulantes de traje azul daban saltitos y hablaban por walkie-talkie mientras intentaban seguir su rastro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Oh no, la bestia estaba suelta! Corría por el ferry sin correa. Sin bozal. La gente comenzó a hablar. El coro de cómplices reencarnó en otros e intentó sumar nuevos adeptos. Cómo podía ser que no hubiera seguridad. Cómo no hacían algo. Cómo no lo bajaban del ferry, lo encerraban en las bodegas, lo ahogaban en el río. Y ésa que lo acompañaba, ¿era su mujer? Una latina ilegal y un borracho, qué yunta. Porque el alcohol en Estados Unidos es un problema grave. El alcohol y la gordura. Acá por suerte no hay gordos. Pero allá… allá lo tendrán todo resuelto, pero los mejicanos se les meten cada vez más. Cada vez peor. Y si no construís un muro cómo hacés, cómo te protegés… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los altoparlantes se encendieron y la estática del sonido acopló sobre los pensamientos con unos dientes agudos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-SEÑORITA SUSANA. SE-ÑO-RI-TA SU-SA-NA DIAZ POR FAVOR PRESÉNTESE EN EL NIVEL 1, SALA 1. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos lo sospechamos. Susana había escapado. Había bajado por la rampa, corrido por el muelle y probablemente ahora, escondida en algún barco coreano, Susana partía hacia Bangladesh. A la velocidad de la luz supusimos que el tejano estaría más rojo. Su buzo más empapado. Su rabia más voraz propagándose por las venas. Vimos a los tres tripulantes que lo seguían ahora desmembrados, bañados en sangre, disgregados en partes pegajosas, pequeñas e irreconocibles. Algunos de nosotros, nerviosos, comenzamos a mirar por las ventanillas. Tamborileamos los dedos. Contuvimos la respiración. Observamos con temor cómo las gotas iban escurriéndose sobre el vidrio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afuera, en tierra firme, la vida continuaría normalmente. Sonarían los celulares y los bocinazos. La gente entablaría diálogos de siglas, se pasaría minutas, intercambiaría briefs. Un hombre sentado frente a una lágrima esperaría al contacto que iba a salvar su pyme, su año, su vida. Alguien de una mesa cercana entregaría su tarjeta al grupo reunido para discutir proyectos de miles de dólares y sería recibido con desdén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras en el barco pasarían otros quince minutos. La espera se haría larga hasta que por fin se escucharía con alivio el encendido de motores. Y lentamente comenzaríamos a dejar atrás la costa. Todos callados. Todos finalmente cómplices en el silencio de saber que partíamos sin Susana.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-3954684922427796539?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/3954684922427796539/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=3954684922427796539&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/3954684922427796539'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/3954684922427796539'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2010/05/el-ferry.html' title='El ferry'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-6153639637773181263</id><published>2010-04-09T10:16:00.000-07:00</published><updated>2010-04-09T10:17:22.635-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Absurdas aventuras cotidianas'/><title type='text'>Teoría imperfecta sobre la fobia a los porteros</title><content type='html'>A todos —aunque lo ignoremos— nos acecha un portero. No crea usted que porque ostenta una sonrisa crepuscular y buenos modos será perdonado por el hombre que cuida las puertas. Las puertas siempre han sido territorios peligrosos. Allí se está en tránsito. Yendo o viniendo. En esos pasajes somos una corrida de muecas, un gesto torvo, una mirada suspicaz, un moco en la nariz. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cosas que se escapan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi fobia pasa por creer que efectivamente el portero las encuentra. Como un paparazzi experto consigue sacar fotos a lo que defendemos, lo que ocultamos dentro de nuestras amabilidades; aquello que no nos hemos perdonado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo un amigo que llama “fotos prohibidas” a esa colección de episodios que guardamos bajo un montículo de vergüenza. Ésas que en general intentamos disimular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero sucede que en las puertas esto no funciona. Por algún insondable misterio, en ese lugar se hace visible que la sonrisa que traemos puesta en realidad proviene de una cara seca. Que el abrazo de bienvenida está lleno de pestañeos. Que la despedida es un alivio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué no dicen las puertas a los porteros!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El otro día me encontré bajando las escaleras con prisa. Al escuchar el CLACK! de metal que hace la puerta al cerrarse, caí en la cuenta. Era de noche, necesitaba llegar al supermercado chino antes de que cerrara y había bebido unas copas de más. Hice una mirada circular a la cuadra. No vi al portero de enfrente por ninguna parte. “Mi némesis debe estar tomando un baño”, pensé y lo imaginé con deleite en una ducha fría de azulejos pálidos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había tiempo, tenía que llegar al súper y volver antes de que el portero apareciera. Apreté el paso. La barrera del tren estaba baja, por lo que una caravana de coches soltaba jaurías de bocinazos e improperios. Crucé la calle con paso veloz pero mostrándome muy calma. Mejor no realizar movimientos bruscos entre hombres con efervescencia de bestias.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;En el súper no había nadie y obtuve lo que necesitaba en poco tiempo. Ahora sólo me restaba volver. Doblé la esquina, —según la técnica de la Pantera Rosa— troté tres pasos y espié detrás de un árbol. No había nadie. Los autos comenzaban a salir del embotellamiento y arrastraban su ruido como pieles viejas. Una voz iba remontando la corriente a través de alguna radio. Caminé con atención. La cuadra estaba totalmente desierta. “Así suelen ser las escenas en los duelos cara a cara”, pensé. Aminoré la marcha. Las zapatillas hacían un suave “ñif, ñif” que en nada se parecía al templado sonido de las espuelas. Mi mano aferraba con nerviosismo una bolsa de plástico con snacks y una lata de atún. &lt;br /&gt;Ya podía divisar la puerta de mi edificio. Sus dos faroles encendidos lanzando lejos a las sombras. Pronto habría cruzado la calle. Pronto giraría la llave y estaría a salvo. Mis latidos comenzaron a agolparse como mariposas en una red. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajé el cordón. Di unos pasos y empecé a bordear la única camioneta estacionada en medio de la cuadra. Ya llegaba a una de sus aristas cuando escuché un resoplido. Allí estaba el portero. Yo no había hecho ningún ruido y él no me esperaba. Lo sorprendí con su dedo plácido rozando la superficie de una sonrisa. Sus anteojos fotosensibles apenas coloreados mostraban dos ojitos de brillo manso. No pareció darse cuenta de mi presencia. Guardaba silencio y se balanceaba en un ritmo imperceptible movido por las imágenes de su interior. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, levantó la vista y me miró como si yo recién me hubiera corporizado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Buenas noches… Mara —dijo en una voz franca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedé desorientada. Olvidé la cuenta de las victorias y las derrotas. Musité un minúsculo“Buenas”, incliné la cabeza y remprendí la marcha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al ir subiendo las escaleras la impresión extraña continuaba. Qué había sucedido. Qué raro ingrediente había deshecho nuestro pequeño combate. Aún no lo comprendía con exactitud. Sólo podía advertir que algo se había desenredado para transformarse en una sensación nueva y simple. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan simple como escuchar sin miedo tu nombre desnudo en la noche.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-6153639637773181263?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/6153639637773181263/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=6153639637773181263&amp;isPopup=true' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/6153639637773181263'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/6153639637773181263'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2010/04/teoria-imperfecta-sobre-la-fobia-los.html' title='Teoría imperfecta sobre la fobia a los porteros'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-6729310012630036195</id><published>2010-03-19T08:47:00.000-07:00</published><updated>2010-03-19T08:48:47.939-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='publicaciones'/><title type='text'>Cerditos en la edición Otoño de Psykhé Art</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/S6OcwZpCg-I/AAAAAAAAAOU/2zVATTKv2dI/s1600-h/Picture+1.png"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 226px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/S6OcwZpCg-I/AAAAAAAAAOU/2zVATTKv2dI/s320/Picture+1.png" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5450372329379103714" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.psykheart.com/psy21.aspx"&gt;&lt;br /&gt;http://www.psykheart.com/psy21.aspx&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-6729310012630036195?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/6729310012630036195/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=6729310012630036195&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/6729310012630036195'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/6729310012630036195'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2010/03/cerditos-en-la-edicion-otono-de-psykhe.html' title='Cerditos en la edición Otoño de Psykhé Art'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/S6OcwZpCg-I/AAAAAAAAAOU/2zVATTKv2dI/s72-c/Picture+1.png' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-3783197846387558993</id><published>2010-03-03T05:21:00.000-08:00</published><updated>2011-02-22T15:34:41.075-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='De tardes abuelos e infancia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Absurdas aventuras cotidianas'/><title type='text'>Para que ningún amo se sienta incompleto</title><content type='html'>Creo que la manera de jugar cuando uno es chico delata la forma que tomará el adulto futuro (si es que alguna vez llega realmente a serlo).&lt;br /&gt;Jugar para mí era lo más importante. Hacer la tarea o cumplir con cualquier tipo de obligación estaba siempre supeditado a lo más importante. Acá corrí con ventaja. Mi madre, mi abuela y mi bisabuela eran excesivamente indulgentes con respecto a los mandados y las ayudas de los niños en la casa. Crecí con una especie de indulto ante las obligaciones cotidianas, que años después hizo que gastara toda la artillería de mis llantos ante cuestiones que para otros resultaban absolutamente usuales. He llorado por horas sin saber qué hacer ante una pilas de Tupperwares con alienígenas dentro y he sentido la depresión más vehemente en reuniones de consorcio en las que se discutía si era apropiado o insolente tener más de una bomba de agua en el edificio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con todo, agradezco que en mi casa nadie mostrara el más ínfimo asombro cuando empecé a pintar mi habitación con árboles góticos que crecían de piso a techo o cuando desparramé muñecos por todos los rincones, explicando que estaban en pleno éxodo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como decía, jugar para mí era todo. En verano, cuando no había horarios ni tareas del colegio, el asunto podía expandirse como un imperio por los patios y las tardes. Con mi hermano siempre tuvimos debilidad por la épica. Nuestros argumentos eran vastos y rimbombantes, superpoblados de monstruos, vampiros, trampas sobrenaturales y rescates de doncellas a lomo de pekinés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces el deseo por continuar una aventura rayaba en el fanatismo y no podíamos soportar la infame prueba que Dios lanzaba sobre nosotros. Indefectiblemente se hacía de noche y teníamos que ir a dormir. Recuerdo el miedo que sentía al ir a la cama. Temía perder el hilo del juego. Sentía pánico de extraviar el sabor perfecto de una historia entre los grillos desaforados del jardín y la noche. Boca arriba en la cama, me aferraba a cada imagen con desconfianza y sospecha, como si el ventilador de techo intentara quitármelas mediante la hipnosis de su rurún. Deseaba que pasara la noche para poder seguir jugando. Quería que las estrellas, los ladridos y las sombras se dieran por vencidos. Que dejaran de insistir en que cerrara los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cuanto a los personajes, nuestras historias estaban elaboradas con una materia prima invisible. Imaginábamos espectros horribles con más esmero y eficacia del que hubieran tenido creándolos a base de papel crepé. Pero como no todo podía ser imaginado, los actores se hicieron necesarios. Para conseguirlos realizábamos castings entre las muñecas disponibles, que debido a la tendencia y cultura del mundo en ese momento, eran mayormante Barbies. Al exceso de población femenina escultural se contraponía una escasez de galanes. Habíamos trabajado con especial dedicación para que los canditados se volvieran aceptables. Entre ellos contábamos con un Papá Pitufo, al que colocábamos un pañuelo en el cuello con el deseo errático de que se pareciera a David Niven, y el Bebé al quien le habíamos ajustado las caderas como si con eso pudiéramos convertirlo en hombre. También teníamos a un Pedro (de la serie animada Heidi), cuyo pie izquierdo había sido engullido en un ronquido de ira por el pekinés cuando el primero intentaba domarlo. Ese era todo nuestro staff.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y durante un tiempo funcionó. Las mujeres mostraban cierta lujuria al ver a Papá Pitufo trepado al limonero y podría decirse que presentaban una tibia histeria cuando el Bebé hacía el “MoonWalk” en pañales. Pero todo eso iba a cambiar con la aparición del Batman importado. El revuelo entre las muñecas fue desbordante. Inmediatamente comenzaron a manifestar conductas licenciosas y se inició una saga de argumentos con visos de orgía dionisíaca. No hubo nada que hacer por nuestros anteriores galanes. Para ellas estaba claro que a pesar de andar en calzas y bombachón, Batman, era un verdadero “Hombre”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así transcurrieron los juegos y los días hasta que llegó una invitación para tomar la leche en casa de una amiguita del colegio. Hasta entonces yo había entablado superficiales relaciones de calesita y socialmente mi vida se reducía a fiestas de cumpleaños con animadores y globólogos penosamente graciosos. Mi mundo estaba concentrado alrededor de mis fantasías y nunca había sido protocolarmente convidada a jugar con alguien que no fuera mi hermano. Así que llegue a la casa de María Teresa Gracciotti a los seis o siete años, con una vaga idea de cómo sería jugar con alguien nuevo, a ocho mundos de distancia y sobre mi misma calle. Pero el choque cultural fue estridente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad yo había pensado que jugar con otro podría resultar distinto. Por supuesto comprendía que alguien prefiriera los Titanes de las profundidades a los Semi-dioses del Olimpo y no tenía inconvenientes con las tendencias modernistas de los preferían los “hombres-lobo” a los Dragones de la Atlántida. Pero lo que encontré en María Teresa despertó en mí un asombro tan grande que por mucho tiempo me sentí exhausta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo que estábamos en su habitación y habíamos comenzado un argumento mediocre entre dos muñecas. En ese momento me tranquilicé diciéndome que recién empezábamos, pero a los treinta minutos las líneas de diálogo no parecían tener horizontes de gloria. Para mí había algo desconcertante en María Teresa. Se mostraba muy entusiasmada moviendo su muñeca de atrás para adelante, haciendo pasitos sobre la cama siempre en forma lineal y diciendo lo mucho que había cocinado y que tenía que ir a buscar hijos a la escuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intenté seguir su juego lo más decentemente que pude. Me esforcé por elaborar frases cotidianas y procuré pronunciar las más abyectas oraciones sobre las compras conteniéndome de caer en exabruptos extravagantes, pero en un momento me quebré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Podríamos hacer que de repente cae un hechizo y que los zombies atacan en masa el supermercado! –dije contenta de poder unir nuestros mundos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María Teresa quedó en silencio. Su silencio no fue reprobatorio, simplemente me miró como si no me hubiese escuchado y comenzó a peinar a su muñeca con parsimonia. Entonces recordé a Batman.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Podríamos intentar que las rescate un héroe o un Coloso. ¿No tenés algún muñeco hombre? –propuse entre enardecida y embriagada, intuyendo que esta vez conseguiría la victoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María Teresa se me quedó viendo como catatónica. No puedo decir que su mirada fuera censuradora, pero me observaba como si hubiera descubierto otro rasgo indeseable dentro de mis inconductas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces que se abrió la puerta. La madre de María Teresa anunció que era la hora del programa de TV “Señorita Maestra”. María Teresa sin dudarlo un instante, salió corriendo de un sobresalto y aterrizó sus caderas aún de niña, sobre el sofá de la sala. Yo me quedé atrás, inmersa en una inesperada sensación de cobardía. Caminé estupefacta hasta llegar frente al televisor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentada en el sofá de la casa de María Teresa Gracciotti, mirando “Señorita Maestra” sin demasiadas ganas, comencé a preguntarme si el resto del mundo sería igual de extraño.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-3783197846387558993?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/3783197846387558993/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=3783197846387558993&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/3783197846387558993'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/3783197846387558993'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2010/03/para-que-ningun-amo-se-sienta.html' title='Para que ningún amo se sienta incompleto'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-7708762543195701669</id><published>2010-02-19T04:53:00.000-08:00</published><updated>2010-02-19T05:00:11.272-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Misceláneas'/><title type='text'>El indescifrado</title><content type='html'>Su personaje es versátil.&lt;br /&gt;En planos generales permite &lt;br /&gt;que su sombra lo empuje sutilmente,&lt;br /&gt;creando pasos épicos.&lt;br /&gt;En los primeros planos, &lt;br /&gt;deja que una sonrisa blanca &lt;br /&gt;aligere el cuerpo &lt;br /&gt;de las miradas negras&lt;br /&gt;sin llegar a evaporarlas.&lt;br /&gt;Digamos &lt;br /&gt;que se mueve tranquilo &lt;br /&gt;al resguardo de su buen actor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, que investigo de cerca,&lt;br /&gt;puedo asegurar que esta mañana &lt;br /&gt;se ha producido otro cambio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sale del baño, ya sin barba,&lt;br /&gt;y de su cara &lt;br /&gt;emerge otro hombre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-7708762543195701669?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/7708762543195701669/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=7708762543195701669&amp;isPopup=true' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/7708762543195701669'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/7708762543195701669'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2010/02/el-indescifrado.html' title='El indescifrado'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-3063941157952706320</id><published>2010-02-02T04:33:00.000-08:00</published><updated>2010-02-06T09:50:03.327-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Absurdas aventuras cotidianas'/><title type='text'>Viaje interestelar al supermercado chino</title><content type='html'>No puedo leer. No puedo escribir. No puedo reunir el automatismo mínimo que se necesita para hacer algo concreto. Las energías anárquicas de la ansiedad devoran como ratas propósitos hechos de queso. Abro el mail. Lo cierro. Tiro de mi cabello, lo enrosco y lo aquieto con una hebilla. Abro otro mail. Veo un blog. Intento concentrarme en la oración: “Durante dos días ese joven dió saltos y corrió por toda la casa”. “Do-s-dí--assejov-en-d-ió-sal-tos-yco-to-dala-c-a-s-a”. Vuelvo a leerla, letra por letra, pero se dispersan como hormigas. No puedo imantar el significado que las convierta en palabras. La ventana abierta muestra una efervescencia de hojas. Las ramas crecen en el tiempo de un árbol. En este punto desespero. Me pregunto si el experimento cósmico que es la humanidad saldrá bien. Si este fenómeno extraviado que somos podrá sobrevivirnos. Elijo ir a buscar el aceite que falta. Bajo las escaleras. Abro la puerta pesada ante la que todos los vecinos se esfuerzan. La vereda aparece destruida con la furia que sólo la desidia y los perros pueden darle a sus huellas. Un reguero de garras y Adidas hundiendo el cemento. Ante la entrada del supermercado una mujer que parece estar atrapada en la velocidad que ha tomado cuerpo, me primerea. Gira como si fuera un carrito de montaña rusa que ha tomado la curva final y se lanza al interior en busca de fiambre. El lugar es modesto y húmedo. En sus estrechos pasillos los humanos se paran a mirar productos como si se tratara de obras de arte abstracto que intentan comprender. De pronto un hombre maduro eleva un frasco de dulce de leche entre sus dedos. Se coloca los anteojos con celeridad y lo observa compenetrado. Lo rota hacia la derecha y hacia la izquierda. Mira su tapa. Una esposa se detiene a su lado y frunce el ceño. Al parecer el dulce de leche no merece estar entre su colección de changuito lleno. Lo dejan. Llego al fondo del local. El freezer crepita. Viendo un estante lleno de esculturas estrambóticas para contener yogur pienso que la civilización está definitivamente perdida. Es el infierno. Pero me rehuso a decretarlo y vuelvo a confiar en la amarilla calma que me proporcionará encontrar el aceite de siempre. Finalmente doy con él. Aferrada a mi botella de girasol huyo hacia la caja. “¡TWISTO! ¡TWISTO!” grita el dueño apelando a una enfática elipsis para explicarle a un viejo de remera Lacoste de tono salmón irritante, por qué esa caja blanca vale más que otra menos blanca. Una mujer mayor enciende su rol de “abuela dadivosa” y con una sonrisa tiesa le dice a una niña que mira los dulces con ardor que elija lo que quiera. La niña sin sospechas señala uno, dos, tres envoltorios de chocolates diferentes –todas las chispas de felicidad que puede encontrar–. Entonces, sin pudor como si se tratara de una colilla vieja, la mujer extingue su deseo y toma con mano dura un chupetín inexpresivo y dice: “Mejor esto”. Es mi turno y casi consigo apoyar el aceite en el mostrador cuando vuelve la mujer de la montaña rusa y me primerea con huevos, fiambres y muchos postres Royal que acarrea como si fueran de trozos de carne para apaciguar a las bestias. No puedo decir cuánto se enoja mi ego cuando esto sucede. Cuando alguien no me ve a propósito. Suele cantarme al oído, con dulzura, cuanto mejor estaría el mundo si yo pudiera cortarle la cabeza a la maleducada. Y a veces lo consigue. Mis emociones hierven y se exasperan. Otras veces como hoy están tan empantanadas que se enojan con lentitud y se deslizan como babosas hacia la sal de la tristeza. Ahora sí. Es mi turno. Planto mi botella. Desde su traje digno de cualquier flota intergaláctica, la china no parece estar muy a gusto con la atmósfera de la Tierra. Apenas respira. Apenas parpadea. Mira hipnóticamente el envase. Entonces me surge la duda. No me he fijado en la fecha de vencimiento y no sería la primera vez que por estar dormida me llevo algo que ya ha perecido en el letargo de las góndolas. Tomo el envase y comienzo una minuciosa expedición de su superficie. Sin darme cuenta he activado los mecanismos secretos de su cabeza. Hago bailar su nariz de un lado a otro del lector láser. La subo, la bajo. La hago rotar para aquí y para allá. Estoy a punto de soltar una risa cuando aparece una mano delicada pero firme que atrapa al vuelo el envase y lo lleva hasta el Clink! del lector. Salgo. El aire se arremolina en la esquina y la alarma de un auto se subleva. Nuevamente el malhumor salta sobre mí. Odio las alarmas sublevadas que estallan por todos lados con el temor de los que tienen. Abro la puerta pesada. En el piso un papelito doblado se muestra dócil al tacto y liberador de la imaginación. Lo despliego sin contenerme y en los lomos de una birome despatarrada leo: El gauchito Antonio Gil es todopoderoso y milagroso. Pida deseos imposibles y tire las cartas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-3063941157952706320?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/3063941157952706320/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=3063941157952706320&amp;isPopup=true' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/3063941157952706320'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/3063941157952706320'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2010/02/viaje-interestelar-al-supermercado.html' title='Viaje interestelar al supermercado chino'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-8376035854219997258</id><published>2010-01-31T07:22:00.001-08:00</published><updated>2010-02-01T04:01:24.551-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='publicaciones'/><title type='text'>Cuento en Revista "Agitadoras" y en "Alrededores"</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/S2bCGE9587I/AAAAAAAAANY/ToTpOK4pHxw/s1600-h/Picture+2.png"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 212px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/S2bCGE9587I/AAAAAAAAANY/ToTpOK4pHxw/s320/Picture+2.png" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5433243410137478066" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/S2Wf35BkZsI/AAAAAAAAANQ/8GILZnlV4vo/s1600-h/Picture+3.png"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 258px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/S2Wf35BkZsI/AAAAAAAAANQ/8GILZnlV4vo/s320/Picture+3.png" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5432924308041393858" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.agitadoras.com/"&gt;http://www.agitadoras.com/&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.alrededoresweb.com.ar/secciones/ataque-panico-cuento-feb10.htm"&gt;http://www.alrededoresweb.com.ar&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-8376035854219997258?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/8376035854219997258/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=8376035854219997258&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/8376035854219997258'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/8376035854219997258'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2010/01/cuento-en-revista-agitadoras-de-espana.html' title='Cuento en Revista &quot;Agitadoras&quot; y en &quot;Alrededores&quot;'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/S2bCGE9587I/AAAAAAAAANY/ToTpOK4pHxw/s72-c/Picture+2.png' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-3564321921872479371</id><published>2010-01-17T11:24:00.000-08:00</published><updated>2010-02-06T09:50:48.879-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Encuentros con personajes'/><title type='text'>El hombre importante, la soledad y un iPhone</title><content type='html'>Era joven y debía ser bastante nuevo en el cargo de “ser importante” porque no podía dejar de verse el regodeo que le producía en las comisuras que se enrulaban a ambos extremos de su cara. La entrevista había terminado pero el café –traído por una secretaria prudentemente hermosa– había llegado tarde y todavía estaba muy caliente para tomárselo de un trago. Permanecimos en silencio unos segundos. El hombre importante tomó su iPhone y escribió con mano diestra algo que por la expresión de su rostro parecía ser muy relevante. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al finalizar levantó la vista y recordó que yo aún estaba allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Estas cosas son muy útiles para tomar notas ¬–dijo a manera de justificación–. Funcionan perfectamente como una libreta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para alguien como yo que carga con un anotador grasiento como si se tratara de una posesión valiosa, ver el costoso adminículo de piel siliconada y brillante que él menospreciaba con el mote de libreta me resultó divertido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él tanteó su pocillo pero todavía estaba demasiado caliente y lo dejó de inmediato. Para no quedarme mirándolo comencé a vagar mis ojos por el resto de la habitación. Todo parecía estar bajo control. Libros de fotógrafos y arquitectos famosos cuidadosamente ordenados en cubos de melamina. Un sillón Le Corbusier blanco aún virgen de trapo con limpiador cremoso. Unas cuantas fotos pequeñas se alineaban sobre el escritorio. En ellas se podía ver al hombre en distintas situaciones aisladas de lo que constituía su vida. O por lo menos de lo que él deseaba exponer de ella. En una de las imágenes se lo veía abrazado a otro hombre joven y parecían estar disfrutando de una felicidad aromática en un casino estrafalario de un país latinoamericano. En otra podía vérselo con cuatro o cinco personas más. Todos llevaban gafas de sol como si se tratara de un grupo de pop disfrutando de su día libre en un bar de NY. En la única fotografía que tenía marco de madera, se veía a una mujer mayor en buen estado físico que reía bajo un sombrero de ala ancha con las cataratas del Iguazú como fondo. Imaginé que podría tratarse de su madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces que el iPhone sonó con un ring común de los que vienen por default en el aparato. El hombre observó el visor y una sonrisa se expandió de una sola pulida sobre sus dientes uniformes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué hacés? ¬–dijo y me envió una recelosa mirada seguramente deseando que yo no estuviera allí para poder hablar más libremente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo bajé la vista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Preparate. Se necesita más disciplina para aprender a perder que para ganar. Así que andá practicando –dijo y esforzó una risa–. Dale, reservo cancha para las cuatro del sábado. Abrazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Colgó y la sonrisa tonta que en uno perduraría por inercia en él se deshizo como si la hubiera desactivado apretando un botón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuevamente caímos en un bache fuera del terso asfalto que proporciona la charla sin propósito. Yo apuré un sorbo de café y me quemé la punta de la lengua. Comenzaba a sentirme incómoda y deseaba irme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–De a ratos se vuelve molesto –dijo de pronto como si hablara para sí mismo y abrió su densa barrera de pestañas–. Por más sensores que tengas encendidos nunca sabés quién se te acerca por predilección genuina o por un interés no menos real. Detectarlo se vuelve un trabajo realmente cansador, por lo que en un momento empezás a aplicar la misma falsa cercanía para todo el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronunció estas palabras como si diseccionara de manera aséptica un insecto sobre una bandeja de plata. Su rictus continuaba sin sobresaltos. No había en su rostro emociones perturbadoras de las que suelen enredarse entre las cejas y que poco a poco o de un solo golpe fruncen por peso propio cualquier ceño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué me lo había confesado? Ya fuera porque yo no pertenecía ni remotamente al juego de ajedrez que él estaba habituado a practicar contra otros o simplemente porque necesitaba expresarlo en ese momento y en ese lugar aunque se encontrara frente a la rana René. Eso no podía saberlo. &lt;br /&gt;Pero de alguna manera consiguió despertar mi empatía. Yo también sentía que por ciertas disfuncionalidades de mi propia personalidad jamás había podido conectarme con la gente y él que había construído un éxito que se levantaba sobre una colina como una mansión enorme que podía ser vista a veinte cuadras a la redonda, necesitaba tener permanentemente abierto un foso lleno de cocodrilos a su alrededor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si se lo consideraba un poco resultaba gracioso. Estábamos parados involuntariamente en extremos opuestos de un mismo juego y sufríamos con una idéntica ansiedad. Él por ser perfectamente sociable y yo por ser imperfectamente ermitaña. Si encima alejábamos un poco más la cámara, podía verse que por algún motivo más grande y desconocido, las dos piezas que éramos habíamos sido colocadas frente a frente durante un breve lapso que en realidad no debería haber existido. En esa habitación extraída del grotesco calor del verano, donde el aire acondicionado reinaba en su propio clima impecable y fresco, dos pocillos de café a destiempo habían generado una paradoja. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El golpecito seco de la loza sobre el plato me sacó de mis disquisiciones. El hombre importante había terminado su café y me dirigía una mirada inequívoca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me apuré a beber el mío, tomé mi bolso y me despedí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la pesada puerta se cerraba a mis espaldas escuché nuevamente el sonido desnudo de su iPhone.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-3564321921872479371?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/3564321921872479371/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=3564321921872479371&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/3564321921872479371'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/3564321921872479371'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2010/01/el-hombre-importante-la-soledad-y-un-i.html' title='El hombre importante, la soledad y un iPhone'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-2526810680078580083</id><published>2010-01-05T15:48:00.000-08:00</published><updated>2010-02-06T09:51:19.647-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Encuentros con personajes'/><title type='text'>El dinero, un místico y la eternidad</title><content type='html'>En la vieja casa el viernes oscurece lento e irregular. Es como si el día, ya cansado de toda la semana, necesitara arrastarse para poder entrar en la sombra. El jardín frondoso de la entrada está recién regado. Huele a savia y a sexo confirmando la idea de que no hay edenes exentos de pecado. Adentro Román acomoda reflectores, enciende velas, despliega mantos. Se disculpa por el ciervo de utilería y las pelucas estilo Luis XV que hay desparramados por la alfombra estimando con arrogancia que en otro sitio cualquiera el desorden no pasaría de ser juguetes baratos y pilas de diarios viejos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras se inclina para acomodar las cosas va demostrando, movimiento a movimiento, la gracia del cuerpo apolíneo que le ha tocado en suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Éstas me quedaron de la producción de modas que hice la semana pasada —explica de manera casual mientras sostiene unos rulos plateados que parecen un puñado de espuma—. Un trabajo interesante. Después te lo muestro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su voz enguantada con el mismo terciopelo de los doblajes de películas blanco y negro se va deslizando despacio al tararear una bossa nova. Román viste una camisa comprada en Londres hace muchos años y unos flamantes jeans gastados. Es alto, bello y gay. Su espalda ancha termina en unas caderas estrechas que mueve sinuosamente por toda la habitación. Va y viene cambiando de lugar las cosas. Trae almohadones. Pone música. Deja una botella de vino abierta sobre la mesa. Para Román la metamorfosis del escenario es algo imprescindible. Nunca he visto que su casa se presentara con la misma cara que la vez anterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me saco todo lo que cuelga de mí —bolso, abrigo, paraguas— y lo arrojo sobre un puff. Acto seguido me arrojo a mí misma sin ningún resto de decoro. En la casa de Román algunos protocolos pueden ser ignorados. Aunque el incumplimiento de otros menos sospechados puede implicar una infracción inmoral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Román llena dos copas. Deja correr el líquido en una abundancia casi obscena. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Quedó bastante bien –dice admirando su living sin recato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mara asiente. La luz de las velas vaporiza los contornos y el viento hace sonar el llamador de ángeles que cuelga de un postigo. Sin duda el lugar parece haber sido creado para cometer únicamente pecados elegantes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Román le entrega una de las copas y de pronto recuerda algo importante que debe escribir en su laptop. Pronto regresa y desciende su cuerpo hasta otro puff. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Quieren que haga la tapa de Andrómedo Mag, ¿viste?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asiento y le hago el gesto del OK con el pulgar. Sin embargo repentinamente Román no parece contento. Bebe un sorbo hondo de vino y frunce el ceño. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Estoy muy escaso –dice—. El dinero de la última producción se ha pulverizado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abre una mano como si lo invisible pudiera mostrarse con un gesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pienso, “esto es realmente inesperado”. Román hablando de dinero. El año no ha sido fácil para nadie pero él debe estar en problemas porque bien sé que no suele ocupar sus pensamientos en cuestiones como éstas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Por qué el dinero parece tan real? —el monólogo de Román sale inesperadamente del silencio—. Siempre creo que el dinero es esa hipnosis colectiva a la está sometido el planeta. Pienso también que de alguna manera yo voy zafando como si tuviera una varita mágica. Pero a veces no se necesita más que la solidez un par de cuentas impagas para hacer añicos cualquier varita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Román pierde la vista a lo lejos como si para enfocarse en cuestiones cotidianas tuviera que recorrer inhóspitas parcelas de tierra anegadas por lo vulgar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En eso tengo que darle la razón. El dinero parece ser una fuerza mucho más poderosa que nuestra pequeña vida. Un gran pantano en el que la mente se hunde y en el que patalea constantemente para salir pero se hunde más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué vas a querer comer? —Román cambia de tema a la carrera como si recuperara sus ropas si saltara por una ventana—. Acá no tengo nada así que sugiero que vayamos al super.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando a Román se le ocurre la idea acabamos de dejar atrás el supermercado chino y cargamos una bolsa de snacks como botín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Querés conocer a Nicolás? ¡A esta hora lo encontramos seguro! —dice con la alegría de degustar algo inusual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Román siempre tiene un personaje extraño para regalar. En una de nuestras conversaciones telefónicas ya me había comentado de su adquisición más reciente. Esta vez se trataba de un hombre que había decicido no tener más contacto con el dinero y se había decretado a sí mismo “Homeless”. Cariñosamente Román lo llama “el místico”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mí me cuesta reunir el ánimo suficiente para establecer una conversación y preferiría volver a su casa a fumar y beber. Pero las excusas con Román rara vez funcionan así que me manifiesto de acuerdo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Minutos más tarde nos encontramos en el medio de una plaza con canteros de cemento. La noche está muy ocupada oscureciendo el hemisferio y aparentemente no puede encargarse de que los elementos jugueteen a su antojo bajo sus faldas. Las luces de la calle, en una especie de convenio con el viento, se balancean en los cables enloqueciendo a las sombras. Las hojas de los árboles trotan como pájaros desbocados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un costado de la plaza, un hombre que luce como mendigo, habla con un gato mientras le cura las lagañas. Viste un pullover gris, roto y sucio. Los anteojos que lleva tienen un gran aumento y parecen distanciar sus pupilas del resto de la cara. Tendrá unos 50 años. Entre las cosas que posee puedo ver un calentador, unas frazadas, cajas, relojes y decenas de paraguas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Román lo saluda con un buenas noches y el hombre suelta al animal que tiene entre manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nicolás es un experto en arreglar relojes y paraguas —comenta—.  ¿Cómo te fue con el reloj de la iglesa? ¿Pudiste arreglarlo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Finalmente lo conseguí —dice el hombre y una fuerte mirada recupera sin problemas la distancia que parecían imponerle los lentes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—El problema consistía en una pieza que ya no se fabrica—dice y su tono lento vuelve a engullir las pupilas—. Pareciera que nada tiene solución sin la pieza adecuada, pero uno siempre puede arreglárselas con lo que hay a mano. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De repente el místico me mira fijo. No guarda ningún disimulo. Para alguien como él eso no debe ser necesario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Sabías que Nicolás también es un gran conocedor de los textos bíblicos? —dice Román girando su cabeza hacia mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo que no he pronunciado palabra hasta el momento tengo que erguirme y mirar al místico de lleno. Deseo que la expresión de mi cara sea franca y tranquila. Que no delate el miedo contenido que comienza a abrillantar las alas de mi nariz. &lt;br /&gt;Pronuncio un “Aha” muy tenue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, el místico ya no me observa. Comienza a hablar despacio. Algo en sus formas congela todo posible escape de atención. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Leo la biblia desde hace 10 años. Es lo único que leo en estos tiempos —dice y se detiene un segundo para encontrar su próxima frase. El labio inferior desciende dejando a la vista unos dientes que emergen del sarro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Para mí existe sólo una pregunta —hace una pausa y mira las hojas de los árboles agitadas por el viento para proseguir canalizando en sus palabras algo invisible que ha extraído de esa vehemencia—. ¿Dónde querés pasar el resto de tu eternidad? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Román y yo tensamos los cuellos como si fueran dos extremos de una misma cuerda. Admito que estoy asustada. Este hombre parece capaz de curar gatos después de haber matado jabalíes. Sin embargo no puedo dejar de esperar la siguiente frase.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo intento crear mi cielo en esta tierra —dice y se queda quieto como si hubiera lanzado alpiste y supiera que no debe espantar a las preguntas que vendrán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Es verdad que no acepta dinero? —hubiera deseado preguntar otra cosa pero ésto ha sido lo único que se atrevió a salir de mi boca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es cierto —dice el místico y carraspea como para juntar saliva y no dejar el resto de sus palabras en seco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Hace años le hice a Dios una promesa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero trabajás mucho. ¿No es así? —interrumpe Román–. Siempre te veo arreglando cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es que no he renunciado al trabajo. Sólo al dinero. Trabajo arreglando relojes o paraguas porque he aprendido a hacerlo bien y es un servicio necesario para otros. No acepto pago, ni tampoco trueque, pero nunca me ha faltado nada. De hecho tengo comida de sobra —sin girar señala con su mano abierta las muchas cajas de alimento que hay a sus espaldas—. Doy gracias porque siempre he tenido suficiente comida material y espiritual. Y siempre ha sido así en los veinte años que llevo en la calle. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedo clavada la última frase. ¿Veinte años? Por Dios yo he pasado ocho meses sin poder comprar un buen par de zapatos y ya me siento absolutamente desdichada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No digo que la mía sea la única forma —prosigue—. Conozco gente que no ha dejado sus casas, ni el dinero y sin embargo también están en el mismo Camino. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto mueve su cabeza como si escuchara un sonido mágico hablándole desde alguna rama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La gente vive en su propia ilusión. Creen elegir pero en realidad son partes involuntarias dentro de cadenas de eventos que se suceden. Yo sé que cada acto de mi vida en los últimos años ha sido una decisión de mi propia voluntad y no una reacción a algo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé si llego a comprender de qué está hablando. Los zapatos y cuentas bancarias nublan mi entendimiento. Sin embargo algo se filtra por un cimiento desconocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gato reaparece bajo sus pies. Sus ojos todavía deben existir bajo esas ciénagas de lagañas secas. Román se inclina para tocarle cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo anda el amigo? ¿Todavía con problemas? —pregunta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras Román juega con la bestia ciega el hombre se me acerca. No tengo el suficiente coraje para mirarlo a la cara pero permanezco en mi lugar, sin retroceder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De lo único que vale la pena ser dueño es de uno mismo —me dice bajito como si dejara caer una piedra al fondo de un pozo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno Nicolás nosotros nos vamos a comer algo —Román se incorpora—. Voy a ver si le pido a mi amigo veterinario unas gotas para tu gato. Nos estamos viendo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo también saludo y comienzo a caminar unos pasos detrás de Román. Extiendo mi mano para tomarlo de la ropa como si de otra forma pudiera llegar a perderme. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegamos a la esquina me doy vuelta nuevamente para observar al místico. No se lo ve por ningún lado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-2526810680078580083?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/2526810680078580083/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=2526810680078580083&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/2526810680078580083'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/2526810680078580083'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2010/01/el-dinero-un-mistico-y-la-eternidad.html' title='El dinero, un místico y la eternidad'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-935431396824112090</id><published>2009-12-29T08:52:00.000-08:00</published><updated>2010-06-09T14:28:01.592-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Absurdas aventuras cotidianas'/><title type='text'>¿Es usted de los que prefieren slip?</title><content type='html'>El Sr. R tiene un “náufrago” personal. Es cierto que al principio el término le resultaba exagerado e impropio, pero ha terminado aceptando que no hay mejor definición para un tipo que cada vez que lo encuentra bracea hacia él con desesperación. Como si se tratara del último pedazo de tierra firme en el medio del océano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Augusto —éste ha sido el nombre con el que su madre lo bautizó en vano esfuerzo por otorgarle la autoestima de un emperador— anda por las calles cargando una bolsa negra que muestra a las personas con la fogosidad de quien se abre el sobretodo y expone sus indecencias. Por supuesto la gente le huye. Pero el Sr. R ha desarrolado algo tan inusual como la paciencia y Augusto juzga amigable su costumbre de irrumpir en sus caminatas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Augusto es un asaltante excéntrico y el azar lo consiente creando momentos bizarros. Una vez su rala e irregular cabeza apareció repentinamente asfixiada entre los crisantemos de un puesto donde el Sr R compraba flores. En otra ocasión se le pegó a la ventanilla del auto como si poseyera las ventosas espeluznantes de un peluche con sonrisa de iguana. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por extraño que parezca el comportamiento de Augusto tiene un propósito capitalista y por lo tanto lógico. En su bolsa negra lleva boxers y medias que trata de vender atolondradamente a los transeúntes. La escena con el Sr. R es un gag repetido dentro de los episodios de sus vidas que colisionan inesperadamente. Cuando consigue atrapar su brazo por sorpresa, abre la bolsa y comienza a agitar un ramillete de calzones. Primero comenta que son de buena calidad y aclara que no encogen aunque los laven con piedras, luego se jacta de poseer un moderno surtido de boxers y un segundo después su mirada se fatiga como si caminara por una sombra espesa y comienza a hablar de los bares perdidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En uno de esos bares se conocieron Augusto y el Sr. R. Otro de los tantos lugares que fueron engullidos por las violentas mareas del marketing. Hasta entonces ambos mantenían una relación de vista y dormían bajo el sano amparo de un saludo que jamás levantaría las baldosas de la cordialidad. Pero en muy poco tiempo eso cambió. El bar que frecuentaban desde siempre, un espacio familiar con gallego al mostrador, se convirtió en zapatería. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de entonces comenzaron a ir a la deriva. Otro boliche armado con los restos del anterior y sostenido por el mástil de un viejo mozo de hombros anchos que aún practicaba la magia de los cortados tricolor y fiaba los cafés, los mantuvo a flote por un tiempo. Pero Augusto ya temía lo peor y el Sr. R terminó siendo rehén de sus angustias. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así fue. El nuevo local que había caído en el fondo de una galería anciana pronto se hundió con ella. Sin lugar a donde ir, las persecuciones de Augusto arreciaron. Una noche el Sr. R se encontró sin cigarrillos. Yo que regaba las plantas de la ventana lo vi salir de del edificio y cruzar la calle con parsimonia. Serían las once de la noche. Me había quedado detenida, escuchando los ladridos de los perros embellecidos por la distancia, cuando lo vi volver al trote. El Sr. R corría sacrificando su elegancia en pos de la huída. Saltó hacia la entrada de la casa de enfrente e hizo ademán de estar absorto puliendo los bronces del portero eléctrico. Atrás confundido en la encrucijada de las esquinas apareció Augusto y su bolsa. La estratagema resultó victoriosa. Augusto continuó su marcha por la vereda equivocada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, con el tiempo las fugas se hicieron más difíciles. En meses sucesivos el Sr. R llegó tiznado de negro por meterse detrás de un cartel, herido por intentar disimularse entre la espinosa vegetación de un hall y una vez apareció con un molinete de viento por el cual no quiso prestar mayores explicaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue un sábado en el que el Sr. R disfrutaba de una excursión ligera y sin propósito que divisó a su náufrago caminando por la misma cuadra. Venía en sentido opuesto y aún no lo había visto. El Sr. R nuevamente se dió al escape pero se encontró con otra ineludible pesadilla. Al doblar la esquina fue detenido por un torrente de humanos saliendo de los pizza-cafés que ahora se derramaban sobre la avenida. Los dueños habían sido reemplazados por gerentes. Las fachadas de las calles aledañas comenzaban a ser arrasadas por el virus de la bijouterie barata y la ropa para niños. El diluvio de la tilinguería estaba desatado. Correntadas de compradores, oleadas constantes de Dalmas y Yaninas, rubias insatisfechas, adolescentes añejos, mujeres con su prole infectada de regalos le llegaron al cuello. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El barrio era tragado por las aguas de la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue apenas unos días más tarde que Augusto consiguió sorprender al Sr. R. Augusto intentó comenzar su discurso elogiando la masculinidad de sus boxers de lycra, pero sin darse cuenta comenzó a lloriquear acerca de bares y costumbres hundidos. Restos de panaderías y almacenes sumergiéndose bajo los precios de alquiler. Añoró un tiempo de patios y abuelos. Una tarde colorada donde la felicidad sin forma andaba en bicicleta por primera vez. Donde se silbaban tangos desde una silla de mimbre y los ventiladores de pie colaboraban con la siesta de los niños. Allí las veredas seguían siendo amarillas, los perros no conocían pedigree y las plantas iban creciendo con el orgullo de devenir en cretonas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al escuchar todas estas cosas, el Sr. R se sintió afectado. Las bocanadas de recuerdos también parecían a punto de colapsar sus pulmones. Debió sospecharlo. Ambos sobrevivían como náufragos de otra época. Ahogándose en la enfermedad de lo anacrónico. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Augusto bajó la vista. Con el ánimo empapado y como si ya no hubiera nada más que hacer dijo: “Estas fiestas han sido una locura de compras, pero yo he vendido mucho menos que en las navidades pasadas”. Estrujó el remanente de boxers a rayas como si se tratara de su corazón y súbitamente se quedó observando al Sr. R con seriedad. Fue probablemente en ese momento que un sentido oculto y gastado que rara vez salía de su caja de percepciones le advirtió. El Sr. R sufría de lo mismo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Augusto se decidió a tocar el tema con discreción. En voz baja, como si finalmente comprendiera que se trataba de una dolencia incurable e intentando sostener el tono lento del consuelo, preguntó: “¿Es usted de los que prefieren slip?”&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-935431396824112090?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/935431396824112090/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=935431396824112090&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/935431396824112090'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/935431396824112090'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/12/usted-es-de-los-que-prefieren-slip.html' title='¿Es usted de los que prefieren slip?'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-4233160315165635964</id><published>2009-11-12T12:03:00.000-08:00</published><updated>2010-02-06T09:52:21.314-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Misceláneas'/><title type='text'>La mujer que hacía fotocopias</title><content type='html'>Como le había dicho la mujer&lt;br /&gt;que hacía fotocopias:&lt;br /&gt;“Todo era cuestión de cómo se lo viera.”&lt;br /&gt;Por ejemplo, podía ver&lt;br /&gt;que habitaba&lt;br /&gt;48 metros cuadrados&lt;br /&gt;en un segundo piso&lt;br /&gt;por escalera &lt;br /&gt;o&lt;br /&gt;que vivía entre árboles&lt;br /&gt;a la altura de los pájaros.&lt;br /&gt;Podía cargar&lt;br /&gt;generaciones llenas&lt;br /&gt;de mujeres bellas&lt;br /&gt;pesando sobre sus hombros.&lt;br /&gt;O cerrarles los ojos en la cara&lt;br /&gt;y dejarlas lejanas como deben ser.&lt;br /&gt;También podría ver con sus oídos&lt;br /&gt;el llanto del niño&lt;br /&gt;después de la pared&lt;br /&gt;y comprobar que&lt;br /&gt;la paciencia había muerto&lt;br /&gt;con los abuelos.&lt;br /&gt;Sin querer podía encontrar&lt;br /&gt;que el terror&lt;br /&gt;puede tomar forma&lt;br /&gt;de vecina rozagante&lt;br /&gt;de muebles pulidos con recelo&lt;br /&gt;de marido que fuma a sus espaldas&lt;br /&gt;y cuenta a las gentes de su picardía sin sal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si era cuestión de ver&lt;br /&gt;podría elegir no ver más&lt;br /&gt;al portero de enfrente&lt;br /&gt;dejar que su figura se desmadeje&lt;br /&gt;en un olvido fervoroso&lt;br /&gt;u optar por la visión única del Rengo&lt;br /&gt;que cuando se le preguntaba:&lt;br /&gt;-¿Cómo anda? Contesta:&lt;br /&gt;-Bien. Y si no&lt;br /&gt;lo hacemos bien.&lt;br /&gt;Y luego quemaba&lt;br /&gt;desde su dentadura postiza&lt;br /&gt;una sonrisa real&lt;br /&gt;hasta hacerla Gloria&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podía empezar a creer&lt;br /&gt;para ver&lt;br /&gt;el otro día&lt;br /&gt;una historia biblíca&lt;br /&gt;ocurrió ante sus ojos.&lt;br /&gt;En la estación&lt;br /&gt;a eso de las cuatro de la tarde&lt;br /&gt;una hora decente si las hay&lt;br /&gt;apenas un perro&lt;br /&gt;con cuatro patas cortas&lt;br /&gt;arrancó la carrera&lt;br /&gt;en un vértice de la espiral infinita&lt;br /&gt;contra él corría&lt;br /&gt;el tren que aullaba&lt;br /&gt;y las vías sin curva&lt;br /&gt;contra él corría&lt;br /&gt;la alegoría, la metáfora&lt;br /&gt;la mística&lt;br /&gt;contra él corrían&lt;br /&gt;los hijos de la maldición&lt;br /&gt;contra Goliat corría&lt;br /&gt;con cuatro patas cortas&lt;br /&gt;y lo vencía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo eso había descubierto hablando&lt;br /&gt;con la señora de las fotocopias.&lt;br /&gt;Una mujer que de tanto hacer duplicados&lt;br /&gt;anhelaba los originales.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-4233160315165635964?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/4233160315165635964/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=4233160315165635964&amp;isPopup=true' title='17 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/4233160315165635964'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/4233160315165635964'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/11/la-mujer-que-hacia-fotocopias.html' title='La mujer que hacía fotocopias'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-5216362125075687172</id><published>2009-10-29T20:17:00.000-07:00</published><updated>2010-02-06T09:52:53.485-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Misceláneas'/><title type='text'>Recursos para evitar el enojo</title><content type='html'>Sofía jugaba junto a los rosales en el patio de su nueva casa. Ella, su madre y su hermano menor se habían mudado en el mes de las espinas y ya comenzaba el tiempo de las flores. Al principio nadie se había fijado en las plantas. Su madre pensaba que por ser una casa tan vieja estarían secas. Sin embargo con el inicio del calor comenzaron a brotar como si el sol les hubiera arrojado granos. Ahora las rosas engordaban cual gallinas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Rojas, blancas y amarillas pero con pétalos en vez de plumas”, se decía Sofía y volvía a repetirlo porque nombrar colores siempre la alegraba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que su mamá se separó de su papá no habían existido sobrantes de diversión. Era como cuando se iban de vacaciones y su mamá le decía: “Nena, si tenés ganas de hacer pis andá ahora porque después no paramos hasta llegar”. Sofía aplicaba ese mismo criterio al resto de las escaseces y aprovechaba al máximo las felicidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La palabra “Escasez” la había aprendido recientemente porque comenzaba a abundar en boca de su madre. También mencionaba mucho la palabra “Recursos”. “Tal señor tiene recursos” o “Para hacer aquello se necesitan recursos” o “Faltan recursos para conseguir lo otro”. Según lo entendía Sofía, no era cuestión de tener más sino de pedir menos. Sabía que pedir una bicicleta menos o desear una muñeca menos podía generar “recursos”. Por lo tanto había comenzado a practicar una menor cantidad de caprichos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También comprendía que para los adultos el tema era serio. Guardaban en él las esperanzas y espantos que producía el dinero. Sofía no podía dejar de sospechar que a la gente grande se le había encogido el tamaño del significado. Justo como le pasó a su mamá con las medias de Pablito cuando las lavó con agua caliente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella prefería germinar sus propias ideas al respecto. Por ejemplo, su mamá que era muy buena cocinera ahora se dedicaba a ser “Repostera”. Y Sofía sabía que sus “Recursos” eran extraordinarios. Si ella había visto cuando sacaba animales selváticos de las tripas del mazapán; cuando les concedía sonrisas a los autos; o cuando aparecían las libélulas, las torres y los guerreros donde antes no había más que un desierto de bizcochuelo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ella había estado presente cuando su madre creó una princesa, como hacían las hadas madrinas con las cenicientas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero cuando el trabajo se terminaba y la torta se iba, en las manos solo quedaba dinero y su madre volvía a pensar en los “Recursos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sofía se daba cuenta porque a su madre se le evaporaban las sonrisas y su voz iba levantando polvo por los sustantivos. Después de eso venía el enojo. Hacía madrigueras y túneles por ese territorio seco y cuando menos se lo esperaba saltaba de algún hueco y mordía. Sofía no era ignorante. Sabía por experiencia que el enojo podía tener los dientes afilados. Ella había sentido más de un tarascón cuando su compañera de banco prefirió ser amiga de la chica de cartuchera doble en la clase y helados de frutilla en los recreos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero su enojo se le había pasado pronto y calculó que así sucedería con cualquier otro. Que no podría durar para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque el caso de su madre no parecía tan fácil. Las madrigueras de su enojo se estaban haciendo más profundas y había que hacer algo pronto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo mostrarle que tenían “Recursos” de sobra? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez la mejor prueba fueran los rosales. El efecto que tenían sobre su madre era evidente. Cuando ella estaba dolorida y mal después una mordida grande; o cuando caminaba triste –que es como ser mordido por un enojo más flaco y de dientes más finos pero de roer constante– por la casa parecía no haber nada que pudiera ayudarla. Parecía que la humedad y la sombra la arrastraban despacio por las habitaciones. Pero si el ventanal del fondo se paraba como un príncipe en su camino –las cortinas flameando al sol como cabellos– su expresión cambiaba. Se acercaba al patio y la siesta que dormían las flores desenvolvía su suspiro. La llevaba en brazos hasta la calma y de a poco volvía a sonreir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En eso reflexionaba Sofía cuando escuchó un grito que venía de adentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡NO! ¡CUIDADO! ¡NO! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La voz de su madre sonaba como si el enojo la hubiera mordido feo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sofía entró en la cocina corriendo. Allí estaba su madre agitada y tiesa, una torta yacía rota en el suelo y el llanto estaba a punto de llover sobre la cara de su hermano. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sofía se decidió en el acto. Esa sería la comprobación. Tomó la mano de su madre como si fuera aún más pequeña que la suya y la llevó al patio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afuera aparecen dos niñas&lt;br /&gt;se detienen a contemplar el silencio de los pétalos &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;rojos, blancos y amarillos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;rosas engordando&lt;br /&gt;como gallinas bajo el sol&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;----&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;a Patriva&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-5216362125075687172?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/5216362125075687172/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=5216362125075687172&amp;isPopup=true' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/5216362125075687172'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/5216362125075687172'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/10/recursos-para-evitar-el-enojo.html' title='Recursos para evitar el enojo'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-3609222287977236454</id><published>2009-10-19T07:32:00.000-07:00</published><updated>2009-10-24T09:33:16.360-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='publicaciones'/><title type='text'>El Balde en OBLOGO!</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/Stx4kHKUw8I/AAAAAAAAAH4/wHxB4cTPBH8/s1600-h/Picture+1.png"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 283px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/Stx4kHKUw8I/AAAAAAAAAH4/wHxB4cTPBH8/s400/Picture+1.png" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5394319015475987394" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se vino la tercera de OBLOGO!! Ahora se puede votar por este y los relatos aparecidos en 8, 15, 21 en &lt;a href="http://oblogo.com/index.php/listado.html"&gt;http://oblogo.com/index.php/listado.html&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-3609222287977236454?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/3609222287977236454/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=3609222287977236454&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/3609222287977236454'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/3609222287977236454'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/10/el-balde-en-oblogo.html' title='El Balde en OBLOGO!'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/Stx4kHKUw8I/AAAAAAAAAH4/wHxB4cTPBH8/s72-c/Picture+1.png' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-1428095475813291490</id><published>2009-10-15T08:38:00.001-07:00</published><updated>2010-02-06T09:53:27.528-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Misceláneas'/><title type='text'>La puerta giratoria</title><content type='html'>De niña Ana tenía dos patios. Tenía dos patios, dos jardines, dos casas, dos perros, dos madres. Trece gatos. Las repeticiones y las rarezas habían entretejido en ella un particular entendimiento de la realidad. Nunca había podido distinguir con certeza el umbral de salida de los sueños y la puerta de entrada al mundo real. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto, que para otra persona podría resultar alarmante, en ella resultaba natural. Jamás se había inquietado al encontrar seres de pesadilla en plena calle y viceversa. Comprendía también —esto se lo habían enseñado sus madres— que los sueños acercaban mensajes y que era preciso estar disponible para recibirlos. Si por alguna razón no recordaba lo que había soñado, durante el día aparecía alguien o algo que se lo evocaba. Así sucedía y Ana nunca se sobresaltaba. Durante el transcurso de su vida había visto adivinos, ciegos, locas, perros bicolor, mujeres con gallinas en la cabeza, un origami de caras que se abría imprevistamente para disipar la niebla de su olvido. Ella siempre escuchaba sin inmutarse. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero esa noche el soñar fue diferente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viajaba en colectivo. Sentada del lado de la ventanilla, comenzaba a observar las calles. No parecía existir peligro. El cielo estaba completamente despejado y había sol. “Sin embargo, algo va a ocurrir” le decía una voz irreconocible y familiar. Ana se estremecía y se frotaba los brazos como si quisiera darse calor. Lo inminente estaba cercano. Podía sentirlo en el peso extra de su pecho. De pronto tocaban su hombro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ana despertó sobresaltada. Al llegar al baño se lavó la cara varias veces. “La sensación es completamente diferente”, dijo mientras se dejaba mirar desde el espejo. Se vistió apurada. Afuera, no había una sola nube y eso le pareció aterrador. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras esperaba el colectivo una impresión le dió de lleno. Ya había tenido ese mismo sueño antes. ¿Cómo no lo recordaba? De pronto se dió cuenta. Estaba atrapada en una puerta giratoria de las que alguna vez le hablaran sus madres. Una vez adentro las escenas se repetirían inevitablemente hasta que pudiera romper con la cadena. Necesitaba despertar de verdad. Sintió miedo. ¿Qué significaba estar realmente despierta?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el 110 quedaba un último asiento libre junto al pasillo. Esto la tranquilizó. No se sentaría junto a la ventanilla como en el sueño. Avanzó despacio, el vehículo se movía como si no hubiera sido domado. Ana cayó en el asiento con horror. A su lado había una mujer que le daba la espalda. Temblaba y parecía estar abrazándose a sí misma mientras miraba hacia la calle con desesperación.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ana extendió el brazo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-1428095475813291490?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/1428095475813291490/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=1428095475813291490&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/1428095475813291490'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/1428095475813291490'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/10/la-puerta-giratoria.html' title='La puerta giratoria'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-3188862099105342356</id><published>2009-10-08T12:41:00.000-07:00</published><updated>2010-02-06T09:54:02.046-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Absurdas aventuras cotidianas'/><title type='text'>El balde</title><content type='html'>En casa existe un grupo de cosas con tendencias suicidas. Hoy mi balde rojo se ha tirado por la ventana. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad se da una conjunción de causas y efectos microcósmicos. Un entretejido entre las desatenciones de la gente y los deseos tatánicos que sostienen los objetos. Pretendo implicar que, al afligirse, las cosas también bajan sus vibraciones y sienten ganas de morir. En este tipo de patologías es usual que el individuo espere nuestra distracción para cometer el acto. Así nosotros también estamos implicados. Somos cómplices. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el caso del repasador a rayas, yo estaba cocinando cuando me atacó una de esas ideas que primero temés olvidar y luego comprendés que hubiera sido preferible. En aquel momento yo tenía una necesidad orgánica de escribirla en un pedazo de papel —el cual por capricho o por venganza nunca se encuentra al alcance de las manos que lo buscan—. Me dirigí empecinada a capturarlo en otra habitación. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El instinto suicida debió ser inminente. Al volver a la cocina con la cabeza más fría después de haber desmoldado el pensamiento, comprobé que el repasador ya no estaba. Afuera llovía y soplaba el viento como corresponde a las escenas trágicas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la toalla fue diferente. Necesito advertirles: las toallas 100% cotton terry son de temperamento sensible. El descuido y la tormenta deben haber empapado el algodón de su moral. ¿Cómo podían olvidarla a ella, la más carnosa de las toallas, en esa terraza llena de la pelusa de los árboles comunes? &lt;br /&gt;Su cuerpo esponjoso se deshidrata con los brazos abiertos para siempre sobre un cielo de chapa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando desapareció el alicate nuestro diagnóstico fue pesimista. Sospechamos que se trataba de un típico cuadro maníaco-depresivo, seguido de suicidio. Pero logró engañarnos. Transcurrido el mes lo encontré retozando alegremente bajo las cucharas más gordas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debido a este comportamiento errático y libertino ahora nos referimos a él como “Alicate Escapista”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Necesito cortarme las uñas, ¿no vió usted el “Alicate Escapista”? —pregunta el Sr. R con medio cuerpo emergiendo del vapor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Se fijó en el revistero? —digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ah sí, acá está —contesta el Sr. R y vuelve a sumergirse en el vapor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recientemente un nuevo repasador se entregó al abismo. Y eso que debido a la experiencia anterior y considerando que el suicidio puede ser un rasgo heredable, me abstuve de comprar uno con estampado a rayas. Los patitos se veían tan alegres. Tal vez demasiado. Hoy el paño de sus cadáveres se encuentra sobre una medianera sucia. El broche que los sostenía se ha tirado con ellos de pura impotencia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A causa de la muerte de los patitos, me vi envuelta en un interrogatorio. El esposo de la vecina de abajo, un hombre frío de tanto andar a la sombra, me ha detenido en la escalera y me lo ha impuesto, tomándose su tiempo y olvidando el mío. Ha empezado por hacerme notar que “cierto elemento” yacía en la medianera del vecino, un tremendo piso más abajo y sin respirar. Me ha dado una descripción tan minuciosa de su tela que me ha erizado la piel. Yo por supuesto lo he negado todo. He dicho que no había notado que en mi cocina faltara nada. A lo que él ha repuesto con mirada firme que el mío era el último piso y que por lo tanto no podía provenir de otro lugar. Para no parecer sospechosa le dije que no recordaba tener un repasador como ése y después corrí. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo del balde es más grave. O al menos más sonoro. Al caer hizo una sombra por mi espalda hasta estallar en el eco de la planta baja. Yo no estaba mirando. Leía enardecida cuando el viento dió un suspiro y ahí el balde aprovechó. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora yace sobre un flanco, sin saber si temblar de pena o rodar de espanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que no puedo posponerlo más. No puedo permanecer encerrada toda la tarde haciendo de cuenta que no ha caído. Que todavía está en la ventana conteniendo el rojo puro en la indolencia del plástico. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voy a tener que enfrentarlo. Voy a tener que bajar las escaleras, tocar el timbre y esperar la puerta. Voy a tener que poner expresión reposada para no generar alarma y voy a tener que decir: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Mirá… vengo porque mi balde se suicidó”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-3188862099105342356?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/3188862099105342356/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=3188862099105342356&amp;isPopup=true' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/3188862099105342356'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/3188862099105342356'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/10/el-balde.html' title='El balde'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-8960740501389117247</id><published>2009-09-25T07:28:00.001-07:00</published><updated>2010-02-06T09:54:36.297-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Absurdas aventuras cotidianas'/><title type='text'>El azar de los paseantes</title><content type='html'>Ésta es una tesis que no tiene orden o finalidad aparente. Tampoco persigue la comprobación científica sino sólo anímica y se basa en el fenómeno mínimo de mi propia persona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así de pequeño es el asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salir a caminar por la ciudad es una de mis actividades preferidas. No sólo porque rescata el coraje de los charcos tristes en los que a veces cae, sino también porque confirma que cuando uno sale a caminar sin razón descubre posibilidades que de otra manera nunca se hubiera atrevido a encontrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mi caso ante todo es necesario un anzuelo de felicidad. Los sentidos —generalmente caprichosos y parciales dictando percepciones desde lo alto de sus sillas para niños— parecen más dispuestos a ayudar si se los convida de forma adecuada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me coloco los auriculares y dejo que “Stayin´ Alive” comience a ablandar el peor de los días. En la longitud de una vereda, la tristeza ya no puede seguirme el paso porque para hacerlo debe dejar de andar triste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, si se superan los primeros escollos de vergüenza o exhibicionismo, el juego se activa. El ritmo de la vida cambia, presenta nuevas reglas. La primera se dicta pronto: soltar el borde del pensamiento y zambullirse hondo en el cuerpo. Salpicar otra gravedad que aliviane los alrededores mientras nosotros nos volvemos nítidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aminados como bailarines en el musical ajeno nos encontramos rotando en una espiral que comienza la expansión. El azar dirige y nuestra sensibilidad guía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajo las barreras se forma una escena de baile colectivo. En las “Aes” largas y agudas que suelta la melodía damos vueltas y vueltas con otras mujeres. Giramos entre las rayas rojas, blancas y rojas del paso a nivel. Desembocamos en la calle comercial donde desfilan las guerreras en botas dominantes y las señoras llenas de bolsas. Hacia los lados, se abren los matrimonios que apuntan alto hacia las vidrieras y luego, al retomar la marcha, se balancean al unísino de un mismo cuerpo monocromo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el semáforo brincan los cuadros de un abrigo por el taxi en fuga; irrumpe la mirada del señor maduro que no se resigna; y se practica la pirueta para eludir el batallón de progenitoras que avanza carros de bebé sobre la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entramos en la coreografía, en el torrente de monosílabos y risas, de adolescentes, de hijas con madres del brazo, de hebillas, de mochilas, de quejas, de millones de zapatos en cajas de cristal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más adelante se despliega un ballet de caniches espumantes y nerviosos que tira del brillo de las correas y ladra en pequeñas dosis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este punto, si uno aún no se ha entregado, algo le reclamará. Algún símbolo condensará el pedido. Requerirá el pago. Se dilatarán los perfumes. El olfato —generalmente muerto para la intuición — resucitará. Los Bee Gees dirán: “No estoy yendo a ningún lugar. Alguien que me ayude”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si el pedido se acepta, si uno se rinde ante la evidencia de que hasta las galaxias bailan, el momento interestelar abre sus cortinajes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Doblamos en la próxima esquina.Para darnos confianza envían una sonrisa cálida, festejos lejanos en una cancha de fútbol, una sombra amigable dispuesta a jugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos acercan la ventana que contiene el rubor brotando de la mujer que bebe un vaso de agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejan una puerta abierta donde la madre peina y la vejez destierra de su hall pulido un globo celeste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De repente nos gritan: “¡Cuidado loco!” y nos muestran a un perro de patas cortas que cruza la calle sin mirar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos hacen ver, sin ambigüedades, que el sol toca la palabra “Anarkólicos” con la misma suavidad que a la tierra y a los árboles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por algún rato permiten que comandemos un rebaño de palomas y las hacemos correr a nuestro antojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El azar presta su lomo y ofrece el galope a cambio de un esfuerzo de nuestra parte. Montar el gozo sabiendo que nunca se va a quedar quieto. Que nunca reconoceremos su cara porque siempre será nueva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este punto se dispara el hambre fría. Una avidez de explicaciones. Calcular un significado inmóvil para los planetas. Una mano negra alcanza las casillas vacías de interpretaciones. Las miro con cariño, después de todo nada sería más fácil que llenarlas. Pero me resisto y surge dentro de mí la voz que me ha dado alguien sabio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡SOLTÁ ESA CABEZA!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué ruede&lt;br /&gt;qué ruede por la ciudad de los paseantes&lt;br /&gt;donde las primaveras&lt;br /&gt;acarameladas&lt;br /&gt;con excesos de tarde&lt;br /&gt;se dan forma&lt;br /&gt;a sí mismas&lt;br /&gt;y después&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;se deshacen&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;como las nubes&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-8960740501389117247?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/8960740501389117247/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=8960740501389117247&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/8960740501389117247'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/8960740501389117247'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/09/el-azar-de-los-paseantes.html' title='El azar de los paseantes'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-620156451207632610</id><published>2009-09-11T10:38:00.001-07:00</published><updated>2010-02-06T09:56:01.216-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='De tíos y galanes'/><title type='text'>Cucurucho</title><content type='html'>—Era verano y volvíamos de ver Rocky IV en el centro —dijo el Sr. R.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Serían las doce de la noche y por la ventana de la habitación entraban las luces y sonidos de una ciudad adormilada. El Sr. R había terminado de cenar. Bebía un pocillo de café y fumaba tranquilo cuando escuchó tan inesperadamente la palabra “Cucurucho”. Su semblante se había zambullido en una mirada oscura y reluciente, como el pelaje de un animal que cruza las aguas bajo la luna. Muy pronto todo el Sr. R se halló sumido en esa corriente. Unas espiras de humo comenzaron a enroscarse en sus pestañas. Tuvo que bajar los párpados con fuerza para quitárselas de encima. Finalmente dió una nueva calada al cigarrillo y al soltar el aire continuó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Serían las cinco de la tarde de un domingo muy caluroso. Retiro se veía vacío. Parecía que todos habían huido a refugiarse. Estaba a punto de llover y el calor aumentaba la carga de los pasos. A pesar de eso, el Tano y yo corrimos veloces el último vagón del tren que partía. Una vez adentro, echados sobre los asientos de cuero verde, nos dejamos balancear en la modorra de los satisfechos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La película había resultado un gran baquete. En ese entonces (yo tendría trece años y mi amigo diecisiete), al Tano se le daba por hacer fierros todos los días y vestir camisetas con rigurosidad. También leía con obstinación revistas de físicoculturismo y había fortalecido cada músculo de su deseo por ver Rocky IV durante las semanas de postergaciones que le impuso el trabajo.&lt;br /&gt;En la sala de cine, cuando finalmente “Ojo de Tigre” atacó sus oídos a un volumen salvaje, las ansias se le escaparon del cautiverio como una estampida. Para el Tano esa música representaba un himno triunfal cayendo golpes sobre las interminables jornadas del reparto de pollos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras el tren nos mecía mansamente, él no dejaba de canturrearlo con vigor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por mi parte el fanatismo con la película llevaba un avanzado cuadro de dos semanas. Yo era de los que habían podido correr al estreno. Yo era de los que repetían “corta el párpado, corta el párpado” como un imitador de la primera hora. Yo, era otro enardecido adepto de las huestes de Stallone en eterna pugna contra las de Schwarzenegger ¡Claro que no me molestaba verla por segunda vez! Si además ir a verla con el Tano era la opulencia. Pero aunque la película no me hubiera apasionado en lo absoluto, aunque me hubiera dejado en el páramo más desierto de la apatía, a mi amigo lo hubiera acompañado igual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso sé que no fue su comentario lo que consiguió irritarme, sino que mi lealtad no fuera correspondida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella subió en la estación de Belgrano R. El Tano estaba muy ensimismado tarareando como para verla primero. Tendría quince años, era rubia y pequeña. Su remera revelaba una deliciosa germinación de busto y tapaba la mitad de su cola una gran mochila estampada con un corazón. La chica avanzó unos pasos con la evanescencia y la torpeza de las libélulas ebrias. Observaba todo con la admiración de quien jamás hubiera visto el artilugio del progreso andando sobre rieles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento el Tano volvió en sí. Debe haberme sorprendido en pleno acto de mirarla, porque sus pupilas enormecieron ante mi rostro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo conocía bien el paladar del Tano. Él prefería a las mujeres de una belleza menos tácita. Las que salvan sus atributos concretos de cualquier velo de imaginación y no reparan en gastos de escote. Yo sabía perfectamente que esa chica no le gustaba. Pero él me guiñó el ojo y se levantó de un salto como si realmente le entusiasmara la consquista. Se acercó a ella con caminar recio y la chica se retrajo dos pasos. De todas formas, pronto sus comisuras comenzaron a alargarse. El ruido del tren me impedía escuchar con claridad los chistes del Tano. Sin embargo, por algún azar ignorado, un comentario consiguió hacerse perfectamente audible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Venimos del cine —dijo y me señaló sin mirarme—. Lo llevé a mi primito que estaba como loco por ver Rocky IV.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento la pregunta se me presentó nítida e incontestable. ¿Cómo competir con el Tano? Aún salvando los años que me llevaba, el Tano era un peso pesado. Un oponente lleno de esteroides como el temible ruso de la película. Podía no ser apuesto en el ceñido sentido de la palabra y ciertamente aquella nariz que irrumpía en su cara justificaba la queja. Pero el Tano era poseedor de algo mucho más poderoso. Había desarrollado una increíble habilidad para el chamuyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus encantos eran tales que le caía bien a las abuelas hostiles, conseguía levantar el toque de queda de los padres severos y hasta era capaz de alcanzar la risa de las monjas en viajes de larga distancia que al resto, a lo sumo, los conducirían hasta Mar del Plata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo se podía siquiera imaginar semejante desafío? El Tano tenía demasiada calle y encima manejaba un hermoso Taunus rojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre que al conducir me hallo reclinado en el asiento, viendo pasar la calle como si no me afectara, me acuerdo del Tano. Manejando con su diestra larga y una parsimonia sin baches. No era de correr o quemar embragues. Eso era para los giles. Él deslizaba su vehículo por los ensueños de la Ferrari, sin intentar arrebatarlos con negligencias de pueblerino. Eso era manejar con elegancia, me decía con la soberbia que le otorgaba su camisa de bambula abierta hasta el centro de su pecho. A veces, muy de tanto en tanto para que no malcriarme, me hacía el regalo de un acto mágico. Ponía el cebador, dejaba el auto en cambio y se bajaba a correrlo con la expresión muda del actor al que se le escapa un chancho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fue extraño ver que en apenas dos paradas sus dedos ya rozaban esa mejilla indefensa. Ella reía entrecortadamente y bajaba los ojos. Una estación más tarde, el aleteo de su regocijo era jocundo y hacia el final, comenzaba a parecer el zumbido histérico de una plaga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por ella nos bajamos antes. Lloviznaba y los pájaros hacían silencio. Los tres nos refugiamos bajo el alero de la estación de San Andrés. Ninguno pronunció palabra. Ella sacó un papel rosa del interior de su mochila con el corazón estampado y se lo entregó tímidamente. Junto a una abejita y su tarro de miel, se hallaba el nombre y el teléfono. Nos saludó con un “Adiós” ligero y la vimos partir. El cabello comenzaba a llenársele de lluvia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminábamos al cobijo de los árboles, por la plaza, cuando vi que el Tano estrujaba el papel y lo arrojaba lejos. Al medio de la calle. No pude evitarlo. Me quedé inmóvil observando ese bollo rosado estremeciéndose en la inclemencia que parecía mordisquearlo con sus pulgas de agua.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Sr. R apagó la colilla e hizo silencio. Yo tampoco dije una palabra. Esperé a que prosiguiera. Dos haces de luz, probablemente de un auto que doblaba la esquina con vehemencia, entraron con furia por la ventana. El Sr R frunció el ceño, dió un golpe seco a la marquilla y sacó otro cigarro. Se lo colocó con delicadeza en el lado izquierdo de su boca y lo encendió entrecerrando un ojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eh, “Cucurucho” me llamó el Tano. Estaba unos pasos más adelante y se me había quedado viendo con la cabeza ladeada y las manos abiertas —dijo el Sr. R bajando su tono de voz como si no quisiera despertar el recuerdo más de lo necesario—. Hacía largo tiempo que no me llamaba “Cucurucho” y en ese momento me sonó tan lejano como ahora. Para mí tuvo un efecto parecido a esas palabras que se pronuncian en las películas y que señalan para siempre, como un emblema, el lugar donde se quedan las leyendas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-620156451207632610?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/620156451207632610/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=620156451207632610&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/620156451207632610'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/620156451207632610'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/09/cucurucho.html' title='Cucurucho'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-702693141923850406</id><published>2009-09-07T07:50:00.000-07:00</published><updated>2009-09-08T18:41:32.475-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='publicaciones'/><title type='text'>Cerditos en OBLOGO y Guiasenior.com</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SqUeBpgfHuI/AAAAAAAAAGY/ySqAWrzGzcE/s1600-h/tapa+oglogo+15.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 281px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SqUeBpgfHuI/AAAAAAAAAGY/ySqAWrzGzcE/s400/tapa+oglogo+15.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5378738343634738914" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oblogo Número 15 y &lt;a href="http://www.guiasenior.com/"&gt;www.guiasenior.com&lt;/a&gt; todos los miércoles un cuento.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-702693141923850406?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/702693141923850406/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=702693141923850406&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/702693141923850406'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/702693141923850406'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/09/cerditos-en-oblgo-y-guiaseniorcom.html' title='Cerditos en OBLOGO y Guiasenior.com'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SqUeBpgfHuI/AAAAAAAAAGY/ySqAWrzGzcE/s72-c/tapa+oglogo+15.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-1846698298832421570</id><published>2009-08-19T16:26:00.000-07:00</published><updated>2010-02-06T09:57:00.864-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Absurdas aventuras cotidianas'/><title type='text'>Ataques de pánico a un cuerpo de distancia</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;br /&gt;A&lt;/span&gt;l salir del subte, la penumbra se deslizaba como dedos entre los edificios. Abajo el Once caminaba a gente de todos los colores. Los llevaba bullendo entre sus patas de andamios y bultos. Era necesario esquivar, saltar y pisar una maleza de sustancias para avanzar a través del barrio. Quienes lo conseguían sin inmutarse eran verdaderos baqueanos. Los baqueanos del Once parecían alcanzar la calma de quien, hasta cierto punto, comparte los designios del caos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su contracara eran los extranjeros. Aquellos que visitan el Once ocasionalmente. Entre éstos siempre puede verse una madre con sus hijas más próximas a los quince años, que examina souvenirs con delfines emplumados mientras estorba las rutas de los nómades. Poco les importa a los extranjeros impedir el paso de los baqueanos. De hecho, ni lo notan. Pretenden embestir la realidad con la misma arrogancia con la que nombran las siglas de su banco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo por lo pronto, me refugié en un cotillón. Mis ojos estaban aguijoneados por más pigmentos de los que podían ver. El Once no dejaba vacantes de tranquilidad. Inundaba todo. Evaporaba los huecos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para ingresar al local necesité probar mi inocencia a un guardia de seguridad que permanecía oculto entre las maracas. Hice una sonrisa como si estirara la plastilina de mi cara y me dejó pasar. Una vez adentro, me hallé a la deriva. ¿Qué podía tener lógica en este lugar? Evidentemente mi cerebro no conseguiría cruzar la frontera del asombro con nuevas instrucciones. Comencé a zigzaguear torpemente entre acantilados de sombreros y anteojos. Me dejé ir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un niño con un choclo gigante y púrpura llamaba a los gritos a su madre. Ella permanecía lejana a sólo dos pasos de distancia. Lo ignoraba con atención. Continuaba en la charla con una amiga mientras iba tocando los distintos acordes de la impaciencia que colgaban como antifaces a lo largo de la pared. El niño continuaba gritando. Gritó y gritó hasta que uno de sus decibeles tocó las partes pudendas de lo intolerable. Inmediatamente varias cabezas lanzaron miradas severas como granadas de mano. La madre giró sobre los talones, dió golpe seco en la cabeza del niño y enronqueció como para llamar a un santo: ¡No ves que estoy hablando!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El niño cesó el grito. Lo soltó junto con el choclo gigante y púrpura que agitaba en su mano y la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continué caminando sigilosamente entre las cornetas y tuve que eludir un cuerpo de gente que empujaba hacia las profundidades. Conseguí evitar la tentación de las pelucas. Y no probé un solo silbato. Pero en el último momento, junto a una hilera de casitas de mazapán, sentí una recaída impiadosa. Me faltaba el aire. La anoxia estaba próxima a invadirme el cráneo. Me encaminé hacia la puerta y una vez demostrado que ningún elefante de azúcar se había subido a mi bolso, el guardia me dejó en libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Cómo demonios había accedido a encargarme del cotillón con tanto gusto?”, me pregunté. Estaba agitada. Mis sensaciones saltaban de una en otra como si se treparan a los pedazos de algo caliente. Necesitaba un descanso. En ese estado nunca encontraría lo que buscaba y hasta podría perderme a mí misma. Crucé la calle junto con una estampida de bolsas negras que galopaban entre naves espaciales y bocinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue al llegar al otro lado que me tomaron del brazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Por favor, ayúdeme. Tengo un ataque de pánico –dijo la mujer con una lentitud violenta. Luego se quedó quieta y me miró desde el absoluto desconcierto de su rimmel azul.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Podría acompañarme unas cuadras? Voy hasta Azcuénaga al 500 –dijo en una voz catatónica bastante cercana a la calma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi cabeza asintió imprevistamente y segundos más tarde, caminaba por el Once junto a una mujer con un ataque de pánico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sos la tercer persona a la que le pido ayuda. Pensé que iba a tener que hacerlo sola –sin mirarme, me tuteó como si alguno de sus circuitos primarios hubieran fallado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Es la primera vez que te sucede? –intenté que mi tuteo tuviera un tono científico. Asumí que sería lo más protocolar en un caso como éste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– Antes me pasaba. Pero hace más de seis meses que no tengo crisis y pensé que no iban a repetirse. Pensé que estaba curada –dijo con una expresión tan pelada de comisuras que contagiaba pena. Y como si necesitara explicarlo mejor continuó– Tuve que bajarme del colectivo a las pocas cuadras porque me ahogaba. Pero si alguien me acompaña me tranquilizo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No supe qué más decirle. Ninguna metáfora, moraleja o chiste podía mejorar el espacio donde dos personas caminan juntas. Mantuve el silencio. Mientras andábamos fui dándome cuenta de que a su lado, el Once no parecía tan caótico. Fue como si entráramos en un intervalo. Las vibraciones de la locura parecían envolvernos, pero al acercarse a nuestra orilla se hacían más lentas. Inofensivas. La mujer entendía perfectamente la lógica del camino y nos conducía sin equivocarse a través de estridencias, forúnculos y metaloides. Ella nos guiaba y sin embargo sus ojos permanecían opacos. Era una baqueana del Once que se había perdido en sí misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente llegamos a Azcuénaga al 500 y la mujer se detuvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Desde acá puedo seguir sola. Tengo que llegar hasta aquella puerta –dijo y señaló un exuberante negocio de bijouterie como su única salvación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le pregunté si estaba segura de poder sola. La mujer asintió con un movimiento corto de cabeza. Estábamos inmóviles una frente a la otra y en ese momento no sé por qué, la abracé. El gesto fue torpe y pronto nos separamos a un destiempo civilizado, pero al observarle nuevamente la cara encontré que sus pupilas comenzaban a salir a flote. Yo también me sentía mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, cada una giró hacia su destino sin decir palabra. Persiguiendo la felicidad en direcciones opuestas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-1846698298832421570?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/1846698298832421570/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=1846698298832421570&amp;isPopup=true' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/1846698298832421570'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/1846698298832421570'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/08/ataques-de-panico-un-cuerpo-de.html' title='Ataques de pánico a un cuerpo de distancia'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-6216654755643475755</id><published>2009-08-06T07:59:00.000-07:00</published><updated>2010-02-06T09:57:58.657-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Absurdas aventuras cotidianas'/><title type='text'>El buen meteorólogo</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SnrwIzs5WBI/AAAAAAAAAFY/2g-l4tq198c/s1600-h/SamTV.png"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 313px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SnrwIzs5WBI/AAAAAAAAAFY/2g-l4tq198c/s400/SamTV.png" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5366865940073502738" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En la abrumadora química de los días nublados me encuentro triste. Como si el estado de ánimo fuera un elemento más del que dispusiera el clima para armar sus grises. La formación de mi pena, puede verse, no contiene mayor frenesí que la condensación de una nube. Digo, está claro que no ha sucedido ningún infortunio o desgracia rotunda que la genere. Sin embargo, algo invisible pero ofensivo se mete en el cuerpo y comienza a llorar inconsolablemente desde adentro, abriendo el paraguas de la impaciencia, salpicando los músculos de una inercia nerviosa e impráctica, yendo y viniendo en búsquedas urgentes de cosas que ya se encontraban entre los dedos de la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El “clima emocional” no es una frase hecha. Comienzo a percatarme de que muchas emociones se forman en mí de la misma manera, sin permiso, por un exceso de humedad sentimental chocando contra el frente frío de eventos externos. Por ejemplo, mi particular sensibilidad ante los fisgones colisiona contra un portero de ojo agudo, que chirría en una exagerada curva al pronunciar el “Buen día” y rápidamente se desencadenan precipitaciones anómalas y niebla de pensamientos. De pronto, la paranoia se condensa y, sin quererlo, sin que mi voluntad tenga nada que ver en el asunto, camino metida en una espesa neblina de lana, que segundos antes era sólo una pacífica bufanda. Recorro cuadras y cuadras en una confusión extraña donde no veo el mundo y sin embargo sé que me persigue usando a sus porteros como sabuesos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando uno sufre de nubosidad variable ciertos cruces fortuitos pueden originar sudestadas. En mí el alerta meteorológico se desata al darme de bruces con una masa diminuta –no más de metro treinta de altura– que en general me sorprende entrando o saliendo del edificio. Delfina es una pulgarcita beligerante que provoca tempestades neuronales, tifones en la superficie de la piel y maremotos en algún lugar indeterminado del epigastrio. Delfina es una mujer reducida en todos sus aspectos, excepto en el ininterrumpido ejercicio de la queja. En esa actividad se expande como una catástrofe natural. Y como todo cataclismo comienza con una atmósfera tranquila. Como la calma chicha que precede al tsunami.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puede encontrarnos observando, sin afán, la oferta de abadejo en el volante deslizado bajo la puerta. Ya hemos suspirado un par de veces anhelando unas rabas crocantes, una limousina con champagne, o el avistaje de algún pájaro exótico en un páramo desierto. Finalmente comenzamos a subir los escalones que nos alejan de las fantasías y nos conducen al hogar cuando… sobreviene. Una voz afilada, irredenta, penetra en el tímpano como un rayo. “H O L A”. Y uno siente el crecer de las palpitaciones. El corazón sabe que está perdido. Sabe que la plaga de querellas y protestas acecha sus espaldas. Puede verse intentando correr, gritar, estallar como piñata. Pero la razón comprende que es inútil. Entonces el cuerpo asiente modosito, balbucea alguna incoherecia y deja caer pie tras pie las escaleras. Mientras Delfina comienza a chillar sus reproches. Los deja salir como tifones salvajes y su figura insignificante invade el espacio despiadadamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay ciertas voces que pueden volvernos locos y la suya escalaba en el top five de lo abominable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si escucho que se abre la puerta de su departamento en el mismo momento en que estoy por salir, soy capaz de esperar veinte o treinta minutos con tal de evitarla. Después del episodio de las macetas, mis nervios han quedado demasiado débiles para soportar sus embates.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella mañana de verano se presentaba inofensiva. Unas nubes indefensas se dejaban soplar por la brisa y el sol aún no alcanzaba la inflexibilidad del mediodía. Mi cuerpo estaba fresco, recién salido de una ducha larga. Había comprado unas plantas para la ventana y las regaba con fruición. Hasta ese momento Delfina y yo habíamos entablado una cordial relación de tres palabras, la cual es de mi absoluta preferencia en concomitancias limítrofes. “Hola”, “Adiós”, “Después de usted”, son los vocablos más armoniosos que pueden darse entre vecinos neuróticos y con ellos nos entendíamos a la perfección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–TRRRRRRRRRANG.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El timbre sonó como un trueno e hizo saltar la regadera de mis manos. Al abrir la mirilla no encontré a nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–TRRRRRRRRRRRRRRRRRRRANG!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era Delfina, quien era absolutamente invisible desde la ubicación convencional de la abertura.&lt;br /&gt;Al abrir la puerta no me dió tiempo de pararme adecuadamente sobre mis pies. Detonó en un viento de injurias. Sus gritos granizaron sobre mis nervios. Destruyeron la chapa de mi cordura. En su repetición frenética pude inferir había salpicado sus ventanas regando las plantas. Existían gotas de mugre en sus vidrios. Gritó y gritó hasta derribar todas las puertas de mi ánimo y una vez que se le agotó la energía simplemente me abandonó con la réplica en la boca. Su presencia había dejado erupciones de enojo en mis sienes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué falta me hace un buen meteorólogo interno! Un observador que pueda anticipar el calentamiento global de dentritas que generará el reto inesperado. No es posible que me desestabilicen estos fenómenos. ¿Qué me sucedería ante tragedias reales? Estoy a merced de tormentas enanas. Si existiera el meteorólogo interior, las superficies de los acontecimientos no conseguirían afectarme de la misma manera. Tendría una perspectiva estratosférica. Conseguiría adelantarme a las tendencias de mi propia atmósfera, encontraría estratos inexplorados de sentimientos sin formar, y tal vez algún día, con la práctica, lograría predecir mis peores climas acertadamente y podría evitarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensaba en estas posibilidades cuando bajé a sacar la basura. Al volver sobre mis pasos vi la sombra de Delfina. Caminaba como si condujera un ejército de pitufos imperceptibles. Decidida, entró al edificio. Yo aminoré mi marcha, contuve la respiración. En esa corta distancia temí y desee tantas cosas contrapuestas que mis poros estallaron en sudor. Finalmente llegué a la entrada mirando al suelo, deslizándome sobre una honda exhalación. Delfina estaba allí. Sostenía la pesada puerta con esfuerzo. Su cabecita estaba ladeada como la de un cachorro que comprende su nombre por primera vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Pasás? –me preguntó con su carita despejada, sin nubarrones en el ceño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Sí, gracias –dije, aún aturdida ante la sorpresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos acompañamos un piso en silencio. Se despidió y yo continué sola. En la torpe reflexión que intenté hasta dar con mis llaves, me dije que tal vez el meteorólogo no hiciera falta. Que bastaba con comprender que las tormentas pasan, que los puntos de vista definitivos no existen, y que todo está en constante cambio, como el clima.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-6216654755643475755?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/6216654755643475755/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=6216654755643475755&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/6216654755643475755'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/6216654755643475755'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/08/el-buen-meteorologo.html' title='El buen meteorólogo'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SnrwIzs5WBI/AAAAAAAAAFY/2g-l4tq198c/s72-c/SamTV.png' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-2656133433366845455</id><published>2009-07-16T17:52:00.000-07:00</published><updated>2010-02-06T09:58:47.830-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Absurdas aventuras cotidianas'/><title type='text'>La conciencia de los verduleros</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/Sl_L2qrAd7I/AAAAAAAAAFQ/vGe16PCdiWg/s1600-h/oooh.oooh%27s.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 267px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/Sl_L2qrAd7I/AAAAAAAAAFQ/vGe16PCdiWg/s400/oooh.oooh%27s.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5359226221622228914" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--StartFragment--&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0.1pt 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Hoy he hecho un descubrimiento horrendo. ¡Tengo la mentalidad de una abuela! Tal vez sea muy penoso encontrarse con semejante aspecto de una misma pero ha sido inevitable. Comprobé en mí esa forma de sospecha y saña que llevan las ancianas ante el Planeta en el que han nacido. Volví de la verdulería sintiéndome completamente estafada. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0.1pt 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0.1pt 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;“¡Embaucadores, cretinos y fariseos!”, me encontré vociferando mientras subía las escaleras con menos puerros de los que había pagado y más indignación de la que podía cargar. Allí me atacó una imagen bestial. Ví una turba de viejas con mirada salvaje y cabello violáceo, clamando por la sangre de algún verdulero. Yo estaba de su lado. Formaba parte de una de las guerras en las que se divide la raza humana desde tiempos ancestrales. Hablo de esa vesánica riña entre verduleros y ancianas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0.1pt 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0.1pt 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Como justificación diré que he tratado de no adoptar tal grado de suspicacia a la ligera. Antes he explorado verdulerías cinco leguas a la redonda, he vadeado cajones de naranjas, he testeado mi entereza ante tomates insípidos. Es triste llegar a la conclusión de que las viejas están en lo cierto. La especie “verdulero decente” parece faltar en el stock de la humanidad. Me pregunto si estos hombres podrán dormir por las noches. ¿Pueden prescindir del Aplax y la cuenta de ovejas para conciliar el sueño? ¿O despiertan a las tres de la madrugada bañados de pesadillas, astillados de pánico, aún perseguidos por la imagen de Charlton Heston iracundo y en pollerita? ¿Acaso los verduleros no tienen conciencia?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0.1pt 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0.1pt 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Mi peregrinaje comienza en lo de Pocho. Éste es un hombre pequeño de una inocuidad incómoda. De sus comisuras siempre cuelga la exagerada expresión del trabajador explotado. Los arcos de sus cejas nunca están fruncidos de enojo, sino laxos de lástima. Todo lo vende con albricias piadosas. Eleva cánticos maravillosos a los repollitos y estira largamente sus adjetivos cuando se refiere a las frutillas de estación. Unas vibraciones extrañas se percibían en el aire la mañana que entré en su negocio. En el fondo, una mujer madura ordenaba el dinero de la caja. Su atención no parecía ser atraída por el resto del mundo. Estaba presa de una especie de hipnosis. Tomaba los billetes manoseados con resignación, como si comprendiera que la suya sería otra de las manos que tampoco los retendría por mucho tiempo. Su marido vendía fruta a una vieja implacable que insistía en que todo estuviera “fresquito”. El ambiente tenía un aparente aspecto de calma. Sin embargo había algo que anticipaba la crispación. En ese instante se produjo un corto en las líneas de energía. Pocho en su empalagoso tono de buen cristiano, dijo: “No se preocupe. Me alcanza la plata otro día”. No creo que nadie más haya notado el frío que expulsó la mirada de la mujer del fondo. Atravesó el lugar con la puntería perfecta de una estrella ninja que se clava en la espalda del enemigo. Sus rulitos oxigenados se sacudieron y su expresión se solidificó hasta ser de la dureza del odio puro. Por esa mirada supe que ella detestaba a su marido. Supe que cada vez que él fiaba algo, ella salía de su hipnosis y en un flash de vigilia recordaba que su marido era un boludo. Me dió pena por Pocho que continuaba con su mímica sin enterarse de nada. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0.1pt 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0.1pt 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Al llegar a casa aún pensaba en el pobre Pocho, pero el sentimiento de compasión duró muy poco. Un gusano lechoso se retorcía en el mismo centro del morrón que me había vendido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0.1pt 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0.1pt 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Continuando con mi pesquisa de verdulerías, he llegado hasta el cruce de calles donde las mujeres son capaces de despellejarte viva por mantener su lugar en la cola. En esos páramos hay una verdulería ambulante atendida por un gitano adulador y Jim Morrison. En cuanto vi a Jim me sentí mejor. Me acerqué feliz y le pregunté por el precio de las berenjenas. Pero Jim debía tener un flashback de ácido de su vida pasada y no estaba en condiciones de hablar sobre verduras. Sin abrir la boca apuntó hacia el gitano que en ese momento echaba piropos sobre dos señoras que revoloteaban entre los cajones de palta. Parecían estar al filo de un episodio psicótico. Nadie podía anticipar si picoterían la fruta o el primer ojo que tuvieran cerca. Me mantuve alejada. A cada senil que llegaba hasta el puesto el gitano la llamaba: “guapa”, “buena moza”, “niña bonita”. Sus halagos sonaban tan groseramente barrocos que comencé a sospechar que Jim había introducido droga en el mate que compartían. Al llegar mi turno el gitano preguntó afablemente: “¿Qué le vendemos muñequita hermosa?” Pedí un módico kilo de berenjenas. Sin mirarme y con aspereza quiso saber si iba a llevar algo más. Para este momento él ya lo olfateaba, yo no tenía ningún potencial como clienta. Mis neuronas aún estaban distantes de la arterioesclerosis y eso no era bueno para el negocio. Comenzó a cogotear con impaciencia. Sólo le interesaba deshacerse de mí con rapidez y sin escándalo. No quería perder el cardúmen de veteranas que gorgojeaba alrededor. Una vez que sostuvo el pago en sus manos, ni siquiera se molestó en devolverme el saludo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0.1pt 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0.1pt 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Bueno, supongo que todos los verduleros tienen sus propios y secretos motivos para intentar una revancha contra el mundo y cada kilo de zapallitos representa una oportunidad para llevarla acabo. Recuerdo el suspiro que elevaban las abuelas de mi barrio al recordar al finado Don Mario. ¡Era tan bueno! Siempre imaginé que Don Mario era honesto porque ya no podía engañarlas. Había pasado a las regiones celestiales donde la falta de monedas y la fruta machucada existen solo en cuerpo astral. Lo cierto es que poco tiempo después de su muerte las viejas comenzaron a soñar con un cielo de verduras manoseables, tomates turgentes, uvas lamibles. Un lugar donde se pudiera elegir la fruta sin intermediarios y dar rienda suelta al tacto. Así surgió, como respuesta a la plegaria colectiva, “El mundo de Raymundo”.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Times;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0.1pt 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0.1pt 0cm;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;“El mundo de Raymundo” era una tierra –anterior a los supermercados– donde se podía deambular por distintas mesas servidas con abundantes cantidades de frutas y hortalizas. Todo estaba el alcance de la mano. Todo estaba permitido. Todo era impúdicamente legal. Al principio las ancianas experimentaron algo que habían olvidado por completo. Vibraciones orgásmicas se metían en sus cuerpos al toquetear las diferentes cosistencias, sacudir los cocos y apretar las puntas de los melones. Era evidente que una poderosa lujuria había tomado el control de sus mentes. El local nunca estaba vacío. A toda hora podían verse mujeres de mirada esquiva escudriñando las bandejas con recelo y manteniendo con gruñidos su primacía territorial. ¡Por Dios algunas hasta hablaban en voz alta como si estuvieran borrachas! Otras se escondían en las esquinas más oscuras para tener charlas tête à tête con los pepinos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style=""&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Más pronto de lo esperado el “Mundo de Raymundo” se convirtió en un infierno. La mercadería comenzaba a verse degenerada. Prostituída por miles de dedos nudosos que penetraban las superficies vírgenes. Había que ir a primera hora de la mañana y codearse a muerte con otras pederastas de repollitos, que también intentaban llevarse los más tiernos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-family:Times;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style=""&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;La tregua que se había suscitado en “El mundo de Raymundo” duró sólo dos temporadas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style=""&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Los orientales creen en la posibilidad de un orden que trasciende los enemigos, las dualidades, los verduleros y las ancianas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Me encantaría poder observar a través de ese lente imparcial y equilibrado cuando vuelvo de la verdulería. Armonizar la respiración y relajar el cuerpo. Sentir que todos somos uno. Me digo: “Los problemas son una ilusión del ego. No me enojaré”. Abro la bolsa de puerros lentamente y estallo. “¡Pero qué barbaridad! ¡Estos verduleros son todos unos sinvergüenzas, malnacidos!” Mi cerebro lanza espuma de rabia por las neuronas y siento estremecimientos brutales bajando por la médula espinal. No puedo detenerme, ante mí se desbordan imágenes de masacres inmemoriales.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style=""&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;span style="font-family:Times;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: normal;font-family:Georgia;" &gt;&lt;span  lang="ES-TRAD" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Intento calmarme nuevamente. Exhalo y en un flash imprevisto se activa el recuerdo de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt;Don Mario. Me descubro en un largo suspiro al decir: “El único santo. ¡Dios lo tenga en su gloria para verduleros buenos!”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;!--EndFragment--&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-2656133433366845455?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/2656133433366845455/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=2656133433366845455&amp;isPopup=true' title='18 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/2656133433366845455'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/2656133433366845455'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/07/la-conciencia-de-los-verduleros_16.html' title='La conciencia de los verduleros'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/Sl_L2qrAd7I/AAAAAAAAAFQ/vGe16PCdiWg/s72-c/oooh.oooh%27s.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>18</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-87492170947695812</id><published>2009-06-24T08:19:00.000-07:00</published><updated>2010-02-06T09:59:06.956-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Misceláneas'/><title type='text'>The hall affaire</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SkJEzGhNFYI/AAAAAAAAAEg/d-eMH876g48/s1600-h/DSC07314.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 285px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SkJEzGhNFYI/AAAAAAAAAEg/d-eMH876g48/s400/DSC07314.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5350914951983469954" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Hace veinte minutos que observo cómo intentan bajar del auto a una mujer en silla de ruedas. ¿Por qué este repentino y bizarro voyeurismo? Intento un juego. Hallar una historia entretenida a cualquier escena que se presente por la ventana. En este caso, desde la perspectiva que me toca –enfrente y a un piso de distancia–, se ve como una picaresca italiana. (Imagino que un punto de vista más cercano correría el peligro de asemejarse a una película de Enrique Carreras.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es de noche. Dos hombres robustos chocan entre sí mientras tiran de una pierna. Ahora uno es tragado por el interior del auto. Solo se ven sus nalgas, que por algún misterioso motivo genético le llegan casi hasta la nuca. El segundo, un hombre al que le tiemblan los mofletes, se aferra a la silla de ruedas como si no estuviera domesticada e intentara escapar. Insisten en tirar de las extremidades de la mujer un grotesco número de veces. Finalmente abandonan. Han comprobado que la estrategia sólo los conduciría a la fractura o el descalabro. Su próxima astucia consiste en mover el auto hasta la bajada de un garage. ¿Su táctica? Probablemente aún están tratando de descifrarla. Pronto tiran nuevamente de ella y bufan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comienzo a aburrirme. Estoy por hacer zapping mental y dedicarme a cosas más productivas como el ordenamiento de moluscos en mi baño, cuando llega un chico de veintipocos años, prolijamente vestido. Toca uno de los timbres del edificio, retrocede dos pasos y comienza a esperar. Es evidente que se ha arreglado para el cortejo. Me enternece ver que su comprensión del asunto llega al límite de usar “camisa y perfume”. Con todo, se ve bonito en su torpe constancia para trasladar el peso de una pierna a la otra, como un niño que comprueba la gravedad de sus zapatos nuevos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es inevitable que la escena me atrape. Nunca he podido resistir a la esperanza del romance. Me es imposible cambiar de canal en una escena rosa. No importa qué tan trillada y vulgar resulte, me resulta imperativo mirarla. Forma parte inextirpable de mis placeres culposos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto, los dos hombres del auto han conseguido desparramar a la señora en su silla de ruedas y la empujan hasta la entrada del edificio donde está el chico. Él los ayuda con la puerta y pronto desaparecen. El chico ha quedado solo. La llovizna no parece afectar su impaciencia. Tamborillea los dedos contra las piernas. Mira a ambos lados de la calle sin ver más allá de su nariz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diagnostico que se halla en la etapa más magnética del enamoramiento. Los síntomas de vértigo horizontal e incertidumbre son visibles. Probablemente lleva meses teniendo un deseo copioso y abundante que rompe contra una muralla de dudas. Sentimientos volcánicos que se enfrían en la glacial atmósfera del pensamiento.&lt;br /&gt;A todo volumen un auto dobla la esquina. Late en su interior una música estridente. Al acercarse comienzan a vibrar los alrededores. Inconscientemente el chico empieza a balancearse al ritmo de su melodía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se enciende una luz al final del hall. Él aún observa el auto que se aleja. Cuando lo nota, un segundo más tarde, gira sobresaltado e implementa su mejor versión. Estira la camisa y se endereza. Practica su mirada profunda. Al otro lado del cristal aparece una figura femenina. Jeans y remera ligera. Anda a los saltitos, en una indecisión permanente entre los escalofríos y el trote. Se detiene ante él y sonríe. Es hermosa. Tiene el cuello largo y su boca parece poseer la humedad perfecta del beso. Los movimientos de su cuerpo están hechos de pequeños deleites. Al buscar entre el manojo de llaves, sus mejillas se colorean y frunce suavemente el ceño. Todo en ella parece crearse en una espuma invisible y desaparecer también allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay una constante conspiración de señales. Él parece presentir que ésa es la noche. Cuando finalmente la puerta se abre da un viril paso al frente. Desde acá no llego a captarlo, pero estoy segura de que sus labios se posan ladinos más allá de las fronteras del saludo decoroso, como marcando el punto de inicio para una invasión inminente.&lt;br /&gt;El chico entra con confianza y avanza hacia el ascensor. A sus espaldas ella se ha quedado detenida. Parece dudar un momento. Repentinamente abre la puerta de un golpe y salta hacia el hall. Con los brazos cruzados sobre el pecho para darse calor, asoma su nariz a la calle. Mira hacia la derecha y hacia la izquierda como si aún esperara a alguien.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-87492170947695812?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/87492170947695812/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=87492170947695812&amp;isPopup=true' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/87492170947695812'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/87492170947695812'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/06/hall-affaire.html' title='The hall affaire'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SkJEzGhNFYI/AAAAAAAAAEg/d-eMH876g48/s72-c/DSC07314.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-8707093267656339165</id><published>2009-06-21T13:03:00.000-07:00</published><updated>2010-02-06T09:59:33.579-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Absurdas aventuras cotidianas'/><title type='text'>La Tierra de Quique</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/Sj6TFMCY6tI/AAAAAAAAAEI/1icxaejKunU/s1600-h/quique%27s.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 334px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/Sj6TFMCY6tI/AAAAAAAAAEI/1icxaejKunU/s400/quique%27s.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5349875124702603986" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Quique no es sólo un hombre. Es un epicentro. Alrededor de él se genera el movimiento impensado y paradójico de lo que la utopía podría ser. En su restaurant se mezclan místicos y masajistas, viajeros y neurólogos, William Blake y una flota de vendedores de autos, la familia numerosa y el hombre solo. Hasta el día de hoy nadie más había imaginado que no serían presidentes ni monarcas los apropiados gobernantes de lo irrealizable. Se requiere de un anfitrión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su local se encuentran fotos de los comensales asiduos ejercitando el libre albedrío con excentricidad. Se permite escribir en los azulejos con temible tinta indeleble. Hay buñuelitos de acelga, como en la infancia. Y si se mira el techo, por gusto o espera, se puede hallar algún poema de Bukowski o una enseñanza de Rumi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad Quique no es un hombre extraño. Todo lo contrario, es atento y amable. Sin embargo, la impresión de haber hallado un rara avis se percibe de pronto, sin que intervengan las palabras. Por ejemplo, un día nublado uno atraviesa Scalabrini Ortiz con la fe húmeda y el colectivo lleno y justo lo ve a Quique. Está trabajando. Acomoda las sillas patas para arriba sin prisa. El colectivo pasa rápido. La imagen dura sólo unos segundos, pero una sensación de bienestar ha crecido con mayor velocidad. Ha ganado su espacio en el cuerpo. Después de todo, uno estima que la mancha neurótica que deja la urbe no es tan difícil de sacar. Se percata de que conoce a un alma y eso reconforta la propia que esa mañana no estaba apareciendo por ningún lado. Cuando llega a casa ya está mejor. La percudida marca de soledad que llevaba en la carne se ha alivianado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro día, después de una jornada de impaciencias, se llega al local y lo primero que se ve es a Teresa, la mujer de Quique. Ha regresado de dejarle comida a gatos y perros callejeros diez cuadras a la redonda. Esta es su tarea diaria. Continúa con ella a pesar de las protestas de los vecinos que piden a gritos –en carteles impresos y sin nombre– que no se los alimente en sus casas recicladas con buen gusto. Ante la osadía y disciplina de Teresa sólo se puede sentir una admiración silenciosa. Un respeto acorde, sin estridencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más allá, en una de las mesas cercanas a la barra, el amigo incondicional toma otra cerveza. Sabe que su colaboración etílica siempre es un sacrificio necesario para que bajen un cajón extra. Un poco más tarde –porque es necesario que haya un abundante manto nocturno para estas apariciones– puede presentarse una femme fatale de escote profundo y dialecto peculiar, el fotógrafo dandy que despliega su obra en las paredes y la característica barra de porteños que se corporiza generación tras generación en las mismas charlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora la mesa está completa. La picada y la conversación se abren. Los temas pasean desde el cuidado de los pececitos de agua dulce hasta una verdadera reflexión sobre los poderes empáticos de la migraña. Se puede ver cómo uno arguye teorías imposibles sin vergüenza. Se puede observar qué lejos han quedado la culpa, el ansia y el enojo. A cada sorbo de cerveza que avanza frío por la garganta, uno ha comenzando a dedicarse minuciosamente al instante. A disfrutar de los amigos. A sentir el gozo inexplorado y puro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En palabras de Quique el fenómeno se comprende más fácil y tiene menos vueltas. “La mayor satisfacción se siente cuando la gente termina su plato. En ese momento soy más feliz”, me explicó una vez mientras miraba hacia la calle en medio de su espacio con plena luz. ¿Cómo no iba a sentirse así un hombre al que se le ha concedido tal don? Alguien que no necesita conquistar tierras ajenas y proclamarlas como propias, sino que extiende su hogar a un reino más amplio, compartido por todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic; color: rgb(51, 0, 0);"&gt;*El arte &lt;a href="http://www.lordgaita.com.ar/"&gt;www.lordgaita.com.ar&lt;/a&gt; (¡Eternas gracias!)&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-8707093267656339165?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/8707093267656339165/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=8707093267656339165&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/8707093267656339165'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/8707093267656339165'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/06/la-tierra-de-quique.html' title='La Tierra de Quique'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/Sj6TFMCY6tI/AAAAAAAAAEI/1icxaejKunU/s72-c/quique%27s.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-7672759933958758940</id><published>2009-06-17T06:38:00.000-07:00</published><updated>2009-09-04T05:30:31.324-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='publicaciones'/><title type='text'>El tío Alberto en OBLOGO!</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SjjzCgmA0EI/AAAAAAAAAEA/rwGDXS8yO9w/s1600-h/fenomenolog%C3%ADa+1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 282px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SjjzCgmA0EI/AAAAAAAAAEA/rwGDXS8yO9w/s400/fenomenolog%C3%ADa+1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5348291781937123394" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Publicó "Fenomenología del Tío Alberto" en el número 8 de la revista OBLOGO, publicación semanal de distribución gratuita. Gracias a Quique y a Gustavo Faigenbaum!&lt;br /&gt;Más abajo está el relato completo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-7672759933958758940?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/7672759933958758940/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=7672759933958758940&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/7672759933958758940'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/7672759933958758940'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/06/el-tio-alberto-en-oblogo.html' title='El tío Alberto en OBLOGO!'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SjjzCgmA0EI/AAAAAAAAAEA/rwGDXS8yO9w/s72-c/fenomenolog%C3%ADa+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-1560055332740015768</id><published>2009-06-03T14:30:00.000-07:00</published><updated>2010-02-06T10:01:29.979-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='De tardes abuelos e infancia'/><title type='text'>Mi lista de la muerte</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/Sibr7QoMX3I/AAAAAAAAAD4/AairbJUwknc/s1600-h/foto+abuelo.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 312px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/Sibr7QoMX3I/AAAAAAAAAD4/AairbJUwknc/s400/foto+abuelo.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5343217411230031730" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Estoy al borde de un hueco inmenso. Parece una pileta de natación para Titanes. Allá abajo, a unos cincuenta metros de olor putrefacto y eco, hay poca agua. El lugar tiene el vaho característico de aquello que lleva mucho tiempo abandonado. “¿Tengo que saltar? ¿Es imperioso?”, me pregunto sintiendo algo similar a lo que en la vigilia se llama miedo y en un sueño queda a mitad de camino entre algo húmedo y escalofriante.&lt;br /&gt;Aún me encuentro al borde del abismo celeste cuando aparece un hombre sin rostro –uno de los nómades y mensajeros que existen en las regiones oníricas–. Se acerca y me entrega un papel. La nota contiene una lista de nombres. Me resultan conocidos pero no alcanzo a comprender de quién se trata. Sólo sé como algo irrefutable que deben morir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desperté. El corazón me latía con fuerza. La sensación de estar respirando el frío hondo y acuoso tardaba en disiparse. Finalmente la cordura horadaba. Me encontré a mi misma en la cama. Gabriel dormía. El tren pasaba. Fui al living y levanté la persiana. El sol comenzaba a sacar su cuerpo de las nubes. Abría los brazos a través de la calle intentando trepar a este lado del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dí una ducha pero la sensación de tener un miembro dormido continuaba. Algo no había despertado todavía. Toqué mis manos y mis piernas, sentí mi pecho, pero el aturdimiento no parecía venir del plano físico. ¿Qué era entonces?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la tarde continuaba postergando el escrito que debía entregar. Estaba inquieta. Una energía que en otro momento sirviera a mejores fines, estaba siendo desviada en los tamborileos de mi mano y los cambios repentinos de asiento. Me encontraba detenida en una enumeración sin sentido. Comenzaban a aparecer nombres perdidos en las encrucijadas de los años como si fueran cabezas de ganado que alguien arriaba hasta la conciencia: el novio que nunca me quiso, el amigo sin alma que envileció por dinero, los estafadores del piso cercano a Libertador, el Barba Azul que se disfrazó un rato de padrino. Todos iban desfilando sin orden, llevados por una fuerza que sólo puede emanar de un propósito ilógico. Al recordarlos repentinamente me llené de cólera. Una rabia que ya imaginaba analizada, clasificada y seca, brotó en mí. Y comenzó a crecer en la garganta de la memoria con perfidia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es incoherente cómo funciona en mí el agravio. Primero, me da vergüenza lo que me ha hecho alguien más, como si yo fuera la culpable. Después, el desprecio y la injuria encienden la impotencia hasta estallar en un grito o la tibia experiencia del llanto. Pero esta vez no ocurrió así. Simplemente continué dándole vuelta y vuelta a los traidores atrapados en mi cabeza. Los veía suplicantes, desnudos, perdidos… pero nunca muertos. Acaso el sueño intentaba decirme eso. Que aún cargaba con ellos. Que a pesar de mi larga travesía por la catársis y el psicoanálisis, no había podido dejarlos atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya casi no había sol cuando inexplicablemente un recuerdo se hizo más visible que el resto. Se dotó a sí mismo de una cara nítida y una circunstancia específica como si se vistiera. Ahora era el Colorado caminando hacia mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel verano, el calor había obrado un ruboroso milagro. El niño dientudo y pecoso del año anterior había desaparecido en unos rasgos perturbadoramente masculinos. Marzo había devuelto a la escuela a un Colorado diferente. Dos cabezas más dominante y emanando un bronceado magnético. Su imagen de entonces se repetía en una dimensión de tres pasos. Él caminando hacia Mara –de doce años– en un atardecer de patio. La ocasión: el primer baile. El cielo comenzaba a mostrar una panza rosada y retozaba como un gato entre las nubes. Hacía calor y la melodía que sonaba en el pasacassette era lenta. Demoraba a las esporas que flotaban en el aire.&lt;br /&gt;“¿Querés bailar?” dijo el Colorado con la seguridad de no encontrarse más que con la incontrastable y plena aceptación. El origen de su cuello olía a cloro y Hawaian Tropic. En la música el Colorado se movía torpemente, pero el aroma que despedían sus poros era hipnótico. Mara tuvo que cerrar los ojos para caer en el hechizo sin culpa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mirándolo en perspectiva –considerando la imprecisión constante a la que está sometido alguien al borde de su adolescencia– creo que estaba enamorada. Pronto comenzamos a salir en selecta manada. Patinamos sobre hielo. Nos regalamos Watusis de cerámica y monos de peluche.&lt;br /&gt;En fin, compartíamos la dulce intimidad de los oseznos hasta el día en que llegó Romina Canale.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;R.C. se incorporó a la escuela con la impunidad de quien puede hacerlo a mitad de año porque regresa del extranjero. Romina era portadora de una belleza inequívoca: flequillo dorado y recto, mejillas turgentes, carnet de “federada” en algún deporte que requería de pelota y minifalda. Romina no tenía segundo nombre. Parecía no necesitar del sustantivo propio que suele cederse al ocultamiento o la adivinanza. Romina Canale se sentía bien definida en esas dos palabras; que repetidas día tras día, al pasar lista, anunciaban su éxito futuro como centro de estética o cadena de depilación.&lt;br /&gt;Para ser exactos, Romina no era una chica perfecta. Era todas las chicas perfectas que han existido y exisitirán en su promedio ideal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muy pronto la atención del Colorado hacia Romina fue aumentando y los Watusis de cerámica de Mara fueron disminuyendo. Hasta que un mediodía a la salida del colegio Mara pudo comprobar su oprobio. En la esquina, tras la pared roja, Romina sonreía absorta. En sus manos había un monigote abyecto y multicolor. El Colorado estaba a su lado y la observaba con una expresión de alegría desconocida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, podríamos decir que mi lista de la muerte comienza entonces, con el Colorado. Es extraño que lo no recordara antes. Siento ahora el regusto del primer desengaño. Ese sabor que sólo se puede experimentar con fuerza en el primer golpe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y al día siguiente había que volver al colegio.&lt;br /&gt;Se escucha el jingle de “Rapidísimo” por la radio. Es demasiado temprano para soportar la jovialidad profesional de Larrea o la letra “un enanito muy chiquitito que salió a pasear” sin exasperarse. Mara llega al cuarto de su abuela arrastrada por la obligación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Se te hace tarde para el colegio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Beba la mira y sus cejas de vikinga se transparentan sobre el ceño para evitar la huella del enojo. Sus manos hechas a baldazos descolocan pronto cualquier ensueño. Ayudan con la musculosa, la meten a la fuerza en el jumper, la peinan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin el Colorado no hay mucho que hacer en clase. Hace frío y los recreos aguijonean las piernas y la soledad. Hay que soportar a la “Cara-feliz” de la Señorita Liliana –demasiado radiante para no sufrir una insolación en el ánimo– y atender a una clase de conjuntos que pretende lidiar con abstracciones del universo pero siempre concluye con una intersección entre tortugas y zanahorias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay caso, la escuela es un lugar inhóspito y vano, como el resto del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero entonces, en el marco de la puerta aparece una mano y poco después ¡Don Julio en camiseta! Ver caminar a mi abuelo me produce una alegría radiante. Cósmica. Adelante va andando su rebaño de dedos, con confianza, atrás su ceguera color miel. Viene hacia mí despacito, con sus hombros generosos. Desnudos de carga, colmados de sol. Su piel está curtida, su pelo lleno y blanco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Se levantó la Colifa! –exclama, como un niño, desde esa mirada ciega y su sonrisa clarividente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo que grité “¡A E O!” y corrí a abrazarlo fuerte, fuerte. En segundo grado había aprendido la diferencia entre las vocales abiertas y cerradas. Desde entonces lo llamaba “AEO”. Para mí estaba claro que él pertenecía al primer grupo. ¿De qué otra forma alguien que nunca me había visto podía quererme tanto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora creo comprender el verdadero propósito del sueño. Tal vez trataba de avisarme que las deudas caducan. Que es hora de ir liberándose de rencores añejos o próximos. ¿Cuál es el sentido de mantener viva la lista? Continuar alimentándola, en cautiverio, con la carne de la memoria. Permitiéndole girar y girar en mi jaula mental.&lt;br /&gt;Quizás el mensajero sin rostro pretendía decirme que era absurdo. Que ya empieza a ser hora de ir soltando. Acaso y simplemente porque las listas de la muerte mueren y el abrazo de mi abuelo sigue durando.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-1560055332740015768?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/1560055332740015768/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=1560055332740015768&amp;isPopup=true' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/1560055332740015768'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/1560055332740015768'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/06/mi-lista-de-la-muerte.html' title='Mi lista de la muerte'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/Sibr7QoMX3I/AAAAAAAAAD4/AairbJUwknc/s72-c/foto+abuelo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-4155205833822266984</id><published>2009-05-20T17:00:00.000-07:00</published><updated>2010-02-06T10:00:42.038-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Absurdas aventuras cotidianas'/><title type='text'>Era Oscar Caretti o los primates</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/ShSahJJaRwI/AAAAAAAAADw/slpkY4lI8Do/s1600-h/Picture+2.png"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 296px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/ShSahJJaRwI/AAAAAAAAADw/slpkY4lI8Do/s400/Picture+2.png" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5338061352522630914" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El alquiler del departamento de enfrente no fue tan rápido como se esperaba. Los meses habían alivianado, insospechadamente, la lista de exigencias del dueño. A este edificio de arquitectura amable –aunque habitado por viejos predispuestos al grito y el encono– consiguió entrar una manada. Iba compuesta por tres hombres gigantescos y una mujer cuyos lazos sanguíneos, políticos o contractuales nadie pudo establecer más que con inexactiud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía falta un breve vistazo para comprender porqué eran temibles. Al cruzarlos en la escalera, de improviso, se experimentaba el miedo atávico de las estampidas corriendo en una vida muy lejana. Sus manos peludas al sujetar la baranda parecían musculaturas creadas para el estrangulamiento. Sus gestos se veían más aptos con el gruñido que ante la palabra. Todo en ellos encendía los poros con desconfianza. Pero el miedo verdadero emergía cuando frente al frío reflejo de sus ojos, podíamos reconocernos como ciervos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue a los pocos días que el buzón de cartas amaneció destrozado. La forma en que estaba abierta la tapa confirmaba la fuerza de algo que no era del todo humano. A primera hora de esa misma tarde, Oscar Caretti se quedó más tiempo del necesario secando los platos después del almuerzo. El sol invitaba a cerrar los ojos, pero él los tenía muy abiertos. “Estos hombres nos van a traer problemas”, se dijo en su asiduo tono de resignación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Permítanme presentarles los pocos datos erráticos que sé de Oscar Caretti. Es un hombre de 59 años que vive con una esposa rozagante en el 1 “C”. No lo he visto vestir otra cosa que camisas a cuadros y voz grave. Un hombre que a veces piensa en sus dos hijos como varones devenidos en cuentapropistas y otras veces en sus alquileres extras. Mientras se desliza en patines por un parquet digno del comentario general en las reuniones de consorcio piensa en eso, pero no llega a definir si se siente mejor. “Aunque debería” como siempre dice su mujer. En otoño, cuando la lluvia intenta apagar las cosas, Caretti se esconde detrás de los árboles cercanos para encender un cigarrillo. Supongo que también se esfuerza por comprender si “fumar sin que ella lo sepa” lo divierte aunque sea de forma difusa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero volviendo a la línea cronológica: una semana después de que alquilaran el 2 “C”, tocaron el timbre de mi departamento. Era Caretti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–El cable no me funciona. ¿A usted sí? –preguntó con sus facciones cayendo lentamente ante la ley de gravedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asentí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No es por acusar pero creo que éstos me robaron el cable –señaló a sus espaldas con toda su mano lampiña.– ¿Y vió lo que hicieron con el buzón? ¡Son unos primates! –dijo y un odio tibio como el que puede sentir un pez o un cetáceo saturó su mirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Llegó a desear la venganza? ¿Sintió el peso caliente del rencor en el estómago cuando pronunció la palabra “primates”? Cómo saberlo, Caretti bajó los hombros al escuchar el llamado enérgico de su mujer, saludó y volvió a su departamento un piso más abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los golpes comenzaron poco después. Primero sucedían durante el día pero pronto se volcaron por las noches como si la represa de civilización, que hasta entonces nos separaba, se hubiera roto definitivamente. Desde mi departamento se oía algún portazo, un grito de mujer estrictamente por la madrugada, el chumbido feroz para demostrar quién seguía siendo el macho alfa o el grito de la cópula. Imagino que en el piso inferior los ruidos sonarían aún más escandalosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sumaron los alaridos y los golpes a los días y contribuyeron a regenerar las pesadillas que en Caretti no crecían desde hacía tiempo. Es altamente posible también que la repeticiones de su esposa acerca del “legítimo derecho que tenían como propietarios” ayudara a que un sentimiento más específico, como el agravio, sedimentara finalmente en él. ¡Era Oscar Caretti o los primates!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo que yo bajaba con mi paraguas en la mano, cuando Caretti subía. Por el vidrio roto del ventanal soplaba un viento profundo y húmedo. Me saludó sin levantar los ojos de los escalones. Parecía temeroso de perder la cuenta de los que podrían ser sus últimos pasos. Supe luego que al tocar el timbre la puerta se abrió como si hubieran estado esperándolo. Uno de los primates –presumiblemente el macho alfa – lo empujó hacia adentro. El relato posterior varía de vecino en vecino, pero coincide en describir las siguientes escenas como reales: una vez adentro Caretti se encontró en una tierra sin ley. El departamento estaba casi vacío. Había un colchón y una mesa baja llena de diarios que habían sido utilizados para envolver objetos inimaginables. Dos hombres discutían con una estufa. Hacía demasiado calor, por lo que era evidente que la estufa iba ganando. Ante sus saltos y empellones Caretti pudo comprender rudimentariamente que los primates requerían de él para apagar la loza radiante. Comenzaban a mostrarse perturbados y sudorosos al no comprender cuál era el mecanismo laberíntico que los exorcizaría de ese mal. Caretti se vió en cuchillas, arremangado, tratando de mover la perilla que los monos habían deshecho mientras ellos atendían fascinados a sus meticulosos movimientos. Dos horas más tarde Caretti volvía a su departamento lleno de enojo sin haber conseguido vaciar su protesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si aún restaban certezas sobre la calidad ilícita de la profesión de los inquilinos, pronto aparecieron. Comenzaron a llegar cartas de intimación de pago, carnets de socio de un Club Atlético y gordos en indumentaria deportiva. Un sábado a las dos de la mañana sonó un largo timbre en el departamento de Caretti. Sonmoliento atendió el portero eléctrico. Una voz aletargada le expresó sin suspicacias que le cortaría los dedos antes de que él pudiera decir “equivocado”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caretti comenzó a sentir impotencia. Pensó en abogados, en matones, en un raro tipo de garrapata que los enloqueciera, pero como si sus deseos hubieran despertado una fuerza opuesta aún mayor, los portazos se intensificaron y los golpes ahora empezaban un piso sobre su cabeza y continuaban un piso bajo sus pies. El macho alfa había iniciado un romance con la veterana en desabillé de la planta baja. La réproba ya tenía en su historial una minifalda inapropiadamente corta para sus años, un ex-marido ebrio y las expensas impagas. “Era lógico que congeniaran” pensó Caretti una noche de insomnio, mientras escuchaba arriba el llanto punzante y los bramidos de apareamiento abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que fue un martes cuando los bomberos rompieron la puerta. Después de reiteradas escenas de celos, Caretti escuchó cuando la mujer engañada amenazaba con matarse. Casi sintió felicidad ante la tragedia que podía liberarlo de los primates. Una noche lo sobresaltaron los golpes iracundos del macho alfa. Por los gritos supo que no podía entrar a su departamento. Ella no contestaba. Al marcar el número de la policía y constatar que el caso escalaba hasta el departamento de bomberos, Caretti festejó. Todo el edificio estaba despierto cuando los bomberos ingresaron con un tronco de acero, luces y barretas. Intentaron derribar la puerta primero con ímpetu, luego ya solo con impericia. Se estrellaron contra la madera con constancia irregular e ilógica hasta que cedió. Todos entramos en el 2 “C”. Todos buscamos el rastro de sangre o el cadáver azul y tieso pero en su lugar nos esperaba una nota. “Me fui a la quinta. No vuelvas.” decían las palabras sin firma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El desalojo del primate se hizo efectivo mucho después de que él se hubiera instalado plácidamente en la planta baja junto a la veterana que ahora tiene un motivo para usar el desabillé al despedirlo apasionadamente en la puerta. Sé que Caretti continúa esperando su venganza. Por primera vez en mucho tiempo él también siente algo que lo define con fuerza y por oposición. ¡Ahora puede considerar a alguien su enemigo! Finalmente se aflige con verdadera claridad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-4155205833822266984?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/4155205833822266984/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=4155205833822266984&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/4155205833822266984'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/4155205833822266984'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/05/era-oscar-caretti-o-los-primates.html' title='Era Oscar Caretti o los primates'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/ShSahJJaRwI/AAAAAAAAADw/slpkY4lI8Do/s72-c/Picture+2.png' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-3887439059825143679</id><published>2009-05-08T13:59:00.000-07:00</published><updated>2010-02-06T10:01:57.339-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Absurdas aventuras cotidianas'/><title type='text'>Cuentos de peluquería</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SgSdgY5hyXI/AAAAAAAAADo/bYJSdADf9yc/s1600-h/cortar+el+pelo.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 292px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SgSdgY5hyXI/AAAAAAAAADo/bYJSdADf9yc/s400/cortar+el+pelo.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5333561038478625138" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Aún permanecía en el baño. Sostenía la tijera, no me animaba a soltarla. La cara me miraba desde el espejo y sus ojos, fijos en mí, mostraban la clase de sorpresa que siente la razón ante lo insólito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi teoría es ésta: una mujer cuando sufre, está en crisis o simplemente siente que el desarrollo de su guión vital carece de la apropiada cantidad de romance, se corta el pelo. Algo en su interior se ha desplazado de lugar o se ha bloqueado y por lo tanto se ha producido un cambio. La mujer no puede esperar para confirmar su mutación en el exterior. Hacerla clara y visible para todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi problema es que detesto las peluquerías. Desde niña sospecho mi fobia. La última vez que entré a uno de esos antros, se quebró definitivamente mi mesura impertérrita ante las influencias macabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era un local de cadena con piso de porcellanato sobreiluminado y lleno de anónimos aspirantes a un nombre como el de la puerta. Por no desentonar con las costumbres lugareñas me hallaba hojeando una revista, cuando me asaltó una arpía con aspecto de peluquero joven. Este hombre delgadísimo y morocho llevaba un corte de cabello abstracto con mechones rojos, que mostraban su determinación profesional para convertirse en extraterrestre. Al hablar, salían palabras fruncidas de sus labios turgentes. Era extraño ver una boca así practicando tan arduamente el decoro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su primer tema de conversación fue Pampita, la modelo. Hablaba de ella con esa devoción dorada que embargaba a las abuelas al evocar a Libertad Lamarque. Necesitó confesarlo con un rictus constreñido: “Él” había peinado a Pampita en un desfile de ropa interior. “Él” daba fe de que sus carnes estaban firmes, de que era hermosa y buena como las alondras y los petirrojos. Acto seguido sacó un álbum. Ojalá mintiera, pero sacó un pesado libro de cuero y comenzó a mostrarme las fotos junto a la diva. “Él” sobando su nuca. “Él” enrollando un bucle de su cabeza. “Él” parado a su lado. Ambos ostentando el mismo talle y la misma sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reconozco ahora entre las cosas que me enfadan “la situación del festejo”. Ese momento en el que alguien te apremia para repetir “Qué bueno, qué lindo”, y hay hasta quien pretende un “¡Qué fantástico!”, antes de darse por satisfecho. Debo confesar que mi entusiasmo había sido notoriamente mal fingido y escaso. El peluquero cerró el álbum de un golpe y comenzó a peinarme con un fervor vil. Tiraba de los mechones como si fueran nabos a arrancar de la tierra. Su conversación cayó como cuervo sobre el estado de mi cabello. Intentó azuzarme con lo mal cuidado que se encontraba. Arremetió contra la terrible y espantosa conjura de hermafroditas que había realizado mi última tintura (que por cierto había sido en otro local de la misma cadena). No creo que este joven conociera el significado de la palabra “eufemismo”. Me dió a entender sin ambiguedades que mi cabello era un estropajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la esperanza se encendió automáticamente como las luces fotosensibles. Existían sobre esta tierra ciertas “cremas restauradoras” que prometían alcanzar la inmortalidad. En todos y cada uno de los envases plateados o tornasolados que me iba recomendando, yo tendría la salvación a mi alcance. Y debo reconocer que su precio era muy módico tratándose de la redención del alma, aunque excesivamente caro para restaurar las puntas del pelo únicamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Utilicé mi más sobria amabilidad para rehusar esos productos y mágicamente cesó su charla. La hoguera de hielo que brillaba en su mirada un segundo antes, se extinguió. Continuó sin embargo tironeándome del pelo con desprecio, pero si decir palabra. Al terminar el secado, al cual me hubiera negado de ser primavera, dió vuelta mi silla de un giro brusco y pude verme. ¡Dios Mío, su odio había tomado la forma del merengue sobre mi cabeza! Ese día corrí a casa, como un monstruo perseguido por pueblerinos con antorchas de fuego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue la última vez que ingresé a una peluquería. Y si bien no es una decisión irrevocable, hasta ahora cuatro años después, goza de cierta estabilidad de vigencia. También ha exsitido el caso contrario. ¡He ido a cortarme el pelo con un mismo peluquero con una fidelidad de hasta cuatro veces! No fue hasta la cuarta visita que noté que el hombre estaba chiflado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era lo suficientemente peculiar como para ocasionar extrañeza o interés. Era un chico de veintidós o ventitres años, de peinado raro a reglamento. Su habilidad mayor consistía en permanecer callado. En una peluquería se puede llegar a apreciar el silencio con verdadera vehemencia. Cortaba bien y a lo sumo hacía un chiste menor o para sus adentros. Para mí representaba un ser casi utópico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero un día una de mis preguntas intencionalmente vagas dió con una respuesta tan precisa, minuciosa y desesperada que simplemente se me fue el habla. Su novia lo había dejado. Él era un buen partido para ella, lo sabía bien. Ella ganaba razonablemente para lo que hacía, que no era mucho. Iban a bailar los viernes, tenían relaciones tres veces por semana y comían en tenedor libre los sábados a la noche. No podía comprender qué le había agarrado. Comenzó a alterarse al exclamar repetidas veces que ella estaba loca. “¡Todas las minas están locas!”, dijo con ojos inyectados en sangre y blandiendo la tijera en el aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dentro de mis desatinos en la elección de peluquerías, comprendí que escoger una a sólo dos cuadras de tu casa, puede resultar muy incómodo. Ahora cada vez que inevitablemente nos encontramos en una recta sin árboles o frente a frente cruzando la calle, en un día propicio para el duelo, me veo obligada a poner mi mejor expresión de: “Oh, creo que me dejé un pinguino en el fuego” y a tomar otro rumbo. Mientras él, sin comprender nada y probablemente confirmando su teoría sobre el desquicio femenino, hace como si mirara el suelo en busca del último lugar donde hizo pis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He intentado, como parte de algún ejercicio analítico ocioso, determinar el momento en que surgió en mí tal suspicacia hacia las peluquerías. Existe una encrucijada en la vida de una niña donde comienza a definir el camino de mujer que desea andar. Yo tendría 8 ó 9 años cuando lo sentí por primera vez y supe que el cabello era una parte fundamental del asunto. Tuve la iluminación viendo otro capítulo repetido del Agente 86. Deseaba parecerme a la 99. Esa mujer representaba el paradigma de distinción histriónica. La única que podría acercarse a la elegancia de la Pantera Rosa, aún con la visible desventaja de ser humana. Toda una hazaña a mis ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era cuestión de verla bajar las pestañas postizas ante las incongruencias de Max, bailar Agogó con sus muñecas esbeltas sometiéndose a los ritos del azar o cuando desenfundaba su pistola roja y luego hablaba con su esponja, para comprender que llevaba la vida más interesante del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue así que acompañar a mi madre a la peluquería, de pronto, tomó un sentido imperativo. Esperé la próxima visita a lo de Marta con anhelo. La peluquería quedaba en su casa de Santos Lugares. Para acceder se golpeaba suavemente la ventana y su hermana Luisa, quien a veces harta de cebar mate la ayudaba con alguna tintura, te entregaba las llaves de la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marta era una mujer sobre la que alguien siempre se compadecía en los siguientes términos: “Se desloma trabajando y el marido es un vago”. Era una mujer ínfima y renga que mantenía a su amplia familia con el sudor del brushing. Alguien que a pesar de verse rota e inadecuada, demostraba cada día que permanecería entera donde los más aptos fracasaran. Ella podría pronunciar la palabra “bigudíes” con firmeza incansable. Jamás se daría por vencida ante el platinado remoto de una morocha carbónica o las desmedidas exigencias de spray en las viejas sordas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al sentarme en la improvisada silla para chicos y colocarme el delantal de plástico con olor a indestructible, confié en la determinación de Marta. Si había alguien en el sistema solar capaz de transformar mi cabello hirsuto, cerdoso y tieso en el corte perfecto de la 99, era ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Como lo vas a querer cortar? –me preguntó desde la baja llanura de sus gestos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Como la 99 –dije esperanzada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que se produjo después cayó en mi bolsa de desconciertos. Marta no conocía a la 99. Nunca había visto al agente 86, ni sospechaba de Caos. La mujer sin derrotas no era capaz de comprender hacia dónde debía librarse la contienda. Estaba ciega en pleno campo de batalla. Mi resignación fue necesaria, no había posibilidad alguna de victoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora frente al espejo me remontaba a la larga serie de situaciones que me había conducido a hacerlo. A cortarme el cabello yo misma. La amorfia descansaba en mechones sobre la frente intentando permanecer indescriptible o, con un poco de suerte, lejos de los adjetivos. Lo cierto es que ni siquiera había podido hallar misericordia en mi propia mano.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-3887439059825143679?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/3887439059825143679/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=3887439059825143679&amp;isPopup=true' title='15 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/3887439059825143679'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/3887439059825143679'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/05/cuentos-de-peluqueria.html' title='Cuentos de peluquería'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SgSdgY5hyXI/AAAAAAAAADo/bYJSdADf9yc/s72-c/cortar+el+pelo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-2635035797886884984</id><published>2009-04-30T06:52:00.000-07:00</published><updated>2010-02-06T10:02:38.023-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Misceláneas'/><title type='text'>Otoño en la costa del pez comido</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SfmtZbHT1LI/AAAAAAAAADg/tYU9dr4DtyY/s1600-h/perritos2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 268px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SfmtZbHT1LI/AAAAAAAAADg/tYU9dr4DtyY/s400/perritos2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5330482286256444594" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Aparecimos en Mar del Tuyú. Gabriel y yo entramos en el balneario con la desilusión contenida, pero sin sorpresa. Había una imagen que se derretía lentamente entre las cuatro paredes enmohecidas que nos rodearon. El secador de piso perpetuándose en los baños, un esqueleto de edificio ennegreciéndose como si su único propósito hubiera sido siempre el abandono. Peces comidos a la hora en que ya sólo juegan los perros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún en una tierra tan alejada de la civilización del jacuzzi, se sufre un arriesgado encanto. ¿A qué me refiero? Cuando esa tristeza que parece filtrarse en cada acto, comienza a sentirse agradable. Inesperadamente una extraña joya verde engarzada en alas, deja de ser mosca y la calma fría se transforma en una amplia tarde de mar. Se abren otras sensaciones como el hambre de brisa y el caminar sin destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Han estado alguna vez en el ojo de un milagro? Supongo que se parece a los huracanes. Afuera, está todo revuelto pero en el centro apenas oscila la frecuencia del infinito. En ese lugar, donde no llega la longitud de onda de los pensamientos, fue donde aparecieron los perros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En nuestras reposeras reclinables, el café con leche sabía a plástico pero entraba como un calor terso y silencioso, táctil. La tarde comenzaba a hundirse en el frío. El primer can llegó con las pisadas de un testigo. Era una mezcla muda de animal y arena. Una esfinge bigotuda que pronto se extendió a los pies del sol. Con una olfateada indiferente despreció nuestra última galleta y se dedicó a cosas más sagradas como rascarse bajo una pata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto nuestro alrededor iba desapareciendo y brotando en una nueva marea de sombra. Se podía sentir calor y frío a la vez. Como si uno fuera un planeta. Una tierra iluminada en el hemisferio nuca y al otro lado una noche disolviendo la cara. Íbamos deteniéndonos a la velocidad de cosas que no pertenecían a nuestra misma dimensión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces otro perro, probablemente con una sola primavera de vida, entró a husmear entre las cosas. Pronto robó el naufragio de galleta y comenzó a jugar como si estuviera hecho de una estela de músculos negros. Volcó una taza abjurada. Alebrestó una bandada de pájaros que al levantar vuelo se transformó en oro. Hizo una corrida profunda tras un cuatriciclo. Fue un alma entera mordisqueándose con otro perro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué sería la felicidad para él? Me levanté de esa pregunta para estirar el cuerpo. La oscuridad comenzaba a hacerlo anónimo. Solo presencia. Los perros eran una serie de cabriolas mágicas. Oleajes de movimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue instantáneo. En una distancia más corta que el pestañeo, ¡correteábamos los cuatro! Éramos todos cachorros entre los seres más viejos. Revelaciones. Un pequeño revolcón de estrellas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-2635035797886884984?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/2635035797886884984/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=2635035797886884984&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/2635035797886884984'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/2635035797886884984'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/04/otono-en-la-costa-del-pez-comido.html' title='Otoño en la costa del pez comido'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SfmtZbHT1LI/AAAAAAAAADg/tYU9dr4DtyY/s72-c/perritos2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-7971907132551277747</id><published>2009-04-13T11:30:00.000-07:00</published><updated>2010-03-04T10:26:12.646-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Treinta y...'/><title type='text'>Lunes</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SeOFM3VgCtI/AAAAAAAAACw/5oEqgaA_eYs/s1600-h/librer%C3%ADa+durand.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 252px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SeOFM3VgCtI/AAAAAAAAACw/5oEqgaA_eYs/s320/librer%C3%ADa+durand.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5324245640541113042" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En sus peores días Graciela no dejaba de imaginar que su vida podría haber sido mejor. Y esa mañana parecía estar haciendo méritos para conseguir uno de los primeros puestos del ranking, antes del mediodía. En el subte una secretaria de uñas esculpidas se le había adelantado en la cola y ella no había dicho nada. Un terrible agravio por el cual hervían su enojo y su vergüenza. Luego al llegar a la oficina tuvo que ayudar a poner en cajas las carpetas y los papeles de un empleado ausente, para no demorar la mudanza. Como hechos aislados no eran graves, pero en la acumulación se volvían peligrosos. Ahora amontonaba minutos de escuchar a la Señora Verdino hablando sobre un peluquero fantástico, llamado Kokibutz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Cuando se fue de la peluquería lo busqué por todos lados –dijo la esposa del jefe con ese candor inocente que envuelve a las rubias platinadas y a los caniches pequeños–. Busqué Kokibutz por un servicio de internet y nada. Kokibutz en el padrón electoral y nada. Me recorrí todas las peluquerías de Belgrano preguntando por Kokibutz y tampoco. Hasta que di con el teléfono de una “ex”…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Graciela escuchaba de a ratos. “Con mover un poco la cabeza de tanto en tanto cualquier mamífero imagina que se le presta atención”, pensó. ¿Cómo había llegado el favor de ayudar a la Señora Verdino con la nueva decoración? ¿Por qué tenía que escoltarla como si fuera su chaperona? ¿Cuánto tiempo más tendría que ser testigo de sus atrocidades artísticas? La semana pasada se había visto forzada a sonreír gustosa ante unas palomas de yeso y un faraón bizco. Ahora la acompañaba a buscar papel crepé de colores para hacer “Bouquets de Bienvenida” para los empleados y proveedores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay cosas que uno no sospecha que detesta hasta que las escucha dichas por la persona incorrecta en un momento innoble. “Bouquet” de pronto se había convertido en una palabra que en la escala Richter de lo detestable, tendría la intensidad de un terremoto magnífico. Graciela exhaló todo su aire para no implosionar como un agujero negro en el medio de Diagonal Norte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Yo siempre estoy haciendo cosas. Soy cosmetóloga recibida y decoradora de interiores. El mes pasado terminé un curso de Ambientación y Estilo. Hay que mantenerse activo, ¿viste?  –La Señora Verdino hizo como un chucu chucu de locomotora con una de sus uñas rojas, hecha con una pericia muy costosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al verla Graciela inevitablemente pensó en sus uñas comidas y atrofió las manos involuntariamente. ¿Cómo sería hoy si se hubiera animado a Fernando? “No me gusta ese muchacho. Es un vago y vos una puta. Nada bueno puede salir de eso”, había dicho su madre. “Lautaro en cambio es alguien con un negocio familiar. Siempre tendrá futuro.” Odiaba a su madre por la sentencia, pero también sabía que en algún lugar, ella había consentido. La lógica era la misma que empleaba todos los días para ir a trabajar puntualmente, recoger la ropa del lavadero o comprar el último perfume que después casi no usaba. De hecho era la razón misma del mundo que rugía a su alrededor como si tuviera un brote contínuo de locura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto la Señora Verdino recitaba frases compulsivamente. Decía haberlas encontrado en libros milenarios de probervios chinos, aunque en su tono de voz parecían vagos recuerdos leídos en los sobrecitos de azúcar del último té con amigas. Por suerte, bastaban para tenerla entretenida. Iba tan entusiasmada con su propia charla que no requería de mayor esfuerzo escénico por parte de Graciela. En los últimos minutos había abandonado cualquier sacrificio expresivo. Dejaba su cara en punto muerto mientras veía pasar otras llenas de gestos elocuentes en el teatro ambulante de los hombres a celular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Leíste Osho? –preguntó la Señora Verdino con una súbita necesidad de tener un interlocutor vivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Cómo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Que si leíste Osho, el hindú –La señora Verdino no era de las que se ofendían por repetir sus palabras. Probablemente estaba acostumbrada a hacerlo más seguido desde que se había casado–. Es maravilloso. Tiene ejemplos muy… ¿cómo se dice?... –abrió las manos como si abarcara un universo en expansión entre los límites de su manicura. –Creo que tengo un libro “pocket” en la cartera. Si querés te lo presto…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenzó a rebuscar entre los intestinos de su gran cartera dorada. Anotadores rosados, una palm y un labial Lancome se asomaron intranquilos al borde de su mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habían llegado a la entrada oscura de la Librería Durand e hijos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No lo encuentro. Entremos que mientras esperamos lo busco mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El interior de la Librería Durand era un espacio percudido por el siglo. Un vórtice donde se producían generaciones de padres e hijos que heredaban la genética triste y el mismo lugar de trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al atravesar el umbral, la penumbra alargó la lengua hasta la nariz de Graciela. Metió el resto de sí misma en la boca de sombra, de un solo paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había pocos clientes. Un cadete, dos administrativas y un vendedor de inmobiliaria que conservaba la fe de la gomina. Detrás del mostrador tres torsos, que antes de derretirse en la rutina de los anillados habían sido hombres, atendían ordenadamente los pedidos. El cincuentón de jopo amarillo tenía la expresión desierta que se encuentra en los calendarios de cajones perdidos. También había un hombre petiso de aproximadamente treinta años que iba y venía, oscilando entre los ceños fruncidos por el deber o por el disgusto. Finalmente estaba el viejo Durand. El viejo ostentaba la distancia más larga a la que se hubieran sometido la vida de un hombre en ese sitio. Tenía casi noventa años y las arrugas le cubrían la cara como la maleza salvaje. Sólo su mirada hundida permanecía incombustible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Graciela cerró los ojos. Podía sentir que su estómago estaba crispado, prisionero de algo que había encontrado forma definitiva en la falta de luz. El grito la tomó de sorpresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡HIJO DE PUTA, ME TENÉS PODRIDO!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El aullido se quemó tan de repente que consumió todo el silencio en un segundo. Al abrir los ojos, Graciela sintió el vuelco de su corazón. El hombre del jopo ahorcaba al viejo. Lo estrangulaba contra los estantes con una brutalidad que no dejaba lugar a dudas: su mente también se había evaporado en el alarido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡HACE TREINTA AÑOS QUE ME ROMPÉS LAS PELOTAS! QUIERO VER SI VOS PODÉS HACERLO MEJOR. ¡QUIERO VER!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre apretó el cuello del viejo con un caudal de fuerza que embestía como una manada de años. Su jopo descuartizado temblaba de nervios. El cascarón del viejo comenzó a ceder. En la frente se le astillaron las venas. La respiración raleaba. Todos los espectadores permanecieron clavados en sus lugares, incapaces de reacción. El aire se había vuelto tan filoso que las miradas temían moverse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡VIEJO DE MIERDA! ¡HIJO DE PUTA!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo golpeó una vez más contra los estantes de cajas. El viejo comenzaba a abdicar al oro oscuro de su soberbia. Se volvía blanco. Graciela pudo notar que la mirada se hacía transparente de este lado del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez la respiración quieta de los espectadores abrió nuevamente la mesura en el cuerpo del hombre. Quizás simplemente la tecnología del pensamiento volvió a funcionar en su cerebro. Lo cierto es que como si fuera atraído hacia un campo de gravedad más fuerte, de pronto soltó al viejo. Lo dejó ir de sus manos enrojecidas y el bulto maltrecho se derrumbó hasta el suelo. Fue el petiso quien se agachó para recogerlo, aplicando su ceño a un asunto grave. Lo sentó de nuevo en su silla como si volviera a poner un engranaje fundamental en su sitio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos observaban magnetizados. Por ese instante, sus voluntades pertenecían al hombre del jopo. ¿Qué otra extrañeza de monstruo les tendría reservadas? Pero el hombre reconstruyó su cabello con torpeza y volvió a ser el cincuentón. Pestañeó un par de veces, acomodó su camisa y tomó el próximo número como si allí no hubiera pasado nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–42 –dijo y todos continuaron como si antes hubiera acontecido el 41.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos, excepto la Señora Verdino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No se ponga así. Tómelo con calma –dijo como si explicara la mejor forma de espesar de la salsa blanca sin que se hagan grumos. –Piense que es su familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Graciela pudo notar que la escala Richter del cincuentón tocaba una magnitud alta mientras asentía a las palabras de la Señora Verdino e intentaba poner ganchos en una abrochadora. En ese momento todos los presentes tuvieron el mismo deseo solidario: que la Señora Verdino, de pronto, perdiera el habla. A pesar de tener la potencia del pedir colectivo, el anhelo no se cumplió. La Señora Verdino continuó diciendo que ella estaba mucho mejor desde que hacía yoga. Que el secreto era respirar. Dejar salir la mala onda con la expiración e inspirar amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al salir de la librería, Graciela se sentía inesperadamente liviana. Como si al ver la escena se hubiera resuelto un símbolo abstracto que llevaba dentro y alguna piedra hubiera caído, dejando al descubierto un camino nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Lo encontré! –dijo la señora Verdino sosteniendo un librito con un señor barbudo en la tapa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo abrió al azar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No te digo, Osho es muy sabio –su voz salturreó en un pedregal de alegría. –Dice: “Si te aferras al pasado, tu futuro no puede ser otra cosa más que tu pasado modificado. Una repetición apenas retocada de lo mismo.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún en ese tono de cosmetóloga recibida, a Graciela la frase le sonó extrañamente acertada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-7971907132551277747?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/7971907132551277747/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=7971907132551277747&amp;isPopup=true' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/7971907132551277747'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/7971907132551277747'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/04/lunes.html' title='Lunes'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SeOFM3VgCtI/AAAAAAAAACw/5oEqgaA_eYs/s72-c/librer%C3%ADa+durand.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-2732099837641747328</id><published>2009-04-03T14:02:00.000-07:00</published><updated>2010-02-06T10:03:30.536-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='De tíos y galanes'/><title type='text'>Fenomenología del Tío Alberto</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SdZ58lYx2CI/AAAAAAAAACo/a4ETL3hnWdw/s1600-h/los+albertos+2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 400px; height: 334px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SdZ58lYx2CI/AAAAAAAAACo/a4ETL3hnWdw/s400/los+albertos+2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5320574091519973410" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El tío Alberto era un tipo que disfrutaba de la vida en bata. Hicera frío o calor lo encontrabas bien peinado y con una bebida fresca como parte de su anatomía. Con el tiempo me fui dando cuenta de su relevancia. Los tíos Albertos equilibran el mundo. Le aportan la osadía que muchos de nosotros, pecadores, no podemos siquiera intentar bajo el picoteo constante de la neurosis o la agenda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tío Alberto no gozaba de buena fama. El bronceado eterno y el vermouth constante lo hacían blanco de la admiración y el odio de la familia. Su guiño clandestino irritaba a los moralistas y el vasito de alcohol para los infantes no aumentaba su popularidad entre las madres. También se sabía que el tío Alberto, casado desde su juventud con tía Olga, era un mujeriego profesional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Digamos que el hombre se permitía intercalar su cotidianeidad marital con el tráfico ilegal de amoríos. Era un gran catador de la belleza femenina en sus múltiples formas. Siempre con amplitud de miras y lejano a los prejuicios. Para el tío Alberto no había una mujer fea. En todas encontraba la luz del detalle. Eso que podía ser el indicio inadvertido de una reina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ojo, a no confundir a un tío Alberto con un tío Néstor. Definitivamente no son lo mismo. Un tío Néstor es un baboso sin recato, que suele incomodar a púberes de corta ropa con un manoseo innecesario o su mirada caudalosa. Y además lo hace sin darse cuenta. Su animalidad se le escapa de la correa y se esparce inevitable como el perfume fuerte. Si bien este impulso existe en el tío Alberto, es conducido siempre a través de la elegancia y el antiguo arte del piropo. Para él también existían las “minas” pero las llamaba “ángeles”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En pos de ejemplificar mejor su naturaleza, me gustaría traer a colación a la antítesis dialéctica: el hombre probo y el conductor de noticiero serio. Aquellos que piensan que la vida se puede planificar con Excel y no aceptan que el futuro está más allá de sus manos. Los que gustan decir en voz alta: “ESTO ES UN ATROPELLO” y encuentran el cenit de su gloria en el auto limpio, las promociones de tostadoras y los tours en cuotas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada más lejos del Tío Alberto. Lo suyo era la aceptación de la picardía que llevaba en la sangre. No cualquiera pertenece a esta estirpe de chantas elegantes. Me tomaré la libertad de citar algunos ejemplos famosos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1-&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=2IIl3zSYL8k"&gt;David Niven.&lt;/a&gt; Uno de los pocos que puede encontrarse con dos copas de champagne bajo la cama de su amante o en la entrega de Oscars mientras otro señor corre desnudo por el decorado, sin perder su glamour. David es la quintaesencia del hombre imperturbable ante los designios del Cosmos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2- &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=bNxtxfuZD6M"&gt;William Holden&lt;/a&gt;. William es el seductor atorrante. Un tipo que lleva una vida colmada de excusas para andar con el torso desnudo. En “El puente sobre el río Kwai”, las hace todas. Usurpa rango de oficial para pasarla mejor, escapa milagrosamente de un campo de concentración y es ayudado por hermosas nativas. En definitiva es el único personaje sensato que prefiere las rubias platinadas a cualquier misión suicida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3-&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=3-6RrRKi2KE"&gt;Michael Cane&lt;/a&gt;. ¿Cómo no ver esa cara de truhán que tiene Michael? En “Alfie” saca carnet de vitalicio y se inmortaliza en la película que los padres se escapaban para ver a solas. En “Echale la culpa Río” es seducido por la pulposa hija de su mejor amigo y el resto de la película lo vemos huyendo en pijama por habitaciones de empapelados escandalosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;4-Y por supuesto Hugh Grant. La última generación de la especie. Sobran los motivos para incluirlo. Minibares, modelos y prostitutas; y lo que para mí es el mejor lema que haya sido develado: “Cuando nada funcione, simplemente sé encantador”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El linaje de los tíos Alberto es vasto y colorido. Pero a no equivocarse, no todo es color de rouge en sus existencias. También acontecen situaciones en las que preferirían no estar involucrados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una tarde de domingo mientras la familia dormía la siesta y tía Olga preparaba sus famosas berenjenas en escabeche, sonó el teléfono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Diga?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Hola, ¿está Alberto? – dijo la joven voz de una dama al otro lado del teléfono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Está descansando, ¿quién habla? –inquirió la tía Olga con tono firme y apretando el mango del cuchillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Habla Claudia. La novia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La inflexión de la voz era tan inocente. Cándida como el estereotipo de rubia que los hombres prefieren. La tía Olga que no tenía ni un pelo de rubia, sintió crecer en su interior una oportunidad de venganza. En una fracción de segundo ideó su estrategia y abrió el juego de forma impecable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Ah, mire qué bien. Yo soy su hermana –dijo con tono de persona atenta y en una jugada de brillante maestría agregó –Alberto habla mucho de usted. Cuénteme, ¿tiene planes para esta tarde?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La voz dudó un momento, no porque sospechara de la trampa, sino probablemente porque cualquier repaso mental le costaba trabajo. Finalmente dijo que estaba libre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Entonces ¿por qué no se viene a tomar el té? Sería un placer conocerla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de ser una gran cocinera, la tía Olga era una excelente jugadora de cartas. Sabía combinar su cinismo de Chinchón con el fuste del palo de amasar. En la calma que precede a la tormenta preparó la merienda más espectacular de toda su historia. Budín inglés, torta de chocolate y masas finas de la confitería más refinada de Devoto. Dispuso todo con pulcritud y esperó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los primeros en despertar fueron los niños. Intentaron meter sus dedos en los manjares que se presentaban sobre el mantel de hule pero la Tía Olga, cual Gorgona mitológica, los detuvo con una mirada de piedra. En eso, tocaron el timbre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claudia era todo lo que la tía Olga había imaginado. Alta, delgada y con una bufanda de plumas. Después de saludar a los chicos, que al obtener el permiso de comer torta no hicieron preguntas, Claudia comenzó a tomar el té con confianza. Masita tras masita hablaron animadamente de los ronquidos del tío Alberto y del alto precio de los cosméticos. Se intercambiaron secretos de cocina. Discutieron sobre la escasez de fruta abrillantada. Casi se podría decir que congeniaron. Entonces se escuchó un ruido proveninente del cuarto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Alberto, tenés visita  –dijo la Tía Olga en tono casi maternal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuentan que el tío, aún medio dormido, entró en la habitación con la cara absuelta de quien ha tenido un buen sueño y que al encontrarse con semejante cuadro, dejó de respirar. Se llevó una mano al pecho como si hubiera visto un ñandú carnívoro y fue necesario que se agarrara de la alacena para no caer al piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encontrar a una amante en el living después de una tranquila siesta, es una posibilidad concreta en el universo de los tíos Alberto. Una anécdota más para la que tienen que estar preparados. Si bien nadie conoce el final del episodio de la merienda, sabemos que el tío Alberto continuó tomando sol en su jardín, despreocupadamente. Fumando sus Le Mans desde el ocaso hasta las estrellas. Viendo la danza molecular de los soles y las galaxias desde su cómoda bata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;*Collage: www.lordgaita.com.ar = Profundas gracias, as usual.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-2732099837641747328?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/2732099837641747328/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=2732099837641747328&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/2732099837641747328'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/2732099837641747328'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/04/fenomenologia-del-tio-alberto.html' title='Fenomenología del Tío Alberto'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SdZ58lYx2CI/AAAAAAAAACo/a4ETL3hnWdw/s72-c/los+albertos+2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-6714643157573684141</id><published>2009-03-12T05:20:00.001-07:00</published><updated>2010-07-27T14:50:09.134-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Absurdas aventuras cotidianas'/><title type='text'>Miyuki y la magia</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/Sbj-R43dh7I/AAAAAAAAACg/8n9wYC4dyIA/s1600-h/Gorilla3.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 320px; height: 279px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/Sbj-R43dh7I/AAAAAAAAACg/8n9wYC4dyIA/s320/Gorilla3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312275343759738802" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Las cortes han existido siempre. Los monigotes que las componen suelen ser más o menos los mismos con las necesarias adaptaciones de guión que, como meretrices caprichosas, van haciendo las épocas. Pero básicamente la obra va así: hay un hombre importante salpimentado de excentricidad o por lo menos con un auto especial traído de Alemania, de cuyo modelo se sabe que sólo existen ocho en todo el país. Inmediatamente atrás tenemos a un general o segundo al mando que odia profundamente al “hombre importante”, pero que le festeja hasta los chistes que debería tomarse en serio. Luego podemos encontrar al “caballero desplazado” que es la persona que se sentía destinada al cargo de “hombre importante”, pero que no lo ha logrado debido a que los dioses han decidido darle una lección o por alineaciones internacionales desfavorables que en este caso, para su destino, vienen a ser lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toda corte, como toda obra, necesita de un elenco estable. Están las aspirantes a “directora de algo” que antes se denominaban cortesanas y los juglares o bufones que muchas veces son interpretados por jóvenes ejecutivos con la insoportable mueca de haberlo conseguido antes de los 30. Las princesas, esos objetos codiciados que conservan el poder de desatar guerras o despidos imprevistos, hoy son las recepcionistas. Las más peligrosas suelen ser las que por las noches mantienen otro empleo como promotoras de champagne o las que se pueden ver en algún catálogo de lencería con mucho encaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Existe también un rol que renueva, temporada tras temporada, su contrato con la eternidad. Es el tesorero de confianza que tanto antes como ahora se encarga de cortar números como si fueran cabezas y cabezas como si fueran números. Sostengo la siguiente teoría al respecto: quien fue contador en una vida pasada, en esta vida será contador indefectiblemente. No hay escapatoria. Al ver la cara bien afeitada de estos personajes no lo dudo. Su apellido y cargo seguirán siendo grabados en bronce a través de los despachos y las eras, pero nadie jamás los llamará por el nombre y mucho menos por su apodo cariñoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así llegamos finalmente a mi personaje. Me ha tocado (más de una vez en la vida), ser una pieza irrelevante del engranaje. Es decir que he sido un paje o extra, dentro del repertorio humano al que se solicita como decorado y que no tiene mayor función que la de mantenerse de fondo, sin protestar. Sin embargo hay algo interesante acerca de esta función. Muchas veces uno se encuentra viendo tras bambalinas con absorta impunidad. Yo he visto maravillas. Sobretodo en esos momentos donde se conjugan la celebración y el alcohol gratis. Me permito remitirme al episodio más revelador que he podido encontrar dentro de este género: la fiesta de disfraces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es como si la gente que lleva una máscara por rostro, de pronto, perdiera todo el pudor de mostrarse desnuda. Será por eso que yo prefiero elegir un disfraz que me engulla. Que no deje indicio de quién está debajo. Bastante difícil es intentar saber quién es uno sin cuatro copas de más como para que encima tengas que parecer conejita playboy, odalisca o Hunter S. Thompson durante horas y que parezca natural.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debido a estos requerimientos me quedan pocas opciones. Soy una Parca o soy Bob Esponja. En algún lugar siempre he sido humanitaria. Dejo que el disfraz de Bob Esponja se lo lleve la tía gorda que esperó todo el año para lucirlo en el cumpleaños de su sobrino, deseando enternecer al soltero blancuzco que quiere presentarle su hermana. Además, llegar vestida de Parca resulta muy divertido. La gente tiende a preguntar quién sos sólo durante la primer hora. Las tres restantes están lo suficientemente aturdidos como para no recordar quiénes eran ellos. La libertad de la que se goza con una guadaña en la mano, es increíble. No sólo no te registran, sino que por las dudas, prefieren no hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿A quién se le ocurre proponer una fiesta de disfraces? En este caso fue idea de Mauricio Barragán, el colombiano presidente de la compañía en la que yo trabajaba por ese entonces. Decidió celebrar el aniversario de la agencia vestido de Sheriff. Y una semana después aparecía con un gorrito rojo, camisa a cuadros y dos pistolas enormes de plástico barato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En todos los disfraces hay algo de verdad. Una percepción de nosotros mismos que a veces se reprime como eligen decir los psicólogos. De hecho, ahora que lo pienso, una fiesta de disfraces es un desfile de deseos sexuales, complejos de inferioridad y megalomanías. Por eso Mauricio había elegido ser Sheriff y su segundo, el Licenciado Eduardo Rocco, vastamente conocido por su crueldad de pasillo, se había convertido en un payasito de metro y medio con peluca multicolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así fueron emergiendo otros complejos: “el director desplazado” era un mendigo y el contador era un Power Ranger de carnes espeluznantes y brillosas. Había una exuberancia de mucamas de minifalda momentánea y plumero inquieto, gatúbelas que de día eran herbívoras, gente con ADN de Teletubi que se mostraba tal cual era, gorilas, dementes, Elvis, dos brand managers mezclados en un caballo y una Mona Lisa. Una vez que se cerraron las puertas encontrabas un freak por metro cuadrado y vino servido en cada mesa. Entonces las luces se apagaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio no sentí pánico. El alcohol atenuó los escalofríos. No había otra forma de permanecer sosegados en una habitación oscura, llena de monstruos. De todas formas algo me decía que estuviera alerta. Silencio. La primer copa estaba vacía y las respiraciones comenzaban a oirse agitadas. Temí que una mínima perturbación provocara el ataque de las bestias, pero por suerte una luz roja se encendió en el fondo de la sala y una música lenta filtró a dos figuras que comenzaron a bailar. Era una pareja de Strippers.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primero en aullar fue Mauricio Barragán. Comenzó aplaudiendo cada prenda que caía en el suelo, continuó gritando y pronto bailaba con media camisa abierta junto a los Strippers. Rápidamente la alucinación se hizo colectiva. Todos vociferaban, graznaban, bramaban y se sacudían en las sillas como si estuvieran a punto de sacar plumas por las bocas. La Mona Lisa se desvestía frente a un gorila. Una Mujer Maravilla clamaba “¡Ponete en bolas! ¡Ponete en bolas!”. El Power Ranger usaba una calculadora. Elvis perseguía a un grupo de Teletubis. Y la última vez que miré la correctora montaba al Stripper como si fuera un manatí. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Locura. Todopoderosa locura. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidí que necesitaba aire. Quise darme una pausa. Sostenerme en este lado de la realidad. Necesitaba una señal de que a pesar de las circunstancias, yo estaba bien. Que no pertenecía a esa horda. Pero el espejo del baño me devolvió otra verdad. Yo era una parca. ¿Qué siginificaba eso? No quise averiguarlo. Salí del baño tan pronto como pude. No era el momento ni el lugar apropiado para las preguntas filosóficas. Fue al salir, en un rincón cercano al baño de hombres, que reconocí la voz exaltada de Mauricio Barragán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Qué quiero a esa mujer!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Pero no puedo. Ella está con su marido. El stripper es su pareja –decía la voz del Licenciado Rocco, el payasito multicolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Qué me la consigas te digo. ¡Esa mujer tiene que ser mía!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Mauricio te pido que entiendas que no es posible. Puedo conseguirte a otra. Una de Olimpus. La vez pasada te gustó…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Tú eres un comemierda! Quiero a esa mujer. ¡Consíguemela o te despido!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mauricio salió del baño con furia y se perdió nuevamente en la fiesta. Segundos después el payasito se guardaba la crueldad en el bolsillo y con su cabeza baja intentaba seguir la coherencia de sus pasos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví a la fiesta. Frente a los canapés la gente parecía haber recobrado un poco de sentido común. Los Strippers se habían ido y un cómico imitaba el sonido del helicóptero en el escenario. Desde el fondo volvió a escucharse a la Mujer Maravilla: “¡Ponete en bolas!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mauricio, apenas a una mesa de distancia, parecía cautivado. Sus ojos destellaban como calidoscopios zumbadores. Miyuki, un chico de administración que usualmente iba disfrazado de Charlie Sheen en Wall Street, hoy vestía de mago y hacía unos trucos de cartas ante el presidente. Su cara estaba gorda de felicidad. Decía: “Lo he conseguido. El hombre importante se ha fijado en mí”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Tienes que enseñarme estos trucos –dijo Mauricio aplaudiendo. –¡Eres muy bueno! Qué digo, ¡eres fantástico!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces Miyuki repetía el acto y la ovación se acrecentaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Eres magnífico! Tienes que enseñarme. Vente mañana para mi oficina y me lo muestras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedé viendo. Intentando saber cuál era la lección kármica de este caos. Pero no me fue posible determinarla. En las mesas veía humanos a medio emerger de su segunda piel. Un caballo destripado. Un mendigo con reloj de oro. Un par de Teletubis bailando cumbia. Una Parca atónita. A Miyuki y su magia. Podía vernos a todos, pero no podía dar con un final, moraleja o esperanza para la obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente supe, por una conversación de pasillo, qué había pasado con Miyuki. A primera hora lo habían visto subir sonriente al despacho de Mauricio con un mazo de cartas. Dicen que poco después comenzaron los alaridos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Y TÚ QUIÉN ERES? ¿QUÉ MAGIA? ¿QUÉ CARTAS? ¿DE QUÉ DIABLOS ESTÁS HABLANDO? ¡FUERA DE AQUÍ!”&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-6714643157573684141?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/6714643157573684141/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=6714643157573684141&amp;isPopup=true' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/6714643157573684141'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/6714643157573684141'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/03/miyuki-y-la-magia.html' title='Miyuki y la magia'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/Sbj-R43dh7I/AAAAAAAAACg/8n9wYC4dyIA/s72-c/Gorilla3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-6219059995314149260</id><published>2009-02-26T14:55:00.000-08:00</published><updated>2010-02-06T10:04:23.467-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='De tardes abuelos e infancia'/><title type='text'>Batman y las muñecas de vida licenciosa</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SaceKZmYCuI/AAAAAAAAACY/z7HA5dh18zA/s1600-h/barbies+y+batman.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 319px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SaceKZmYCuI/AAAAAAAAACY/z7HA5dh18zA/s320/barbies+y+batman.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5307243849898789602" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Creo que la manera de jugar cuando uno es chico delata la forma que tomará el adulto futuro (si es que alguna vez llega realmente a serlo).&lt;br /&gt;Jugar para mí era lo más importante. Hacer la tarea o cumplir con cualquier tipo de obligación estaba siempre supeditado a lo más importante. Acá corrí con ventaja. Mi madre y mi abuela y mi bisabuela eran excesivamente indulgentes con respecto a los mandados y las ayudas de los niños en la casa. Crecí con una especie de indulto ante las obligaciones cotidianas, que años después hizo que gastara toda la artillería de mis llantos ante cuestiones que para otros resultaban absolutamente usuales. He llorado por horas sin saber qué hacer ante una pilas de Tupperwares con alienígenas dentro y he sentido la depresión más vehemente en reuniones de consorcio en las que se discutía si era propio o insolente tener más de una bomba de agua en el edificio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con todo, agradezco que en mi casa nadie mostrara el más ínfimo asombro cuando empecé a pintar mi habitación con árboles góticos que crecían de piso a techo o cuando desparramé muñecos por todos los rincones, explicando que estaban en pleno éxodo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como decía, jugar para mí era todo. En verano, cuando no había horarios ni tareas del colegio, el asunto podía expandirse como un imperio por los patios y las tardes. Con mi hermano siempre tuvimos debilidad por la épica. Nuestros argumentos eran vastos y rimbombantes, superpoblados de monstruos, vampiros, trampas sobrenaturales y rescates de doncellas a lomo de pekinés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces el deseo por continuar una aventura rayaba en el fanatismo y no podíamos soportar la infame prueba que Dios lanzaba sobre nosotros. Se hacía de noche y teníamos que ir a dormir. Recuerdo el miedo que sentía al ir a la cama. Temía perder el hilo del juego. Sentía pánico de extraviar el sabor perfecto de una historia entre los grillos desaforados del jardín y la noche. Boca arriba en la cama, me aferraba a cada imagen con desconfianza y sospecha, como si el ventilador de techo intentara quitármelas mediante la hipnosis de su rurún. Deseaba que pase la noche para poder seguir jugando. Quería que las estrellas, los ladridos y las sombras se dieran por vencidos, que dejaran de insistir en que cerrara los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cuanto a los personajes, nuestras historias estaban elaboradas con la materia prima invisible. Imaginábamos espectros horribles con más esmero y eficacia del que hubieran tenido creándolos a base de papel crepé. Pero como no todo podía ser imaginado, los actores se hicieron necesarios. Para conseguirlos realizábamos castings entre las muñecas disponibles, que debido a la tendencia y cultura del mundo en ese momento, eran mayormante Barbies. Al exceso de población femenina escultural se contraponía una escasez de galanes. Habíamos trabajado con especial dedicación para que los canditados se volvieran aceptables. Entre ellos contábamos con un Papá Pitufo de kermese, al que colocábamos un pañuelo en el cuello con el deseo errático de que se pareciera a David Niven, y un Cry-Baby-Doll al que le habíamos ajustado las caderas con el afán de verlo convertido en hombre, pero que en realidad lucía como un bebé inyectado con esteroides. También teníamos a un Pedro (de la serie animada Heidi), cuyo pie izquierdo había sido engullido por el pekinés en un ronquido de ira cuando intentaba domarlo. Ese era todo nuestro staff.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y funcionó durante un tiempo. Las mujeres mostraban cierta lujuria al ver a Papá Pitufo trepado al limonero y podría decirse que presentaban una tibia histeria cuando el Bebé con esteroides hacía el “MoonWalk” en pañales. Pero todo eso iba a cambiar con la aparición del Batman importado. El revuelo entre las muñecas fue desbordante.  Inmediatamente comenzaron a manifestar conductas licenciosas y se inició una saga de argumentos con visos de orgía dionisíaca. No hubo nada que hacer por nuestros anteriores galanes. Para ellas estaba claro que a pesar de andar en calzas y bombachón, Batman, era un verdadero Hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así transcurrieron los juegos y los días hasta que llegó una invitación para tomar la leche en casa de una amiguita del colegio. Hasta entonces yo había entablado superficiales relaciones de calesita y socialmente mi vida se reducía a fiestas de cumpleaños con animadores y globólogos penosamente graciosos. Mi mundo estaba concentrado alrededor de mis fantasías y nunca había sido protocolarmente convidada a jugar con alguien que no fuera mi hermano. Así que llegue a la casa de María Teresa Gracciotti a los seis o siete años, con una vaga idea de cómo sería jugar con alguien nuevo, a ocho mundos de distancia y sobre mi misma calle. El choque cultural fue estridente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad yo había pensado que jugar con otro podría resultar distinto. Por supuesto comprendía que alguien prefiriera los Titanes de las profundidades a los Semi-dioses del Olimpo y no tenía inconvenientes con las tendencias modernistas de los preferían los “hombres-lobo” a los Dragones de la Atlántida. Pero lo que encontré en María Teresa despertó en mí un asombro tan grande que por mucho tiempo me sentí exhausta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo que estábamos en su habitación y habíamos comenzado un argumento mediocre entre dos muñecas. En ese momento me tranquilicé diciéndome que recién empezábamos, pero a los diez minutos las líneas de diálogo no parecían tener horizontes de gloria. Para mí había algo desconcertante en María Teresa. Se mostraba muy entusiasmada moviendo su muñeca de atrás para adelante, haciendo pasitos sobre la cama siempre en forma lineal y diciendo lo mucho que había cocinado y que tenía que ir a buscar a los hijos a la escuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intenté seguir su juego lo más decentemente que pude. Me esforcé por elaborar frases cotidianas y procuré pronunciar las más abyectas oraciones sobre las compras conteniéndome de caer en exabruptos extravagantes, pero en un momento me quebré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Podríamos hacer que de repente cae un hechizo y que los zombies atacan en masa el supermercado! –dije contenta de poder unir nuestros mundos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María Teresa quedó en silencio. Su silencio no fue reprobatorio, simplemente me miró como si no me hubiese escuchado y comenzó a peinar a su muñeca con parsimonia. Entonces recordé a Batman.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Podríamos intentar que las rescate un héroe o un coloso. ¿No tenés algún muñeco hombre? –propuse entre enardecida y embriagada, intuyendo que esta vez conseguiría la victoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María Teresa se me quedó viendo como catatónica. No puedo decir que su mirada fuera reprobatoria, pero me observaba como si hubiera descubierto otro rasgo indeseable dentro de mis inconductas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces que se abrió la puerta. La madre de María Teresa anunció que era la hora del programa de TV “Señorita Maestra”. María Teresa sin dudarlo un instante, salió corriendo de un sobresalto y aterrizó sus caderas aún de niña, sobre el sofá de la sala. Yo me quedé atrás, inmersa en una inesperada sensación de cobardía. Caminé estupefacta hasta llegar frente al televisor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentada en el sofá de la casa de María Teresa Gracciotti, mirando “Señorita Maestra”, comencé a preguntarme si el resto del mundo sería igual de extraño.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-6219059995314149260?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/6219059995314149260/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=6219059995314149260&amp;isPopup=true' title='17 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/6219059995314149260'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/6219059995314149260'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/02/batman-y-las-munecas-de-vida-licenciosa.html' title='Batman y las muñecas de vida licenciosa'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SaceKZmYCuI/AAAAAAAAACY/z7HA5dh18zA/s72-c/barbies+y+batman.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-8815695311264836792</id><published>2009-02-11T16:13:00.000-08:00</published><updated>2010-02-06T10:04:46.065-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Absurdas aventuras cotidianas'/><title type='text'>El rabo en llamas</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SZNqBTVIxcI/AAAAAAAAACQ/hV55eDulXoA/s1600-h/demonio.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 241px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SZNqBTVIxcI/AAAAAAAAACQ/hV55eDulXoA/s320/demonio.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5301697756946548162" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Hace mucho, mucho tiempo en una vida muy lejana… yo quería ser creativa publicitaria. ¿Quién era ese yo? Una piba de veintipocos que deseaba “dominar el mundo”. Parece exagerado pero era lo que solíamos decir en esos días intentando sonar a chiste. Corrían los noventas, la publicidad estaba en su mejor momento y sin eufemismos se pagaba demasiado bien a cínicos imberbes, excéntricos de pelopincho y a todos aquellos que desearan extender su Visa de adolescente por tiempo indeterminado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mística de la publicidad de los 70s y 80s había desaparecido pero todavía quedaban metegoles en los pasillos y el deber tácito de concurrir a trabajar en zapatillas. Es que los creativos nunca envejecen. Existe un pacto implícito consumado en tiempos inmemoriales. Como en la “La máquina del Tiempo”, cuando te van apareciendo canas en las sienes, vienen unos Morlocks, te secuestran en el silencio del ocaso y te llevan al corazón de la Tierra para devorarte. Es eso o te convertís en un ejecutivo de rictus pelotudo y fiestas Gancia para el resto de tu vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se necesita un ego galvánico e impermeable para continuar siendo creativo publicitario por el resto de tu vida. No es que sea algo difícil de conseguir tras miles de reuniones superpobladas de asistentes que ríen exageradamente de tus chistes, en el ninguneo público a tus ex-colegas donde te decretás más importante, o en los free-shops donde imaginás que sos una "persona de mundo". Y si alcanzás la tarjeta corporativa presentís que definitivamente has llegado a ser inmortal.&lt;br /&gt;Es que cada uno de estos actos va produciendo la electrólisis que niquelará tu ego hasta hacerlo inexpugnable. Si el sueño del mundo es el éxito, la publicidad te lo ofrece sin demoras. Te lo valida con premios y le añade la promesa de la eterna juventud como cereza. Te lo ofrece con logo y el eslogan que dice: Adelante amigo, para usted será fácil. Cualquiera puede caer en la trampa con placer indigno. Caer feliz y ciego. Caer jactándose ante aquellos que sólo pueden llegar a ser simples y mortales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La historia que deseo contar comienza en esa vida lejana. Una mañana o mejor dicho un mediodía (nadie arrancaba seriamente a trabajar antes de las 12), nos enteramos que había un nuevo presidente en la agencia. Un mail anunciaba que Mauricio Barragán, ex-directivo de Colombia, asumía funciones como CEO local. Para ponernos en contexto diré que un presidente de agencia es como un reyezuelo africano que básicamente puede hacer lo que le venga en gana. De ellos pueden esperarse las mayores atrocidades: racias étnicas, torturas, terror psicológico, time reports, prostitutas a las 2 de la tarde, fiestas en las que te obligan a ver las carnes del contador en un traje de Power Ranger, cafishos iracundos reclamando el pago de las prostitutas de las 2 de la tarde. ¡Los reyezuelos son tan crueles que hasta pueden decretar que vengas a trabajar con zapatos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para peor por los pasillos se escuchaban horribles referencias: que era drogadicto, que había tenido que escapar de unos árabes por robo de plutonio, que en sus tiempos libres vestía de Hering, que en su casa tenía muebles laqueados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las primeras semanas el hombre no mostró su rostro. Se mantuvo en las sombras como el Coronel Kurtz de Brando. Llegaba muy temprano y se iba muy tarde. Permanecía encerrado en su oficina y sólo se comunicaba a través de su blancuzca secretaria. Una noche a eso de las 2 AM, en un alejado ascensor de servicio, uno de los creativos llegó a divisarlo. Antes de que se cerraran las puertas de metal, pudo observar de lleno el semblante que lo dejaría traumatizado. Su descripción posterior fue breve y atronadora. “Es el demonio”, dijo. “Tiene un ojo de un color y y el otro de otro”. El pánico se expandió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto se acercaba el evento publicitario más importante del año. La fiesta a la que todos deseaban asistir con tanto fervor como indolencia. La etiqueta indicaba desdén y canapés baratos. Por supuesto yo también estuve allí con mi actitud indiferente, no era algo que me demandara tanto ensayo. Conmigo venían El Croto, El Vasco y El Chela, que era un amigo que trabajaba en otra agencia. Estábamos con una copa de algo anaranjado en la mano, criticando despiadadamente algún comercial como debe ser, cuando de pronto irrumpió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Demonio era un hombre de unos cuarenta años, desencajado hasta en los más mínimos detalles, con un vaso de whisky en una mano y en la cara una sonrisa inestable que intentaba con mucho esfuerzo no caerse. Sospechamos inmediatamente que había algo más que whisky mezclado en sus facciones mientras nos miraba fijamente desde sus ojos bicolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Han visto a los “comemierda” que ganaron el premio? –dijo con gesto congelado y pupilas ardientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos quedamos estupefactos (jamas había conseguido usar este adjetivo tan apropiadamente). No contestamos. No emitimos sonido. Nadie intentó siquiera tomar su próxima bocanada de aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–El año que viene seremos nosotros quienes subiremos al podio –dijo casi gritándolo a quien quisiera oír.– Seremos nosotros quienes levantaremos el premio a la mejor agencia del año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Nosotros seremos los ganadores! –dijo y bebió el whisky hasta la sequía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces recordó nuestra presencia: esos cuatro cuerpos tiesos que lo observaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo están amigos? Qué gran fiesta, ¿verdad? –mientras hablaba no pudo evitar que uno de sus ojos, creo que fue el de color verde, se adhiriera al busto de la promotora que ofrecía copas de champagne gratis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hola bonita, ¿me das una copa?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La promotora habituada a la desagradable variedad de hombres que va desde el gerente de laboratorio que se presume irresistible hasta el CEO colombiano borracho, extendió una copa, manteniendo su sonrisa a la altura de la paga y luego continuó con su ronda sin inmutarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Qué bellas que son las mujeres argentinas –exclamó El Demonio y sorbió el champagne sin escalas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Qué dicen si vamos todos juntos a festejar a Palermo? Me han dicho que aquí es el lugar caliente. ¡Yo invito!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, El Demonio se abalanzó sobre nosotros y abrazó al bulto humano de cuatro cabezas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Vamos para el BA News! –remató en el volumen de voz que deja de ser verguenza personal para convertirse en ajena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Croto, El Vasco, El Chela y yo debíamos tener expresión de estar poniendo un huevo porque nuestros ojos estaban muy abiertos, casi desorbitados. Pero evidentemente, El Chela fue el que los puso más grandes porque El Demonio se quedó mirándolo con fijeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Y tú quién eres? –preguntó como si hubiera detectado a un extraño entre el palomar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Soy El Chela de la agencia Branding –contestó nuestro amigo con el tono indeterminado de alguien que se prepara para la explosión de una bomba o para poner un segundo huevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Tú eres de los buenos. Tú también te vienes –dijo y lo abrazó aún más fuerte apretándolo junto al resto de nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, como si acabara de recordar que había dejado material volátil en el freezer, el Demonio giró y desapareció en la muchedumbre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pregunta surgió por sí sola y al unísono: “Qué hacemos”. La decisión no era sencilla porque todos deseábamos conservar el trabajo tanto como huir despavoridos.&lt;br /&gt;Por suerte no dió el tiempo para que nuestros dilemas llegaran a ser más profundos.&lt;br /&gt;Mauricio Barragán apareció con otro hombre al que jalaba del brazo. Este hombre tenía apariencia normal, lo que nos desconcertó. Tendría unos 50 años, raya al costado, camisa rosa y cara de ser un hombre higiénico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Amigos, él es Jaime Reyes. Nuestro Director Creativo en Chile. Un gran hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jaime se limitó a repulgar sus comisuras e inclinar la cabeza a modo de saludo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Jaime, nosotros estábamos pensando en ir a celebrar a alguna parte. Y quiero que nos acompañes. ¿Qué dicés?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jaime se limitó a repulgar nuevamente sus comisuras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Entonces está decidido. Vamos. –concluyó por sí solo el Demonio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En menos de cinco minutos nos vimos arrastrados hasta la puerta y allí el colombiano nos repartió en dos taxis y le indicó al taxista, en un dialecto irreconocible, que nos llevara al BA News en Palermo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el segundo taxi, el que seguía al de Mauricio Barragán y Jaime, íbamos El Croto, El Vasco, El Chela y yo. Nadie había pronunciado palabra hasta que el Chela dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Esto siempre es así?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto nadie pudo contestarle. Ambos taxis avanzaban a gran velocidad por los corredores de la noche. Seguíamos al Demonio por Puerto Madero, El Bajo y ahora tomábamos la Avenida 9 de Julio. El obelisco se divisaba cercano, cuando repentinamente el taxi de adelante clavó los frenos en el medio de la calle. Vimos descender la figura del Demonio y la vimos atravesar la Avenida como si su rabo estuviera en llamas. Lo vimos menguar hasta hacerse tan chiquito que se extinguió por completo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al preguntarle a Jaime qué había ocurrido con Mauricio Barragán. Éste se limitó a dar un prolijo reporte: “Mauricio dijo que tenía algo que hacer. Que lo esperaramos en este lugar.” BA News estaba cerrando, de hecho tuvimos que suplicarle al encargado para que nos sirviera algo. Allí, juntos y en silencio, cinco cuerpos tomaban un trago con una misma pregunta en la cabeza: “¿Qué sueño de éxito soñaba ese hombre que corría desesperadamente por la 9 de Julio a las 3 de la mañana?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La respuesta se hacía esperar, como Mauricio.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-8815695311264836792?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/8815695311264836792/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=8815695311264836792&amp;isPopup=true' title='16 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/8815695311264836792'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/8815695311264836792'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/02/el-rabo-en-llamas.html' title='El rabo en llamas'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SZNqBTVIxcI/AAAAAAAAACQ/hV55eDulXoA/s72-c/demonio.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-1340237214768706883</id><published>2009-02-05T03:43:00.000-08:00</published><updated>2010-02-06T10:05:05.370-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Misceláneas'/><title type='text'>El bar moderno</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SYrSDfRbG7I/AAAAAAAAACI/yiVbEPolWW0/s1600-h/2598494118_57f7d822b2_b.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 320px; height: 214px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SYrSDfRbG7I/AAAAAAAAACI/yiVbEPolWW0/s320/2598494118_57f7d822b2_b.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5299278868930829234" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Hay un olor a recién horneado que llena el aire. Mara se sienta en un bar moderno de un barrio que alrededor del mundo toma distintos nombres y acá se lo conoce como Palermo. La esquina es una gran vidriera. Afuera la tarde es fría. Adentro, animales de fábula, mesas rosadas y Jesús con el corazón en llamas conviven civilizadamente. Una chica vestida de chef, su turbante y un largo cuello, deambulan bellamente hacia la puerta y vuelven.&lt;br /&gt;La moza se acerca.&lt;br /&gt;Cuando ordena, Mara intenta subrayar su “Buena Onda” con un chiste. La moza, no parece registrarlo. Se arregla las babuchas, estira su delantal hecho de remiendos. Durante el resto de la merienda, solamente le mostrará el perfil donde tiene tatuada una araña.&lt;br /&gt;Más allá, una mujer de unos 40 años, aspecto de ejecutiva fresca, espalda erguida y una laptop, comparte una conversación con otra mujer y su laptop. “Son socias, o colegas del medio, pero no amigas. Especula Mara.” La primera hace círculos en el aire con ambas manos, con la actitud de quien diserta sobre cosas serias. Al llegar la cuenta, hará un énfasis corporal en decir que “Ellapaga”. Y la otra no opondrá resistencia.&lt;br /&gt;En el centro, ríe un grupo de gays cosmopolitas. Ítem infaltable. Pertenecen a la etnia más selecta. En sus conversaciones mencionan pasajes a ciudades exóticas del mundo, conseguidos en internet por sólo 500 dólares; París y el jet lag, y de ser posible (esto no es excluyente, pero se toma en cuenta) deben matizar su español con algún tipo de entonación extranjera. Este grupo en particular, consciente de reunir todos los requisitos, pide “Si por favor” alguien puede sacarlos en una foto. Después de todo tal vez pasen de 3 a 6 meses hasta que puedan volver a conseguir por internet, otro pasaje que los lleve a una ciudad exótica, en donde tomar un cappuccino como en cualquier otro bar moderno del mundo, por sólo 500 dólares.&lt;br /&gt;A continuación, vemos dos madres de sociedad que se han permitido romper algunas reglas. Su aspecto muestra, que por principios, han dejado de hacerse peinar todos los días, como lo hacían sus madres. Cada quince es suficiente. No es cuestión de exagerar.&lt;br /&gt;Una delicada rubia, sacada del catálogo de hijas rubias, las acompaña bebiendo té. De tanto en tanto interviene con frases como: “Se fue a Egipto”, “el campo de Matu” y “tiene mucha guita”. Eso es todo, después vuelve al catálogo.&lt;br /&gt;Al llegar la moza con las babuchas y la cuenta, una de las madres la hará repasar en voz alta y con sumo detalle, cada ítem de lo que se les está cobrando.&lt;br /&gt;Muffins, todo okay, wafles, muy bien, ensaladas con rúcula, perfecto. Justo cuando la moza esté retirándose, necesitará re-preguntar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Disculpame, y estos $6.-?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Las limonadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Claro. -Y seguirá hablando con la otra madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el primer sorbo de café, Mara se quema. Intentando contener una lágrima con un bollo de papel, se volcará encima un poco de café. Abrirá el libro de Krisnamurti en cualquier página para disimular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luz ha comenzado a alargar las sombras de la pareja que se aburre lo más cerca de la ventana posible. Ella mira su café. Él desde su buzo a cuadritos y las zapatillas de Willy Wonka mira hacia la calle. Mordisquea su celular. Bosteza sin disimulo. Tamborillea el pie con la zapatilla de Willy Wonka, esperando que aparezcan los Umpa Lumpas. Suena su celular ¡Gracias a Dios! le ha puesto el ringtone adecuado para que alguien más lo note. Cuando corte, le comentará a su compañera, con la frente contraída, que hubo un nuevo contratiempo y que él tiene que volver a grabar. Al salir, ella sostendrá el marco de la puerta y él pasará primero. Se cruzarán con los que entran. Un entrepreneur joven y su hijo, dan un paso al frente. Visten igual. Chombas de mangas largas, collares de cuentas y chaleco 80s. El niño hiperestimulado toca todo con los dedos. Trata de captar la atención de su padre haciendo un comentario gracioso. El padre ríe. En quince años, cuando haya crecido, tal vez lo utilice otra vez y a alguien más le parezca gracioso. Entonces, su entrenamiento habrá dado resultado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gran vidriera parece ser verdaderamente entretenida para los de afuera. Los autos que dan vuelta a la esquina no pueden dejar de mirar. Un Citroen Picasso dobla veloz. Adentro una mujer con la nariz en vendas, observando tras unas gafas oscuras, sabe que todavía no está lista para entrar en escena y acelera.&lt;br /&gt;Deben ser más de las seis de la tarde. El ajetreo de las construcciones, de las altas torres que pronto rodearán la zona, ha cesado. Manadas de albañiles perfumados, pasan con la mochila al hombro. Al llegar a la vidriera, alguno se permite alzar la cabeza y mirar de reojo. El resto continúa sin mirar atrás.&lt;br /&gt;Mara anota. Del café con leche queda un resto azucarado. El muffin es un pellizco en el plato. El libro de Krisnamurti se mantiene cerca.&lt;br /&gt;Un pequeño ayudante de cocina, al que se le permite estar adentro, se acerca. Las mismas babuchas y el mismo delantal de remiendos que viste la moza, él se limita a llevarlos puestos. Bajando la mirada, pide Disculpas Señora tengo que abrir la puerta de la despensa. Adelante dice Mara con gesto amigable y dejando ver que después de todo, ella lee a Krisnamurti. Pero él no lo registra y la pasa de largo. Abre una pesada puerta negra que hay en el piso, lo suficientemente alejada como para que no necesitara una disculpa previa. Hurga un rato entre las cosas de abajo. Su cuerpo está medio metido en la tierra, la espalda arqueada deja ver cada hueso de su columna vertebral. Cuando sube a la superficie, parece no reconocer el aire. Lo respira con precaución, pestañea varias veces. Por un instante se queda abandonado. En una deriva invisible. Flotando. Segundos después un sutil espasmo lo conecta. Reinicia el programa, cierra la puerta y comienza a volver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Disculpame, –dice Mara–si la ves a la moza, no le pedís que me traiga la cuenta&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ahora mismo le digo –contesta – y disculpe las Molestias, Señora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mara cierra el libro y lo observa irse.&lt;br /&gt;La puerta del baño ha quedado entreabierta. Algo comienza a mezclarse con el olor a recién horneado. Sin embargo, nadie parece notarlo. Cada uno continúa actuando de acuerdo a la programación que le tocó en suerte.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-1340237214768706883?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/1340237214768706883/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=1340237214768706883&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/1340237214768706883'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/1340237214768706883'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/02/el-bar-moderno.html' title='El bar moderno'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SYrSDfRbG7I/AAAAAAAAACI/yiVbEPolWW0/s72-c/2598494118_57f7d822b2_b.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-4292684228737617099</id><published>2009-01-31T14:18:00.000-08:00</published><updated>2010-02-06T10:05:38.173-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Misceláneas'/><title type='text'>La eternidad abraza a todos los hombres</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SYTOr_cjBAI/AAAAAAAAAB4/bAIWc_jXT-k/s1600-h/el+colectivero.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 320px; height: 238px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SYTOr_cjBAI/AAAAAAAAAB4/bAIWc_jXT-k/s320/el+colectivero.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5297586316855411714" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Subí al colectivo después de abrazar a mi hermano por primera vez.&lt;br /&gt;La tarde era fresca, las medianeras tenían caras amarillas de sol y se podía sentir que la Tierra giraba despacio hacia los labios de la noche. Me senté en la última fila del colectivo y abrí el libro de Khalil Gibran donde lo había dejado. Intenté concentrarme pero no pude. Todo mi cuerpo vibraba sobre el motor del vehículo. Leer me fue imposible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es extraño como a veces me cuesta manifestar las emociones. ¿Ser un humano no se trata exactamente de eso? Bueno, exactamente no sé, pero algo de emoción debe haber. Si hubieran querido que no tuviéramos emociones habrían creado simplemente máquinas de inteligencia artificial. Si eso es posible para los japoneses, ¿cómo no sería posible para los dioses? Claro que tal vez los japoneses no estén de acuerdo en este punto.&lt;br /&gt;De todas formas, volviendo a mi hermano, no recordaba la última vez que lo había abrazado. Sí podía hacer memoria del abrazo de cara a la foto que nos sacáramos en algún cumpleaños, pero abrazo de verdad no recordaba.&lt;br /&gt;Pasé la tarde con ellos (mi hermano y su novio). Tomamos mate. Hablamos de lo caro que está retapizar sillones, de clásicos del costumbrismo como el calor y la humedad, de lo gordas que tiene las piernas Florencia Torrente,  y en algún momento me fui poniendo inquieta. Tenía que volver a casa antes de las nueve y ese pensamiento me fue nublando. Se me hizo más presente la ansiedad mecánica de estar saliendo hacia otro lado, que la de estar en ningún lugar. Después de repetir un par de veces que ya me iba, mi hermano y su novio se ofrecieron a acompañarme a la parada. Poco convencida, porque pensé que haría más rápido si caminaba sola, les dije que sí. Lo que fue sucediendo después, más que acciones encadenadas pareció ir desenredando un ovillo que llevaba tiempo formándose entre nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminamos sin decir palabra hasta que en un momento, sin darnos cuenta, íbamos al mismo ritmo los tres. En algún lugar nos cruzamos unas miradas cómplices ante un perrito “colicorto” que andaba muy orgulloso sin correa y reímos ante una vidriera de peluquería de viejas que dejó salir a una con el pelo indefectiblemente violeta. (Algo que suele ocurrirles con frecuencia a estas ancianas.)&lt;br /&gt;Al llegar a la Av. Entre Ríos, me desboqué. Volvió a mí la tropilla de pensamientos urgentes e intenté cruzar en verde. Fue ahí que mi hermano me tomó de la mano con firmeza, como diciendo no es necesario que corras, vas a llegar igual. Al alcanzar la parada yo hice las monigotadas que hago siempre antes de partir y ellos intentaron sonreír a pesar de ello. Al divisar el colectivo, estiré mi mano de forma elegante y con la mano torpe busqué las monedas. Ya podía ver claramente la cara del colectivero, que me miraba desde arriba, como si estuviera más allá del Bien y del Mal, y de Nietzsche. Entonces me detuve en limpio.&lt;br /&gt;No sé de dónde salió o qué parte de mí lo hizo, pero le dí un gran abrazo a mi hermano. Lo apreté contra mi hombro huesudo, porque eso es el único que tengo para ofrecer, pero lo hice con ganas. De pronto no estaba corriendo hacia otro lugar y podía sentir que el cauce del ovillo se desenredaba. Se hacía fluído. En algún rincón de mí se soltaba algo. ¡El colectivero y su mirada se habían esfumado por completo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y como dije antes, de pronto al subir al colectivo la tarde era fresca, las medianeras tenían caras amarillas de sol y se podía sentir que la Tierra giraba despacio hacia los labios de la noche. En las veredas la gente tomaba felicidad helada en forma de cerveza y yo podía sentir que mi respiración estaba hecha de una materia sagrada, que por puro amor, caía en mis pulmones y llenaba mi pecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces abrí nuevamente el libro de Khalil Gibran y me dí cuenta. Por suerte, el amigo Khalil supo explicarlo mejor que yo. “La eternidad abraza a todos los hombres.”&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-4292684228737617099?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/4292684228737617099/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=4292684228737617099&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/4292684228737617099'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/4292684228737617099'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/01/la-eternidad-abraza-todos-los-hombres.html' title='La eternidad abraza a todos los hombres'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SYTOr_cjBAI/AAAAAAAAAB4/bAIWc_jXT-k/s72-c/el+colectivero.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-4695872875367228186</id><published>2009-01-26T17:56:00.001-08:00</published><updated>2010-02-06T10:05:59.654-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Absurdas aventuras cotidianas'/><title type='text'>El oro y las maestras jardineras</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SX5p5hJEvLI/AAAAAAAAABo/xgxF-M8BYhM/s1600-h/avestruz.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 320px; height: 239px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SX5p5hJEvLI/AAAAAAAAABo/xgxF-M8BYhM/s320/avestruz.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5295786648704171186" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Me siento miserable. O mejor dicho, algo en mí se siente miserable y no puede tomar otras partes que son indiferentes a su miseria. Eso lo hace más miserable. ¿Alguna vez intentaron vender oro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para mí la experiencia comienza saliendo del subte. Son más o menos las diez de la mañana. Es verano y “Necesito dinero/Dinero/Dinero/Dinero!”, se repite constantemente como el estribillo de moda que pasea a todo volumen por las calles de mi cráneo. Estoy jodida, no existen ventanillas que subir para dejar de escucharlo.&lt;br /&gt;Camino. El centro, aún vacío por las vacaciones, es sufrible. Sufro cruzando las calles. Sufro pensando que antes estaba mejor. Sufro viendo a una mujer que ha dejado su cara original en un cirujano plástico para llevarse otra que sólo podría considerarla hermosa Boris Karloff. ¡Sufro al escuchar Yellow Submarine saliendo atemporalmente de una disquería! No es posible, debo estar realmente mal.&lt;br /&gt;¿Qué hago? ¿Me analizo en el medio de la calle? Me digo que temo por mi futuro. Que mi princesa interior no soporta viéndose como plebeya exterior. Pero no mejoro con las conclusiones. Entonces, lo clásico sucede. Una mujer con alguno de sus tantos hijos encima, me pide una moneda. Se la doy. Se me pasa el berrinche. Enfrento el primer local de “COMPRO ORO” escrito estrictamente en mayúsculas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saludo. Una mujer que lleva unos claritos desatinados en el cabello y una manicuría demasiado brillante me devuelve el saludo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Vengo a vender una joya –digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Veámosla –dice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abro el terciopelo rojo y aparece el collar. A ella le toma un segundo decir:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, ésto como joya no vale nada. Puedo darte un precio por el oro, pero nada más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Odio sus claritos y al mismo tiempo digo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno y ¿cuánto sería?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No más de $230. A lo sumo $250.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Digo gracias mientras mentalmente veo cómo sus claritos se incendian. Parecen un campo de espigas secas ardiendo en la noche de sus raíces negras. Salgo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo largo de la próxima hora voy descubriendo la fauna de compra-vendedores de oro. Una pareja de árabes que se dice “Mi amor” muy dulcemente, mientras sopesan alianza tras alianza, el valor de otros matrimonios. Un hombre que habita un local de un metro por un metro y escucha SUMO, quien me comunica con seriedad que ese día una estrella de rock ha muerto. Profesionales de camisas negras que me dan cotizaciones sin siquiera saludarme o mirarme a la cara. Finalmente, un judío pelirrojo y feliz que me da el precio más bajo de todos y que muy sonriente me dice que cuando hayan picado y echado ácido sobre mi oro, él no tendrá problemas en recibírmelo de todas formas.&lt;br /&gt;Saliendo de su local (con mi collar aún entre las manos), lo escucho repetirlo en una sonrisa que se expande: “Dalo por seguro, lo van a hacer. Pero yo te lo recibo igual.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy por entregarme. Voy a volver al local de la mujer de los claritos con resignación. “No es tan terrible”, pienso. “¡Después de todo, yo no podré distinguir una joya de un simple metal, pero ella no sería capaz de comprender una sola línea de Jung!”, sentencio. La reflexión no sirve ni para consolarme. Deseo llorar como una nenita. Pedir por mis abuelos. ¡Qué vengan a buscarme más temprano! ¿Pero qué sentido tendría? Comienzo a encaminarme cuando lo descubro. Un modesto local en el desenlace de la cuadra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entro. Es un pequeño local con una reja que divide a los compradores de los vendedores. Una vieja con plumas en vez de cabello, mira anillos. Aprieta incoscientemente algunos entre sus manos. Al estirar el cuello para mirarme, levanta una ceja como lo haría un avestruz y luego continúa mirando los anillos. Mi presencia no la inquieta. Detrás de las rejas hay dos mujeres de más de 50. Llevan el cabello correctamente cortado por arriba de los hombros como corresponde a su edad y sonríen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Buenos días. ¿En qué podemos ayudarte? –me pregunta una de ellas en tono didáctico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Explico. La mujer mira a su socia y con su sonrisa entrenada me dice que le muestre a ella, mientras vuelve a atender a la vieja que continúa tomando anillos como si fueran caramelos. Una cara pura de pecas y amabilidad me mira. Ante mí hay una maestra jardinera que sonríe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Bueno veamos –dice con parsimonia y tensa las comisuras.– Primero vamos a pesarlo para ver qué tenemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saca una balancita negra. Coloca el collar con toda calma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-3,4 gramos. Muy bien. Ahora tengo que pasarle un poco de ácido para comprobar que sea todo de oro. ¿Me entendés? –me mira con su cara de buena persona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Le ponemos en una puntita. Apenitas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frunce un poco su nariz cuando toca el collar con un hisopo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Acá vemos. ¿Ves?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me muestra que la cicatriz del collar comprueba algo muy específico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asiento. Pregunto lo obvio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Puedo darte $200. Porque no es de oro cien por ciento. Es aleación –dice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La maestra jardinera observa mi cara. Mi cara dice: “Vuelvo a la mujer de los claritos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces su parsimonia se corta como un hilo. Saca una calculadora e introduce unos números rapazmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Puedo hacerte $230. Pero pensá que el precio del oro es muy inestable. Hoy está bien pero mañana puede valer mucho menos. Te pueden dar mejor precio, pero al momento de testearlo va a bajar porque es aleación –dice y sus ojos brillan como oro al pronunciar cada “pero”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, interviene la otra maestra jardinera que estaba atendiendo a la vieja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La señora es cliente nuestra desde hace más de 15 años. ¿No es cierto? –dice con su sonrisa estable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vieja asiente y con sus ojos de avestruz golosa, declara:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Un día voy a tener que venir con un camión de Juncadella para poder pagarles todo lo que llevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las maestras jardineras me observan. La vieja me observa. Sus ojos arden al frío de su oro. Digo gracias. Me alejo. Rápido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé si es una lección de vida. Y si lo es, no sé si la estoy aprendiendo. Lo cierto es que mientras camino hacia el local de la mujer con los claritos, no puedo dejar de sentir que soy una princesa imaginaria caída en una desgracia real.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-4695872875367228186?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/4695872875367228186/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=4695872875367228186&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/4695872875367228186'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/4695872875367228186'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/01/el-oro-y-las-maestras-jardineras.html' title='El oro y las maestras jardineras'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SX5p5hJEvLI/AAAAAAAAABo/xgxF-M8BYhM/s72-c/avestruz.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6042683393577696665.post-6725768423110665396</id><published>2009-01-14T13:44:00.000-08:00</published><updated>2010-03-04T10:26:46.304-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Treinta y...'/><title type='text'>Facebook I</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SW5eXW3gcjI/AAAAAAAAABA/8IoeguN1Fjs/s1600-h/52g12.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 320px; height: 211px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SW5eXW3gcjI/AAAAAAAAABA/8IoeguN1Fjs/s320/52g12.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5291270367575306802" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Bajé las escaleras de un día soleado. En la puerta esperaba Carina Castiñeiras. Carina fue una íntima amiga del secundario que reapareció por Facebook. La gente parece feliz de poder reencontrarse con compañeros del secundario. Sonríen al contar lo que fue de la vida de la piba que quedó embarazada a los quince. Saber qué aconteció con Patricio Brizuela, el chico más hermoso del colegio que nunca le dió bola a ninguna, por momentos supera el rating de “Bailando por un sueño”. Supongo que del disfrute que producen esos escurridizos bocados, se nutre gran parte de Facebook. Hoy día creo que se salvan muchas vidas de la abulia terminal a través de encuentros de ex-alumnos. En ellos también se pueden desarrollar deliciosas revanchas. Esas bombas de crema que se expanden por el cerebro como fantasías donde se gana todos los partidos de la vida que antes se había perdido. Imágenes mentales en las que Patricio Brizuela nos da bola y hasta talla nuestras iniciales en un árbol.&lt;br /&gt;Debido a esos deseos y fantasías pegajosos es que tengo reticencias para encontrarme con gente del secundario. Si voy a ser un poco más franca de lo debido, confesaré que mi reticencia se ha hecho últimamente algo más constante y corpórea. Tengo pesadillas donde se me acusa de algo terrible y en vez de ser quemada viva por una orda de compañeros de secundario granosos e iracundos, me sucede algo peor. Soy condenada a repetir quinto año por el resto de la eternidad.&lt;br /&gt;A pesar de ello, acepté encontrarme con Carina. Durante algunos días de lluvia y otros de sol, nos intercambiamos mails rigurosamente sobre tópicos del pasado y llenamos, bullet a bullet, los datos más verificables de nuestras vidas.&lt;br /&gt;¿Quién era Carina? Mi recuerdo me llevó despacio, a lomo de burro, hasta la Carina de los 17 años. Carina era la más representativa de las gorditas simpáticas. Cuando iba de vacaciones a Villa Gesell se hacía inmediatamente tarjetera de Sabbash y transcurría sus tardes de playa admirando con sincera devoción, a la mayor cantidad de cuerpos masculinos que pasaran desvestidos delante de sus ojos. En esos días solía reír con soltura y desbordaba felicidad con énfasis.&lt;br /&gt;Por eso, porque me conduje por estos recuerdos que aparecían en mi mente mientras bajaba las escaleras, fue que al abrir la puerta me sobresalté.&lt;br /&gt;Ante mí había no había una Carina. Había un flamante modelo de Sarah Connor de Terminator 2, en minifalda. Mi pasmo fue tal que puede resultarme difícil explicarlo con nitidez, pero quisiera transmitir sin exagerar que en la vereda me esperaba una mujer de bronceado galvánico, brazos de lanzar garrochas en el desayuno y vadear océanos en las cenas. Una mujer que cuando rió me hizo encoger el cuerpo involuntariamente. Una mujer en la que cada músculo se marcaba con las carcajadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No te lo puedo creer –dijo. –¡Estás igual!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vos no –dije bajito y luego de saludarla con un beso en la mejilla, por las dudas, me aparté unos pasos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella rió estruendosamente y me contó que ahora participaba de pentatlones, que había escalado el Aconcagua, y que por las noches se hacía unas cien cuadras en bicicleta para no perder el estado.&lt;br /&gt;Ya habíamos quedado por mail en tomar un café, en algún lugar neutral. Caminamos hasta la avenida más cercana y después de no pensarlo demasiado, nos decidimos por un bar/restaurant de los que son atendidos por tropas de asalto de con forma de mozos. Ella lo conocía porque había venido varias veces a tomar algo después de varios bautismos de hijos de primos/amigos/colegas realizados en la iglesia de la vuelta.&lt;br /&gt;Nos sentamos una frente a la otra y pedimos sendos cappuccinos a la italiana. Estabamos listas para comenzar un talk show, pero en tono más íntimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Contame, ¿tu mamá sigue trabajando en el hospital y con el novio que me constaste?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y tu hermano?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bien. Está buscando departamento para comprar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y vos, ¿en qué andás ahora?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pregunta apareció casi por generación espontánea. También por generación espontánea apareció el calor en mis mejillas. Cómo explicarle que había tenido que dejar de trabajar en publicidad porque me había quemado el alma y que temí verla reducirse a cenizas en la próxima reunión donde se pronunciara nuevamente la palabra “Branding”. Cómo pronunciar en voz alta que definitivamente, a términos comerciales, mi vida no tenía ningún sentido. Cómo decirle que un día, en el que ni siquiera había llovido, lloré como cuatro horas seguidas hecha un ovillo en la alfombra. Y que así, muy de pronto y a pesar de mi encantador y sostenido ateísmo, una mañana comencé a creer en Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Bueno como te comenté en publicidad casi no trabajo, estoy tratando de escribir – dije y como para amenizar agregué –… y empecé a hacer danzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Aha ¿y qué tipo de danzas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno no son exactamente danzas, es como una meditación en movimiento. Algo así como el tai chi, pero más movido. Son ejercicios para entrar en contacto con el cueeeerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La palabra “cuerpo” salió como un balido de mi boca. “¿Por qué sueno como una oveja?”, me pregunté y sentí que era el tono de la disculpa por ya no ser el sueño torvo del éxito y la modernidad. Fue así que Carina se me quedó viendo tras la mínima nariz que se fabricara en su decimoquinto cumpleaños. Una que erradicaba por las buenas todo vestigio de su linaje de mujeres en batón. Fue entonces que revoleó los ojos primero y luego, lo dijo. Mirando a la cámara uno inició la frase y la terminó con un close up de la cámara 2.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me reuní con los chicos del secundario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Traté de mantener la calma pero la palabra me hacía sentir que las patitas de las cucarachas andaban cercanas y esperando. Me crispé un poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nos reunimos en la Farola. ¿Te acordás donde hicimos la despedida&lt;br /&gt;sin los padres?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claro que me acordaba. Ese día fue el último día que vi a Alejandro. Me separé como si se venciera la fecha de duración de un noviazgo adolescente. Nos alejamos sin llanto y sin adiós, en el umbral fresco de un pasaje que no llegaba a ser calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-De los chicos fueron pocos. Solo Facundo, Sebastián y Cucho, ¡que está hecho un hombre! ¡Sacó un pecho gigante! –Carina hizo una pausa para beber algo de cappuccino y recobrar el aire. Luego en tono cómplice continuó– De las chicas fueron Lorena Rizzi, Romina Vivian, Mariana Rearte que volvió de España y María Eugenia Solari.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;María Eugenia Solari. Yo he preguntado por años qué había pasado con ella. ¿Por qué siendo una de las chicas más populares del curso nunca había ido a la fiesta de la Farola?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Todas están casadas y tienen hijos. Menos María Eugenia. Pero la verdad están irreconocibles. Están gordas. Romina por ejemplo tiene las caderas enormes. –&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carina hizo un gesto previsible con sus manos pero a su cara se le escapó una mueca de triunfo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-María Eugenia está muy linda. Te diría que hasta está mejor. Sé tiñó el pelo de negro. Está flaca. Bueno, ella siempre fue bonita. –se detuvo un momento, se dió tiempo para decir las próximas palabras. –Te digo que las únicas que estamos bien somos María Eugenia, yo y vos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí estaba, una revancha que Carina había soñado a través de los años se había materializado. De pronto en ese aire acondicionado, rodeadas por otras mesas de señoras que se juntan a tomar el té, yo que me había preguntado tantas veces por María Eugenia Solari como si perteneciera a una tierra distante, comprendí que no éramos tan lejanas.&lt;br /&gt;Tal vez todas nosotras estábamos a sólo una pesadilla de distancia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6042683393577696665-6725768423110665396?l=cerditosmalcriados.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/feeds/6725768423110665396/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6042683393577696665&amp;postID=6725768423110665396&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/6725768423110665396'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6042683393577696665/posts/default/6725768423110665396'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cerditosmalcriados.blogspot.com/2009/01/facebook-i.html' title='Facebook I'/><author><name>mara gena</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03074531380369953754</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SWPNfjPuphI/AAAAAAAAAAM/wQXhpMM1dds/S220/el+senorito+frances.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_IlZGo50h_os/SW5eXW3gcjI/AAAAAAAAABA/8IoeguN1Fjs/s72-c/52g12.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry></feed>
